José Manuel De la Sota y una breve historia de un peronista amante de la moda

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La política y la moda se presentan como universos encontrados. La primera trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas y defiende las ideas de la libertad y el compromiso. La segunda, carga con el karma de la frivolidad y la esclavitud de los estereotipos. Pero es indudable que a veces se encuentran y desarticulan sus conflictos inherentes.

No hace falta mucho más que prestar atención a los cambios de imagen repentinos de los políticos, quienes se dejan asesorar por expertos en imagen que montan puestas en escenas teatrales para comunicar diferentes mensajes. Dicen que la habilidad de Mauricio Macri radica en saber dejarse asesorar, mientras que Cristina Kirchner, a la tercera vez que un especialista le recomendó que usara calzas lo mandó a pasear perros.

Fuente: Minuto Uno.

José Manuel de la Sota, fallecido el pasado 15 de septiembre en un trágico accidente automovilístico, nunca temió ostentar la atracción que le generaba la relación entre moda y política. Será porque desplegó sus habilidades como funcionario especialmente durante la etapa menemista, una década asociada a la espectacularización de la política y la frivolidad, a la naturalidad a la hora de mostrar el disfrute y la buena vida.

En 2015, parodiando la mítica frase de Moria Casán “son mías porque las pagué” (en relación a sus implantes mamarios), De la Sota apareció en público luciendo una voluminosa melena y bromeando “es mí­a y me ha costado cada pinchazo”. En aquella oportunidad, también contó que le hubiese gustado tener “el melenón del Puma Rodríguez”. Demostrando su hábil manejo discursivo y poniendo en evidencia la contradicción que genera la relación entre moda y política, en diálogo con Radio con Vos De la Sota afirmó que cuando salió de la cárcel luego de la época de la dictadura “había perdido buena parte de la cabellera, tras ser sometido a tantas presiones y ver fusilamientos y torturas”. Moviéndose entre la broma y la tragedia, desarticuló cualquier crítica que pudiera hacerse sobre su presunta vanidad al ironizar primero sobre su excéntrica cualidad.

Fuente: FM Libre.

Con el correr de los años esa tendencia se profundizó. Se inclinó por las actividades artísticas, grabó un tema de Cacho Castaña y lanzó un disco con seis canciones. En sus redes sociales se mostraba como un aficionado del tenis y amante de las mascotas. El año pasado, el cordobés había anunciado que se postularía en las elecciones presidenciales de 2019. Mientras esperaba pacientemente el momento para lanzar su candidatura decidió probar suerte en la moda, una industria que le resultaba evidentemente atractiva. En 2017 abrió un local de ropa masculina en Río Cuarto llamado “El Hombre” (el mismo título del libro con el que lanzó su precandidatura a la presidencia), y también se atrevió a desfilar en un evento solidario luciendo ropa de su propia casa de modas. En aquella oportunidad, el tres veces gobernador de Córdoba y ex diputado nacional desfiló dos veces, una con smoking, y luego se sentó en la primera fila para seguir disfrutando del espectáculo.

En una entrevista que hizo Matías Castañeda al artista Daniel Santoro en este mismo medio, a la pregunta sobre cuál es la verdad del peronismo, Santoro afirmó: “Se es feliz porque se es un ser humano (…). Se trabaja, pero no tanto. Se pone el acento en las vacaciones, en el aguinaldo. Se tiene que tener trabajo, la dignidad es el trabajo. Pero después lo que se quiere es trabajar menos. Esa es la lógica peronista”. ¿Encarnaba De la Sota cierto ideal peronista? ¿Puede un peronista ser amante de la moda, de los autos, de la pizza con champagne? ¿Pueden coexistir las motivaciones de justicia social con el interés superfluo con que se asocia al adorno y la vestimenta? En su caso, como explicó el año pasado ante su decisión de no competir en las legislativas, le sirvió para parar la pelota: “necesitaba buscar un ámbito de reflexión desde donde mirar qué está pasando en Argentina, y cuáles son las propuestas que el justicialismo tiene para resolver los problemas más graves”. Si pensamos en la relación de Evita con la ropa, o incluso en líderes que la utilizan para reafirmar sus convicciones más profundas y sus raíces culturales, como Evo Morales, podemos ver su valor y su importancia. Y sobre todo podemos aceptar las contradicciones implícitas de cualquier disciplina y ser humano: ni la política busca siempre la igualdad social ni la moda es siempre una expresión superficial.