Michelle Obama presentó sus memorias y analizó el poder de la moda para una mujer negra

El Canciller - Comentarios

La ex primera dama Michelle Obama acaba de lanzar sus memorias, un libro que recorre su vida al lado de Barack Obama, la maternidad de sus hijas y su relación con la moda. Mi historia también revela detalles íntimos como las crisis matrimoniales que atravesó con el ex presidente, la pérdida de un hijo, los tratamientos in vitro a los que se sometió y su infancia en uno de los barrios más humildes de Chicago.

Fue motivo de comentarios en redes sociales y medios de comunicación la ropa que eligió para conversar sobre su libro con la actriz Sarah Jessica Parker en Nueva York: un maxi vestido amarillo y botas holográficas hasta el muslo de Balenciaga, de nada menos que US$4.000. Un síntoma de cómo viene relajando sus decisiones de moda desde que el protocolo no le marca el paso y que la ha llevado a eclipsar a la fashionista por excelencia, la encarnadora de Carrie Bradshaw.

En The Washington Post afirmaron que, teniendo en cuenta la ropa elegida para la portada del libro (un top blanco con un hombro descubierto), su hipotética carrera hacia la Casa Blanca estaba descartada porque “no es el tipo de camiseta que viste un candidato político”, reafirmando una vez más la importancia que tiene la indumentaria para comunicar mensajes e ideas en el universo de la política.

En esta nueva etapa, Michelle Obama protagonizó una portada de la revista Elle y, en conversación con la editora Nina García, afirmó: “He entendido el poder de lo que visto”.

El armario de las primeras damas norteamericanas ha reflejado a lo largo de la historia el papel que desempeñaron en los gobiernos de sus esposos: las elecciones austeras de mujeres como Mamie Eishenhower o Barbara Bush, quien lució unos zapatos de US$29 en la fiesta de inauguración de la presidencia de su marido, tienen relación con los espacios ocupados como “mujeres detrás del gran hombre”, al contrario de Jackie Kennedy o Michelle Obama que no temieron ocupar cierto protagonismo y autonomía, desde la moda pero también desde su participación política.

Uno de los mandatos innegociables de una primera dama es ser la embajadora del diseño nacional. En el libro, Michelle Obama confiesa que en cada aparición pública sus decisiones de estilo serían puestas bajo la lupa y por ese motivo decidió apoyar a diseñadores poco conocidos, como Christian Siriano, que gracias a sus estilismos han conseguido fama.

Entre sus anécdotas, menciona que diseñadores como Oscar de la Renta se sentían ofendidos porque no elegía sus diseños, pero decidió seguir el instinto que implicaba el apoyo a creativos ignotos.

Si bien relata que en un principio se sintió frustrada por el interés desmedido de los medios por su ropa, en detrimento de sus acciones políticas y sociales, afirma que decidió tomarlo como una oportunidad para aprender a usar el poder que brinda una situación que no hubiera elegido por sí misma.

Tenía que resaltar sin opacar a otros, encajar pero sin desaparecer. Como mujer negra, sabía que también sería criticada si se me percibía como presumida o si usaba prendas de lujo, y también se me criticaría si lucía muy casual”.

A la hora de viajar cuenta que se aseguraba de llevar atuendos de repuesto en caso de que el clima cambiara drásticamente, que los itinerarios variaran o que incluso ocurrieran accidentes como el derrame de una copa de vino o la rotura de un cierre.

“Aprendí que también era importante llevar siempre un vestido adecuado para un funeral, porque Barack en ocasiones recibía llamadas con poco tiempo de anticipación anunciando que soldados, senadores o líderes mundiales habían fallecido”.

Michelle Obama ha logrado algo poco común en la historia de las primeras damas: poner su voz por encima del poder vampírico y decorativo de la moda. Al comienzo de la gestión de Barack Obama le consultaron sobre el presupuesto que dedicaría a su guardarropa y respondió que comenzaría sus elecciones de moda en J.Crew, una tienda norteamericana con precios muy accesibles.

Pocos días antes se había informado el gasto de Sarah Palin para la ropa de su campaña electoral, nada menos que US$150.000 dólares. Estratega, entendió como nadie que la moda debe estar al servicio de la mujer y no al revés, y que los gastos suntuosos en productos de artificio femenino no se reflejan positivamente en las encuestas de imagen política.

Esa combinación táctica, entre vestidos exclusivos y camisas de Zara (como tan bien entendieron las representantes de la realeza británica), es la clave del romance entre las mujeres en el poder y las que observan desde el televisor del living de su casa.

Con algo más de un mes a la venta en las librerías, Mi historia ya lleva vendidos más de dos millones de copias, superando el éxito de memorias de personajes de la política como Hillary Clinton, Bill Clinton o George W. Bush. En Argentina ya se puede conseguir a $749.