Macri, a punto de cometer el peor de los delitos

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En el corazón del macrismo, aún en pleno declive general, Gustavo Arribas sigue siendo el más envidiado. El titular de la Agencia Federal de Inteligencia tiene nacionalidad brasileña y está a salvo de la extradición. Casado con la abogada Linda Sumny, el jefe de los espías -que Mauricio Macri eligió por ser el “más vivo” de sus amigos- puede llegar a sufrir la derrota en las presidenciales, pero goza de una protección de la que carece la plana mayor de los funcionarios de Cambiemos.

Si los resultados de octubre confirman los de agosto, Arribas podrá cruzar la frontera sin preocuparse por el revanchismo de los jueces federales argentinos. Será una forma de rendir honor al elogio que el ex presidente de Boca le hizo, cuando lo definió como el “más acostumbrado a toda esta cosa de las trampas”.

Beneficiado por la Corte Suprema en la causa Odebrecht, destacado broker del negocio del fútbol, el escribano de 60 años estará blindado ante una artillería que puede afectar al propio Presidente. Indulgente con el poder de turno, ensañado siempre con el perdedor y mimetizado con el espionaje criollo, Comodoro Py da muestras, todos los días, de que la transición ya está en marcha.

Comodoro Py da muestras, todos los días, de que la transición ya está en marcha.

Después de esperar sin éxito la lluvia de inversiones, Macri no debería caer otra vez en la ingenuidad de pensar que su apellido y su historia le van a garantizar un andar tranquilo, en caso de que le toque regresar a la intemperie. El ingeniero acumula una larga lista de denuncias judiciales: que hasta hoy no le hayan provocado trastornos importantes, no quiere decir que logre descansar tranquilo. Sabe que las causas que durmieron durante su mandato pueden lastimarlo a partir del 10 de diciembre. La deuda del Correo, las irregularidades en las concesiones de peajes, la compra venta de los parques eólicos de Isolux y el blanqueo que aprovecharon sus familiares son apenas una parte de un arsenal capaz de tirar abajo cualquier fortaleza.

Es por eso que los accionistas del PRO ven al Presidente obligado a seguir en política, incluso después de una derrota aplastante. “Se tiene que proteger, lo van a ir a buscar”, dicen. Aunque le nieguen capacidad para conducir al espacio opositor que puede nacer el 27 de octubre, no lo imaginan fuera de escena.

Sobreviviente al amparo de Ricardo Lorenzetti y a cargo de la causa del Correo, el juez Ariel Lijo es uno de los que no olvida la ingratitud de Cambiemos. No alcanzaron el palco xeneize ni sus vínculos con Daniel Angelici para cruzar indemne la era de la transparencia amarilla. En las altas filas de una alianza que está en plena descomposición, saben que hay otros como él.

Macri sabe que las causas que durmieron durante su mandato pueden lastimarlo a partir del 10 de diciembre.

Desde el Frente de Todos, Alberto Fernández repite que no quiere fundar una nueva etapa de revanchismo con los tribunales federales como aliados. Sin llegar a tanto, otros arriesgan que Macri tendrá mejor suerte que los empresarios y funcionarios de la era kirchnerista que -con el ingeniero en Casa Rosada- conocieron las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz. Sin embargo, dan a entender que el Presidente y algunos de sus funcionarios más destacados “van a tener problemas para salir del país”. Si la imagen se proyecta a partir del año próximo y el desfile por Comodoro Py cambia de protagonistas, será extraño ver a los opositores de hoy repetir el argumento del actual oficialismo: la justicia es independiente.

Peronistas que habitan a un lado y al otro de la vieja grieta comparten el diagnóstico. Más allá de la asepsia que Macri proclamó durante su mandato, lo fundamental fue la actividad que partió de tres oficinas que responden al Ejecutivo: la AFI, la Unidad de Información Financiera (UIF) y la AFIP. Desde ahí, reconocen los arrepentidos de la estrategia PRO, se avanzó de manera recurrente contra los blancos predilectos de Balcarce 50. Los nombres que el próximo presidente designe para esos cargos serán decisivos para saber si la revancha es, en efecto, cosa del pasado.

La oposición asegura que la prioridad de Fernández no es utilizar el espionaje como insumo de Comodoro Py ni emular a bandas paroficiales como las de Marcelo D’Alessio. Como candidato para suceder al broker Arribas, figura el tercer ministro de Justicia de Néstor Kirchner, Alberto Iribarne. Íntimo amigo del ex jefe de Gabinete, sentado a la mesa del almuerzo en Puerto Madero el 11 de agosto pasado, Iribarne -que estuvo lejos del kirchnerismo durante los últimos 15 años- fue ladero de Carlos Corach durante los años noventa y se desempeñó también como secretario de Seguridad Interior durante el interregno de Eduardo Duhalde. De confirmarse su nombramiento y el mensaje de paz que le endilgan, sólo faltaría ver quién asume en la UIF y en la AFIP.

Si el Frente de Todos no anima la revancha, quedará para los inmaculados jueces federales la tarea de juzgar a un Macri en condición de derrotado. Tendrán que desmentir una máxima que circula desde las PASO entre las almas escépticas y menos cándidas del macrismo: “En Argentina, el delito no es robar. El delito es perder”.