Menos llamadas al 144, ¿menos violencia de género?

En las semanas de aislamiento, las denuncias disminuyeron. ¿Temor o realidad?
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La violencia de género no cesa en cuarentena: desde la imposición del aislamiento social, preventivo y obligatorio en el país, se registraron de manera oficial seis femicidios. En este contexto, la Ciudad de Buenos Aires exhibió, a simple vista, un resultado alentador. Las denuncias virtuales -vía internet o teléfono- descendieron de un promedio de 48 diarias -previo al confinamiento- a unas 26 por día en la actualidad.

Ante esta situación, El Canciller se comunicó con el Ministerio Público Fiscal y preguntó si barajaban la posibilidad de que esa baja en los números se deba a un aumento del temor de las mujeres para denunciar en medio de la cuarentena, a raíz de un mayor control por parte de los agresores en los hogares.

¿La respuesta está en el miedo?

Desde el departamento judicial respondieron que si bien esa teoría genera consenso en el marco de las investigaciones, hasta el momento no hay homogeneidad en una conclusión.

Consultada por ese mismo eje, la integrante del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi, consideró que “es una hipótesis posible, pero también hubo mucha mayor difusión en los canales que el gobierno nacional ha implementado, como la línea 144 de atención a las mujeres”.

En este sentido, abrió otro interrogante: ¿cómo se ampara la mujer después de realizar la denuncia? “Creo que la caída en las acusaciones también se puede atribuir a que las mujeres vean pocas alternativas de qué hacer después. No hay respuestas muy claras a eso. Vos seguís con el aislamiento obligatorio y en la misma casa que el violento después de efectuarla. Eso puede pesar para dar el paso. Es importante que el Estado genere una instancia de resolución después de la denuncia”, plantea.

Este jueves, la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema publicó una guía de recursos vigentes de los poderes judiciales de todo el país para garantizar el acceso a la justicia de las personas afectadas por hechos de violencia doméstica o de género durante el confinamiento. En casos extremos, existen refugios para albergar a las mujeres.

“Pese a que creo que se ha reaccionado bastante bien, hace falta saber cómo están trabajando los poderes judiciales de todas las provincias. A nivel nación y en algunas jurisdicciones, se han extendido las medidas cautelares de prevención automáticamente. En general, las respuestas de las políticas públicas son desparejas y en muchas ocasiones lidiar con la violencia depende de los recursos simbólicos y materiales de cada persona“, explica.

Y concluye: “Lo que queda claro es que la violencia no respeta la cuarentena. En estos días hubo, por lo menos, seis femicidios. Esta crisis sanitaria potencia las desigualdades de género. El contexto de aislamiento repercute en el interior de las familias y la violencia se agrava en cuestiones de incertidumbre y angustia”.