Las ruinas circulares

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Con la instrumentación de controles cambiarios, Cambiemos da por doblada y guardada su última bandera. No hubo crecimiento económico, lluvia de inversiones, baja de la pobreza, unión de los argentinos. No hubo revolución de la alegría. Argentina repite sus ciclos de ilusión y desencanto. Ruinas circulares que quedarán de herencia hacia adelante y de las que es difícil salir.

Estos controles eran pedidos hace tiempo por la oposición y economistas de distintas extracciones. La experiencia del gobierno fue la de liberalizar todos los controles cambiarios post cepo en 2016, sin siquiera mantener algunos macroprudenciales, como los anunciados ayer. El timing es tal vez un elemento a destacar ¿Cuánto de este caos se hubiese evitado de mantener algunos controles en 2016/2017? ¿Cuánto menos expuestos a shocks hubiésemos estado desde el inicio de la corrida en abril de 2018 y hasta hoy? ¿Qué tan efectivos serán estos controles para frenar la sangría de reservas ahora, en los 48 minutos del segundo tiempo del gobierno M?

En las primeras horas del mercado (esta nota fue cerrada hacia el mediodía del lunes), el impacto fue positivo. Entre el feriado en EEUU, la certidumbre de liquidación en próximas semanas de hasta USD 10.000 millones dada la regulación que obliga a exportadores y la garantía de que no hay corralito, el dólar mayorista descendió a $57,7 hacia las 12 PM y el minorista se ubicaba en $59. No obstante, se operaban bajos volúmenes en el inicio de la rueda; el mercado en modo “wait and see”.

Este mix de medidas de restricción cambiaria y uso del poder de fuego del BCRA era el menos malo de los caminos. De seguir interviniendo exclusivamente con reservas, el problema de mal venderlas se hubiese agravado. En agosto, ya son USD 13.000 millones las reservas perdidas. Las intervenciones del BCRA para operar sobre el dólar, solo la semana pasada, fueron de USD 1.200 millones. Esta caída cobra otra dimensión si tenemos en cuenta que las reservas netas hoy ya son menos de USD 16.000 millones. El ritmo de las últimas semanas no podía sostenerse.

La alternativa opuesta, de simplemente dejar de intervenir, hubiese llevado el dólar a un nivel aun más alto, con los consecuentes impactos en la inflación, ingresos reales y nivel de actividad.

Instrumentados estos controles como tercera alternativa, lo que podemos señalar como potencial riesgo es el perfilamiento (solo por usar la familia de palabras de moda) de un tipo de cambio paralelo que, en la medida que la incertidumbre no ceda, puede impactar en las expectativas inflacionarias. En otro orden de cosas, la restricción de compra de moneda extranjera hasta USD 10.000, mantiene el acceso a la divisa libre del 69% de los compradores de dólares; solo el 31% de quienes dolarizaron sus carteras en julio lo hicieron por montos superiores (el 20% entre USD 10.000 y USD 50.000, el 9% entre USD 50.000 y USD 100.000 y solo el 2% más de USD 100.000). Que ese 31% encuentre la trampa una vez hecha la ley dependerá de que tantas chances de reactivar el mercado laboral de “coleros” tengan.

Otro punto del decreto, la posibilidad de pagar deudas de la seguridad social con LETEs y LECAPs reperfiladas es una opción interesante para algunas PyMEs que se vieron obligadas a atrasar el pago de salarios, dado que su capital de trabajo quedo calzado en los vencimientos de estos documentos. Detalles de un país que mantiene tasas de interés récord por más de un año; la liquidez se estrangula y las cadenas de pago se rompen.

Detalles no menores en el día de la industria. El gran sector olvidado de la era Macri, que acumula 15 meses consecutivos de caídas y cerró la primera mitad del 2019 con un desplome del 9,4%, empleos perdidos por más de 140.000 puestos de trabajo y rentabilidad prácticamente nula en el segmento PyME. La devaluación de agosto solo trae a este sector más aumento de costos y más caída en las ventas vía salto inflacionario. Sobre estas ruinas se edificará la herencia de los próximos años. Que estas ruinas dejen de ser circulares dependerá, una vez estabilizado lo urgente, de poner de una vez por todas el caballo de la economía real adelanto del carro de nuestro destino.