Macri, Sandleris y Durán Barba: el plan de tres partes para una reelección con la economía en rojo

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En el mejor de los pronósticos, la economía Argentina habrá terminado empatada entre diciembre de 2015 y el fin de 2019. Así, en el mandato de Mauricio Macri el PBI no habrá crecido ni un punto, aunque sí habrá aumentado la población y mermado el poder adquisitivo de la clase media. Así y todo, la estrategia fina de Jaime Durán Barba, el optimismo del presidente y el plan de shock de Guido Sandleris podrían alargar la vida de Cambiemos en la Casa Rosada durante cuatro años. La campaña del “estamos mal pero vamos bien”.

El cóctel con el que contará la oposición para divulgar la mala gestión de Cambiemos no será pequeño: inflación de casi 200%, PBI per cápita 3 o 4% más pequeño, endeudamiento duplicado, un ancla de u$s 57 mil millones del FMI, tarifas 2.000% más caras, devaluación superior al 250%, pobreza intacta en 33,6%, desocupación de 9,6%, jubilados más pobres, la tasa de interés más alta de la región y 7.500 PyMEs menos.

Pero aún con el dólar a $42 y la inflación rozando el 50%, las encuestas reflejaron que Macri mantiene un núcleo duro de votantes que compraron el optimismo cambiemita y, ante la posible vuelta de Cristina Kirchner, erigen el globo amarillo sin Plan B. Ni Sergio Massa, ni Lavagna: Macri. La apuesta ahora para el Gobierno es recuperar a los desertores del reformismo permanente.

El tiempo apremia. El director de EcoGo, Federico Furiase, fue claro al identificar las necesidades del oficialismo de cara a las elecciones cuando dijo que el Gobierno deberá hacer sintonía fina en espacio reducido. Pero se quedó corto al limitar el espacio de acción a la macroeconomía. La coordinación necesaria para lograr un segundo mandato acapara todas las esferas: económicas, políticas y electorales.

La cara del shock


 Sandleris asumió con un stock de $1.2 billones (1.200.000 millones) de Lebac, la confianza detonada del Banco Central (hasta ese momento presidido por Luis Caputo), inflación récord y tasa de interés del 62% y reservas que el mercado se devoraba día a día en intervenciones millonarias de la entidad. Hombre de Nicolás Dujovne, fue recibido con la venia de Christine Lagarde y encaró un plan monetario que, hasta ahora, consigue resultados traccionado por la recesión económica.

El economista fue más inteligente que sus predecesores y tomó el mejor camino para no ser víctima de sus propias palabras: prometió poco y de forma abstracta, sin caer en el mandato de la ortodoxia de ponerle cifras a todo. Que la inflación baje y que el dólar suba lento, basta de metas. A priori, lo viene logrando: el dólar está $4 más barato que cuando asumió, la inflación muestra señales de estar cediendo e incluso el stock de Leliq, su activo de combate, ya no crece como antes. Su cautela lo llevó en el Foro de Davos a contradecir a su mandamás. “Bajar la inflación no es tema de un año”, aseguró.


El contexto coloca a Guido como una pieza clave de cara a la reelección. Un importante consultor político remarcó que una corrida cambiaria sería peor enemiga electoral que Cristina Kirchner. Si la tasa sigue bajando y la política monetaria sigue funcionando, el crecimiento económico podría comenzar en el segundo trimestre y, aunque no alcance para mostrar un número positivo, acompañado del optimismo de Macri y el timing de Durán Barba puede ser un arma suficientemente poderosa para acercar a los descreídos: el voto bolsillo, pero del mañana.

La sintonía fina necesaria dicta que, hasta marzo, la economía es un tema de segundo plano, detrás de la consigna taquillera de la mano dura y el control migratorio. El manual de Durán Barba no muestra fisuras en la repetición permanente. Combinado con un presidente que se muestra como el más convencido de su propio camino, el Gobierno busca estirar la estadía en Casa Rosada a contrarreloj y con pocas cartas.