La logia de Macri, el duelo entre CFK y Vidal y la demanda de un gobierno que sepa qué hacer

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Cuando se vaya la mujer del Fondo, Mauricio Macri volverá a quedarse sólo, rodeado por los seis hombres con los que gobierna: Marcos Peña, seguido por Nicolás Dujovne, Luis Caputo, Rogelio Frigerio, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, en un orden discutible. Abrazado a la ortodoxia como mandamiento irrenunciable, el Presidente enfrenta lo más duro de la crisis y la recesión con una convicción envidiable, que no pueden tener los que viven de un ingreso en pesos que se achican.

La fe en el futuro luminoso que invoca Macri como una plegaria no es su potestad exclusiva. La comparten casi todos los que lo escoltan, a contramano de la mayor parte de la sociedad, la oposición y, también, del círculo rojo. Es un equipo cerrado de conducción, infranqueable para el ala política que se mantiene fuera de la gestión. Esa sintonía fina en la logia del macrismo, que hacia adentro se considera un mérito, es la que preocupa al resto de los miembros de la alianza Cambiemos, que ven desde un cerco perimetral un rumbo de sacrificio sin certezas de triunfo ni paliativos para los desahuciados. Macri escucha casi siempre opiniones parecidas a las suyas y se queda con ellas.

La fe en el futuro luminoso que invoca Macri como una plegaria no es su potestad exclusiva. La comparten casi todos los que lo escoltan, a contramano de la mayor parte de la sociedad, la oposición y, también, del círculo rojo.

El núcleo de acero que acompaña al Presidente inquieta en el eje que va desde Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal hasta Ernesto Sanz y los gobernadores radicales. Aunque el alcalde porteño repite que hay que estar en la gestión todo el día para poder opinar, el sendero de su antecesor en la Ciudad lo perturba y le impide planificar hacia adelante como quisiera.

Pese al tono monocorde de optimismo ante el ajuste, en el círculo aúlico no todos tienen la suerte atada a la del Presidente. A diferencia de Peña que es la sombra de Macri desde hace casi dos décadas, Caputo y Dujovne vienen del sector financiero: son funcionarios que están haciendo el experimento de la gestión pública, dentro de convicciones casi tan rígidas como las de Macri. No se mueren por estar en la función pública, no les gusta trabajar tantas horas y no tendrían inconvenientes en volver a tomar ganancias desde el rubro privado, salvo el que pudieran ocasionarles las causas judiciales que por ahora vegetan. Extrañan, de hecho, esa tranquilidad de no rendir cuentas y se contentan con saber que -como dice el 1- hay cosas que no dependen de ellos.

Si las encuestas mandaran y las elecciones fueran hoy, Cristina Fernández de Kirchner y Vidal deberían medir fuerzas como las dos postulantes que exhiben mayor intención de voto. Por falta de política, la gobernadora fue sorprendida por la investigación de Juan Amorín y cayó víctima de una fuerza que subestimaba. Mientras Macri gobierna, la senadora escala en las encuestas con eje en la provincia de Buenos Aires, el norte del país y una sorprendente recuperación en Santa Fe. Eleva el techo que tiene, por encima del que el propio Presidente se construye, cada día, para él.

En un marco de polarización, que deja sin opciones a un 20 por ciento del electorado, ya no es seguro que Mauricio le gane un balotaje a Cristina.

En un marco de polarización, que deja sin opciones a un 20 por ciento del electorado, ya no es seguro que Mauricio le gane un balotaje a Cristina. El cambio que hoy se percibe es puro mérito de estos 30 meses de gobierno, que traen nostalgia de lo que fue. Pese a que el ajuste y el escándalo la acosan y la erosionan, la gobernadora mide más que el Presidente y sería una cara más amable para los votantes del oficialismo y, sobre todo, para indecisos y decepcionados.

Tan o más importante que los candidatos, está la demanda de fondo que crece a nivel social y trasciende a los convencidos. Los sondeos y los focus que encargan gobierno y oposición arman una composición que coincide. El malhumor social crece, los consultados tienen como principal inquietud la economía, restringen gastos, pierden poder adquisitivo y ven que vuelve a rondarlos el desempleo. No se advierte el futuro del que habla Macri. Cambiemos dio muestras de su improvisación y se demanda un gobierno que sepa qué tiene que hacer, con capacidad y experiencia, menos expuesto a que una tormenta arrase con todo. Eso es lo que la logia del macrismo debe revertir a tiempo, con un manual de operaciones acotado y una sociedad que transita el desencanto.