Massa y un traje que nunca le queda bien

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Sergio Massa supo ganarle al kirchnerismo en 2013 por un margen arrollador. A partir de ese momento, comenzó a probarse el traje de presidente. Pero, finalmente, siempre le quedó grande ¿Se repite la historia en 2019?

La noche del 27 de octubre de 2013, cuando se anunció que el líder del Frente Renovador había arrasado en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, todo el arco político tuvo la certeza de que, a partir de ese momento, contaba con grandes chances de ser el próximo presidente. Cristina estaba imposibilitada de competir por la re-reelección y el tigrense emergía como el único capaz de captar el voto opositor. Parecía difícil chocarla.

Sin embargo, en 2015, con la emergencia de Cambiemos de la mano de Macri, Carrió y la UCR, Massa quedó desplazado a un segundo plano y la disputa que parecía ser el kirchnerismo y el Frente Renovador cambió de eje. El tercer puesto en la elección tuvo un sabor amargo pero se abría una pequeña esperanza: apostar a que la figura de Cristina se apagara y erigirse como el líder de un nuevo peronismo y ser así una opción frente al macrismo de cara al futuro.

No obstante, la estrategia de Massa no pudo haber salido peor. Con Macri ya asumido optó por la figura del “opositor responsable” en contraposición a un kirchnerismo al que se lo catalogaba de “irracional” por oponerse a toda iniciativa oficial. La idea era que Cristina fuera quedando cada vez más aislada y tomar el lugar del cabecilla de la oposición. El gran problema es que quedó rehén de su propia táctica porque dentro de un escenario de polarización jugar al punto medio resultó suicida.

Su siguiente jugada le salió aún peor. En las elecciones legislativas de 2017, en lugar de ir por una banca asegurada en Diputados, decidió ir por un escaño en el Senado, enfrentando nada más y nada menos que al oficialismo y a Cristina a la vez. El reparto en la Cámara Alta son dos lugares para la primera fuerza de la elección y uno para la segunda. Massa junto con Stolbizer probaron de primera mano el amargo sabor de un lejano e intrascendente tercer puesto. Cada uno a su casa.

En consecuencia, dejar su banca hizo que el líder del Frente Renovador pierda relevancia dentro del Congreso Nacional. Si bien muchos de sus legisladores siguieron respondiendo ante él, poco a poco sufrió varias fugas dentro de su propio bloque. En ese marco, Felipe Solá, Facundo Moyano, Daniel Arroyo, Fernando Asencio y Jorge Taboada abandonaron el espacio. Algunos de ellos, como Felipe Solá, ya están plenamente insertados en el esquema de la ex presidenta.

Al día de hoy, Massa ¿le cerró la puerta? a la unidad con el kirchnerismo –a nivel nacional– y Alternativa Federal es la herramienta que intenta utilizar para volver a lanzarse a la presidencia. Pero nuevamente se topa con varios escollos. En primer lugar, dentro de su espacio Roberto Lavagna quiere ser el candidato único. Por otra parte, los gobernadores e intendentes peronistas, atentos a retener sus distritos, optan por la unidad complicando así los planes del renovador.

A su vez, la imagen del precandidato presidencial no sube y mucho menos la intención de voto. El discurso de la ancha avenida del medio propuesto por el massismo no le llega a los argentinos que parecen más dispuestos a tomar postura en algunos de los dos bandos de “la grieta”. Pese a todos los contratiempos, Massa sigue firme en su candidatura a presidente aunque el traje amaga con quedarle grande una vez más.

Quizás una opción, y recordando una frase de Cristina en 2015 previa a las elecciones, sea que el tigrense se regale “un baño de humildad”.