Los crímenes del garantismo

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“Un crimen es un crimen, cualquiera sea el pensamiento o la pasión que impulse el criminal”. ¿Quién lo dijo? ¿Baby Etchecopar? ¿Espert? ¿Ziberial? No, el compañero Jose Ignacio Rucci, que hoy es el 94° aniversario de su nacimiento. Del compañero fusilado por los Montoneros no se puede decir que era sionista conservador neoliberal, sino que,  respecto a este tema, tenía el razonamiento y sentido común que fue arrasado décadas después por el movimiento judicial (no jurídico) que hoy se autodenomina “garantismo”.

El garantismo argentino no es una ideología jurídica, es un membrete que se ponen los jueces que largan presos a cambio de dinero. Es como un cartel al cuello que usan algunos jueces que se pavonean por los tribunales para publicitarse como receptores de guita a cambio de sentencias. El cartel dice “juez garantista” y a los familiares del criminal se les activan las alertas y empiezan a juntar dinero automáticamente. Es un proceso mecánico, eficiente, donde todas las partes salen ganando. Salvo la sociedad.

El garantismo argentino no es una ideología jurídica, es un membrete que se ponen los jueces que largan presos a cambio de dinero.

Una sentencia “garantista” es simplemente el ejercicio de extremar argumentos económicos en crímenes para justificar la libertad del criminal; la tan mentada víctima del capitalismo salvaje. El elemento adicional es la concepción católica del “renacido”, el “hijo prodigo”, “el reconvertido”, el San Pablo que aniquilaba judíos y zulúes en el norte de África y un día “se hizo bueno” porque le habló Dios y le dijo que lo que hacía estaba mal. Bueno, Dios sería Marcos Paz, y los pibes del Servicio Penitenciario sus apóstoles.

Toda una red de palabreríos que ponen en vilo la convivencia social para resguardar un negocio corporativo de la justicia. Un mercado negro brillante, vivo y que se reproduce en el tiempo. Esta gran farsa se trata de blindar con estadísticas que confunden.

Por ejemplo: si dicen que solo el 5% de los presos tienen salidas transitorias para justificar que “no son tantos”, hacen perder el foco del problema. El problema no es que salgan tres criminales por año, sino que a esos que dejas salir son elementos que aterrorizan a la sociedad. Es como inyectarte cáncer en un pulmón.

Un criminal que cometió un delito grave no puede salir nunca de la cárcel. Ahí no existe la conversión, nadie se hace “bueno” cuando llegó a matar y/o violar a alguien. Estados Unidos, que es la democracia libre más antigua del mundo, no interpreta que ese mismo criminal esté en la cárcel para “renacer” en la sociedad, sino que lo está porque es un peligro hacia ella.

El problema no es que salgan tres criminales por año, sino que esos que dejas salir son elementos que aterrorizan a la sociedad.

Se puede convertir a alguien que está preso por manejar borracho, seguramente la próxima tomará un Uber. Pero un tipo que sale a “laburar” con un arma no cambia más y ya no puede formar parte de ninguna sociedad.

Y el mismo razonamiento funcionaba en la URSS o en Cuba, este no es un tema ideológico. La pantalla ideológica es la que usan los jueces corruptos argentinos para cambiar sentencias por dinero, sustentados en un colchón de idiotas útiles marxistas que tratan de justificarlos desde la sociología.

Completemos el razonamiento lógico del compañero Rucci: aquel que comete un delito grave no debe estar preso para “reinsertarse”, sino que debe estar preso para que el resto de la sociedad viva más segura.