La vida de Pity Álvarez: el ídolo rockero, entre los excesos, drogas y un crimen a sangre fría

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“Con sus canciones sencillas y auténticas, Pity se convirtió en el referente de los pibes sin futuro, de los hijos de la desocupación extrema”. Con esta descripción se conocía en 2006 a Cristian Gabriel Álvarez Congui, el ya consagrado cantante -en ese entonces- de Intoxicados que había eclipsado a una generación en los ‘90 con su primer banda Viejas Locas. En una de las entrevistas más recordadas al músico, que en la actualidad confesó haber asesinado a un amigo, el periodista Daniel Tognetti describió el fenómeno Pity Álvarez como lo veían sus seguidores, como el ídolo de rock víctima de una adicción a las drogas pero siempre auténtico: “Es un abanderado de la honestidad brutal”.

El músico de 46 años es un símbolo del rock nacional. Hoy su fama, teñida de un crimen consecuencia de los 30 años de adicciones, vuelve a poner la mira en el personaje sobre el artista. “Pity hace del abuso de drogas una declaración de principios, pero su sensibilidad le permite exprimir poesía del caos de su vida”, definía Tognetti en el programa Blog.

Identificados con una situación compartida, los seguidores hicieron de “Todo Sigue Igual” o “Me Gustas Mucho” himnos nacionales que se popularizaron durante los ‘90 a pesar de las decenas de idas y vueltas de la banda.

La primera formación de Viejas Locas, con Mauro Bonome, Diego Cantoni, Bachi y Gastón Mansilla, duró solo de 1989 a 1990. Con el correr de los años y de las bandas, -en el 2000 se terminó la primera etapa y surgió Intoxicados, hasta 2009, cuando volvió Viejas Locas-, Pity Álvarez fue el único integrante estable en sus agrupaciones.

“Quisimos ayudarlo, pero al no ser profesionales en esa materia, no pudimos”, relató Víctor Djamkotchian, el ex saxofonista de Intoxicados a TN, sobre la eterna dependencia de Álvarez a los estupefacientes. Siempre fue honesto con sus problemas y, desde un primer momento, contó que le entristecía depender del paco o la pasta base, las peores adicciones que transita desde hace 30 años.

Su talento fue opacado varias veces por sus inconsistencias. Sus fieles fanáticos fueron plantados por el músico, en marzo, por ejemplo, cuando llegó seis horas tarde a su propio show en Tucumán, y maltratados por las condiciones de los recitales, como en la gran vuelta de Viejas Locas en 2009 en el Estadio Vélez cuando 30 personas resultaron heridas. Pero nada aplacó el sentimiento de comunidad y su honestidad sobrepasa sus errores que lo convierten en un ídolo de multitudes.

A pesar de sus escándalos, los hechos violentos, las amenazas e incluso el asesinato en el que está implicado, hay un aura sagrada en su imagen popular que lo define como una víctima de un mal mayor, su inevitable adicción.