Macri, los pagarés de nueve ceros del FMI y el día después de un plan que se agota en las urnas

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En los próximos meses, todas las energías, esfuerzos y acciones del oficialismo estarán puestas en conseguir la reelección del presidente Mauricio Macri. Qué obras inaugurar con el presupuesto acotado, si desdoblar o no comicios, qué candidatos poner primero y a quién llevar de escolta detrás del líder del PRO. Con sostén financiero del Fondo Monetario Internacional, la idea es que el dólar no sea un tema durante el último año de mandato de Macri, no así la inflación, que buscarán que sea tapada por Comodoro Py, Cristina Kirchner y un presidente convertido en meme todos los días. Un plan que se agota sin mencionar el 2020.

Tenga éxito o no el engranaje que aceitan el jefe de Gabinete Marcos Peña y, otra vez, el especialista en marketing político Jaime Durán Barba, lo poco que mostrar de lo realizado hasta 2019 es inmenso al lado de lo que depara el porvenir ante un eventual segundo mandato de Macri. Cuando termine el año blindado por los dólares de Christine Lagarde, no quedarán en Casa Rosada más que pagarés de nueve ceros, medio electorado que no espera nada y un mercado que quiere cobrar lo prestado con la moraleja de no volver apostar antes de los cambios que se anuncian.

En lo interno, aunque el país empiece a crecer lentamente debido a la caída de los salarios por la devaluación récord y las paritarias noqueadas por la inflación, el punto de partida -desocupación récord, pobreza cercana al 33%, 200 mil indigentes nuevos en la Ciudad, dos cifras de caída del poder adquisitivo y un presupuesto cuyo máximo valor son los intereses de deuda- obliga a que, para empatar las cifras de la “pesada herencia” haga falta un mandato entero de números en verde. Otro caso de caídas en ascensores y subidas en escaleras.

La tesis opositora, de que el Gobierno chocó el tren de la economía interna, se complementa con la de Guillermo Nielsen, negociador de dos acuerdos de Argentina con el FMI. El economista, de máximo renombre entre los paladines de la ortodoxia, expuso en una columna en Cronista.com sus proyecciones postelectorales. Para él, el acuerdo que el oficialismo selló con el Fondo aleja a los mercados, dada la condición de acreedor privilegiado del organismo (siempre cobra primero y no acepta quitas). Para cobrar un dólar que le presten al macrismo, deberán esperar a que éste pague los 57 mil millones del acuerdo entre Lagarde y Macri. Un panorama poco tentador, acentuado por una serie de reformas prometidas que quedaron a mitad de camino.

La necesidad de que la economía crezca, para que el excedente estatal -superávit fiscal primario- se ensanche lo suficiente para cubrir los vencimientos récord que se acumularán a partir del 2020, obligará al macrismo a más macrismo: salarios que se achiquen para tentar inversores, tarifas más caras, más achicamiento del estado y un avance -ahora a fondo- en materia de reformas laborales, impositivas, sindicales y, otra vez, jubilatorias. Un terreno allanado para la primarización de la economía, con el gas y la soja como catalizadores.

Incluso los periodistas de tinte oficialista reconocen que no hay nada más allá de la reelección. Jorge Lanata y Guillermo Willy Kohan, en una conversación al aire en radio Mitre, lanzaron la pregunta retórica: “¿Para qué quieren ganar? ¿Qué viene después?”. El debate vino con un pedido para el Gobierno con el fin de seducir al electorado: “Decime algo. Mentime un poco. Decime que me querés un poco”.