Liberal y ambicioso: Macron, el outsider que quiere liderar el mundo

El presidente de Francia cautiva al público internacional con su visión ambientalista y liderazgo nato.
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Filósofo, politólogo, inspector de finanzas y militante del partido socialista. Un abanico de conocimientos integra Emmanuel Macron en su cerebro. El presidente más joven de la historia de Francia es todo un intelectual pero, dentro de su país, es visto como un empresario por sus exitosos años en la Banca Rothschild.

 

Sin contar a Napoleón Bonaparte, que asumió como emperador a los 34 años, los 40 de Macron fueron un gran festejo en diciembre. El “niño”, como lo apodaron algunos medios durante la asunción en mayo 2017, viene conquistando a más de un líder político con su carisma y activismo. El liderazgo internacional está en su mira.

Después de su paso por el mercado privado, en el cual conoció a personajes como Nicolás Sarkozy o Jacques Attali, continuó su carrera como asesor en la campaña presidencial de François Hollande, elaborando sus discursos. Al asumir, el nuevo presidente lo integró en el gabinete y le asignó el área económica, donde finalmente asumió como Ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales en 2014. “Queremos preservar el modelo social francés. No haremos una política en detrimento de los asalariados, pero hay que reconocer la necesidad de tener un motor en la economía, y ese motor es la empresa”, explicó Macron en una entrevista al asumir.

Su creciente imagen positiva, lo llevó a incentivar su ambición de más fama y poder. Tras crear su propio partido político “En Marche!” (en marcha) en abril 2016, que identifica su posición política como de centro, aunque definiéndose como socioliberales, renunció a su cargo en noviembre para dedicarse a la carrera presidencial. El nombre oficial es “Asociación para la Renovación de la Vida Política”, y junto a esta alianza ganó las elecciones de 2017.

La nueva cara de la política se apoya en su juventud que la expresó con una campaña en redes sociales y al aceptar las adhesiones de miembros de otros partidos sin imponer ninguna cotización a quienes se adhieren al movimiento. La libertad de expresión de las redes, traducida a la política, convergieron en el candidato que buscaba unir a la juventud francesa sin un líder común.

Tal importancia por su imagen fue traducida, durante su mandato, al relegar la difícil tarea de comunicar las decisiones duras y no gratas a su primer ministro Édouard Phillip. Mientras tanto, el presidente se dedica a su público. Puede pasar hasta una hora sacándose fotos con los seguidores que lo esperan a la salida de los lugares y se muestra dispuesto a intercambiar opiniones con los ciudadanos opositores.

Pero su 30% de imagen positiva dentro de Francia, crece exponencialmente en el exterior. Macron tiene claras intenciones de conquistar un liderazgo mundial. A corto plazo, busca convertirse en presidente de la Unión Europea en las próximas elecciones y así superar a la cada vez más débil Angela Merkel.

A pesar de haberse mostrado muy carismático junto a Donald Trump en sus visitas diplomáticas, el francés se posiciona al otro extremo ideológico. Tanto es así que hasta bromeó con el conocido slogan de campaña y la huída de Estados Unidos del Acuerdo de París, publicando en su Twitter: “Make our planet great again”.

La lucha contra el cambio climático es uno de los puntos fuertes de Macron que hasta lo priorizó en su encuentro con el presidente Mauricio Macri y la conexión del Mercosur con la UE.