Argentina entra en su cuarta semana de confinamiento obligatorio para hacer frente al coronavirus y las consecuencias del encierro empiezan a notarse con largas barbas y cabellos desordenados, pero también con abruptos cambios en el sentido del humor de quienes ya no saben que hacer para no aburrirse.

Ya vimos el recital de Fito Páez, obras de teatro inclasificables y armamos espantosos rompecabezas. Y con niños, la cuarentena son unas vacaciones de invierno interminables, en loop.

Es el momento preciso para acudir a la palabra de los especialistas. No hablamos de psicólogos o neurólogos, sino de alguien que conoce el encierro: Luis Mario Vitette, un hombre que conoció casi 15 cárceles entre Argentina y Uruguay en sus más de 30 años de confinamiento obligado, no por el presidente, sino por un puñado de jueces.

El llamado "ladrón del siglo", recordado por dar en 2006 un millonario golpe en la sucursal del Banco Río de Acassuso sin usar armas y escapando en un gomón, aclara desde su cuenta de Twitter que no sabe “nada de medicina, de infectología, psicología, pero sí de estar encerrado”.

Luego de escapar por los ductos de zona norte para llevarse un botín de casi 20 millones de dólares, dejó en vilo a cientos de efectivos de las más sofisticadas fuerzas policiales argentinas. Desde entonces, la banda pasó a la clandestinidad, hasta que la mujer de uno de ellos, Beto de la Torre, los delató.

La fabulosa puesta en escena volvió a la memoria de los argentinos este año, con el lanzamiento de la película el Robo del Siglo, a la cual define como una “ficción”, y con su propio libro, “El ladrón del siglo” (Editorial Planeta), que cuenta “la realidad” sobre el atraco.

A pesar de que reconoce conservar algunas mañas del oficio, Vittete asegura que “los recuerdos que pueden formar parte de mi vida anterior, ni fu ni fa”. Hoy su vida es su esposa Elicet, su pequeño hijo Lucciano, y su taller de joyería “Verde Esmeralda”.

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“He pasado la gran parte de mi viva privado de libertad por mis inconductas así que me atrevo humildemente a dar algunos consejos”, invita el hombre del traje gris.

No fumar demasiado. Nada de nada.

“Fumar es muy malo”, advierte Vitette: “Si el encierro produce estrés, y el estrés es una enfermedad, nos estamos enfermando para cuidarnos de una enfermedad”.

No cocinar mucho, para no comer tanto.

Ni masa madre, ni avena. Mucho menos carbohidratos o asados. “Ligero y poco” es el consejo de quien en los últimos días ya comió “mas de lo que un ser humano puede comer en 10 vidas”. Sin embargo, no está en cuarentena (en Uruguay no es obligatoria), y sigue atendiendo su joyería ubicada en pleno centro de San José, a una hora de Montevideo, donde nació y vive desde que fue liberado en 2013.

Los 5 tips del "ladrón del siglo" para la cuarentena

Hacer rutinas diarias.

“Prestemos mucha atención a la cabeza, tratemos de utilizar el tiempo, mucho tiempo, que nos queda por delante para hacer cosas productivas”, aconseja Vitette, quien también recomienda “hacer rutinas idénticas todos los días para que se confundan un día con otro, porque al ser los días idénticos vas perdiendo la noción real de que día es”.

También dejar tiempo para actividades recreativas (en casa) que nos distraigan y cuiden de nuestra salud mental: “¿Para qué queremos no contagiarnos del corona mierda ese, si quedamos medio chapita en el intento?”.

“Basta de ‘biribiri’ si en realidad (los países) están a los manotazos de ahogado para ver qué hacer con esto; decimos que utilizamos la experiencia de lo que ha sucedido en otros países pero en realidad cuentan muertos por miles a diario. Sí al tapa boca y al ‘quedémonos en casa’, pero también cuidemos el melón, el tomate o la azotea, como le llamen a la cabeza”, advierte en Twitter.

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No psicofármacos, mejor masturbarse.

“Yo hablo de las presiones”, suaviza quién se autodefine como un "delincuente jubilado": “A veces no te queda más sueño en la cabeza a pesar de estar durmiendo hace una semana, entonces, hay tres formas de cansarse: en el patio o con una rutina de gimnasia en tu casa -que en realidad a nadie le gusta-, masturbarse o tomar psicofarmacos. Yo odio las pastillas, a la calle no se puede salir porque si salís a correr te llevan al juzgado, así que te clavas tres o cuatro pajas y a la cama”.

Por último, el más difícil: “Buscar el eje, el sentido a la vida cotidiana”.

“Estamos en stand by, y tenemos la oportunidad de poner nuestra cabeza en retrospectiva y revivir algunos de nuestros días anteriores y ver si el gimnasio, la caminata, o esa hora que te pasabas charlando boludeces con el kiosquero son importantes, en lugar de estar jugando con tus hijos o poner atención en cómo se pueden conseguir unos minutos más para estar en familia”.

Y concluye, contudente: “Ahora estas al pedo, leyendo esta nota, sin tener nada que hacer, revee las cosas y mejorá”.