La posesión no alcanza: el contraataque y la pelota parada ganaron el Mundial de Rusia

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Parece mentira, pero el Mundial de Rusia 2018 está llegando a su fin. El domingo, cerca de las 14hs de Argentina (un poco más tarde si el partido se alarga) tendremos al nuevo campeón. ¿Será la Francia de Mbappé y Griezmann? ¿o será la Croacia de la galáctica dupla Modric-Rakitic?

Sea quien sea que se consagre en la gran final, a lo largo de este Mundial hemos evidenciado el triunfo de una manera determinada de jugar por encima de otra. Tal vez como nunca antes, las pelotas paradas fueron decisivas y muchos partidos se “rompieron” a partir de goles que llegaron desde esa modalidad.

El periodista Mauricio Coccolo, una referencia obligada a la hora de utilizar estadísticas en el fútbol, destacó el siguiente dato: a partir de Cuartos de Final se convirtieron 14 goles y la mitad llegaron luego de una jugada a balón parado; y cinco de los seis partidos se abrieron por esa vía. Contundente.

Contra Argentina, en Octavos de Final, la Selección de Francia demostró todo el daño que puede generar si se le dan espacios. Mbappé fue incontrolable y los volantes se movieron a sus anchas. Pero cuando los partidos se presentaron cerrados, como fue el caso de las dos siguientes presentaciones, los galos ratificaron porque este es el Mundial “de la pelota parada”.

Ante Uruguay, el defensor Raphael Varane abrió el marcador con un buen cabezazo. Y en la semifinal fue Umtití quien, por la misma vía, definió el partido cuando ninguno de los podía sacarse ventaja.

En ambos casos, hay que destacar que fue Griezmann quien puso los pases de gol. Ya sea desde un tiro libre o desde un córner, el delantero del Atlético Madrid ha demostrado que es clave en el equipo de Deschamps, incluso sin convertir. Será un factor a tener en cuenta para la final con Croacia.

Por otra parte, ¿qué pasó con aquellos equipos que tenían otra propuesta de juego? Repasemos: antes de que comenzase el Mundial de Rusia, Alemania, España y Brasil se encontraban, sin dudas, entre los grandes candidatos a levantar el trofeo. Pero apenas uno de ellos llegó hasta los Cuartos de Final.

Alemania fue apenas una sombra de aquel seleccionado ordenado, paciente y eficaz que ganó en Brasil 2014. Los dirigidos por Joachim Löw se fueron de Rusia con apenas 45 minutos de buen fútbol: el segundo tiempo del partido ante Suecia. Contra México, pero sobre todo contra Corea del Sur, jugaron muy por debajo de sus posibilidades y sucumbieron ante equipos que se plantaron bien atrás y utilizaron eficazmente el contra ataque.

España era otra de las fijas. Llegaba con un equipo renovado, sobre todo de mitad de cancha hacia adelante, y acompañado por la experiencia de Ramos y Piqué. Posiblemente su mejor juego lo hayan mostrado ante Portugal, en el debut. El triplete de Cristiano Ronaldo les impidió llevarse un triunfo merecido. En los otros tres partidos, las figuras no aparecieron y La Roja se fue de Rusia en Octavos de Final, tras la tanda de penales ante el local.

Por último, Brasil tuvo una irregular primera fase. Un empate y dos triunfos fueron el saldo de un Neymar deslúcido que evidenció vestigios de su lesión y un equipo que padeció la ausencia de Casemiro y nunca pudo exhibir el juego de las Eliminatorias. En octavos de final, los de Tité le ganaron cómodamente a México y pareció que Neymar y compañía habían encendido los motores. Sin embargo, llegó Bélgica, con un Hazard endiablado, y le robaron el sueño a uno de los eternos favoritos.

En definitiva, tener mayor posesión de la pelota no fue un gran negocio en Rusia 2018. Al menos limitarse eso. La posesión por sí misma, con una lateralización intrascendente de la pelota, termina siendo contraproducente.

En cambio, la planificación -aquella a la que le escapa Sampaoli- y el entrenamiento de las pelotas paradas y la elección y disposición de jugadores veloces para salir rápido de contraataque fueron dos conceptos decisivos a la hora de explicar lo sucedido en buena parte de este Mundial de Rusia que derribó un mito. En Rusia murió la posesión.


*Párrafo aparte merece la Selección Argentina, que se va del Mundial sin haber marcado ni un solo gol a partir de una pelota detenida. Ni siquiera Messi, desde el punto del penal ante Islandia, pudo romper con esta estadística. Es hora de darse cuenta que el fútbol va hacia un lado, y Argentina hacia el otro.