Irregularidades, protestas y la renuncia de Evo: las claves del conflicto en Bolivia

El canciller Jorge Faurie negó la versión que el ahora ex presidente pidió asilo en Argentina. Alberto Fernández lo calificó como golpe de Estado.
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@alejandro No hay golpe de estado Evo...

Tras 13 años en el gobierno, el presidente de Bolivia Evo Morales renunció este domingo a su cargo ante la Asamblea Legislativa, presionado por la oposición y las fuerzas armadas.

Los intentos de Evo por evitar su dimisión fueron varios: el dirigente indígena había resuelto, en la mañana del domingo, llamar a nuevas elecciones y no reconocer los resultados que lo daban como ganador. También había dispuesto la renuncia de todo el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia.

La protesta en La Paz (Photo by JORGE BERNAL / AFP)

Las elecciones

Para entender las elecciones en el país plurinacional hay que retroceder tres años. En febrero del 2016, el entonces presidente llamó a una votación popular para habilitar su cuarta candidatura. La reforma Constitucional fue rechazada y el líder indígena presentó un recurso extraordinario ante el Tribunal Supremo Electoral. A pocos días de la elección, en 2019, el TSE aprobó el pedido.

El pasado 20 de octubre ocurrió la elección. Los dos máximos aspirantes eran Morales y el dirigente opositor -y ex presidente- Carlos Mesa. La votación tuvo lugar en un marco de sospechas y denuncias de fraude: el arco opositor acusó al Gobierno de falsificar actas.

Pero si el día del sufragio fue complejo, el recuento de votos tuvo aún más dificultad. En la mañana del lunes 21 de octubre el Tribunal Supremo Electoral informó que el escrutinio provisorio -con el 95,63% de los votos escrutados- era 46,4% a 37,07%.

Es decir que, con menos de una diferencia de diez puntos porcentuales, el oficialismo debía enfrentarse en una segunda vuelta contra Mesa.

Horas después, el escrutinio recopiló los datos de la votación en el exterior y estableció que Morales alcanzó la diferencia necesaria para no forjar un balotaje. Desde esa mañana, diferentes líderes obreros, políticos y de la sociedad civil convocaron a una huelga general por tiempo indeterminado.

Los incidentes se multiplicaron tanto en Cochabamba como en Sucre.

Incidentes y amotinamiento

El primero de noviembre el Tribunal Supremo Electoral proclamó la victoria de Morales, con el 47,07% de los votos, seguido por Mesa, que conseguía el 36,51% del sufragio. Aún faltaba tiempo para que el propio presidente disponga la renuncia de toda la cúpula del organismo.

El clima social siguió en ebullición, según las propias crónicas del país sudamericano. La gota que rebalsó el vaso fue el amotinamiento policial el viernes pasado: En Sucre y Cochabamba, la fuerza de seguridad rechazó el monopolio de la violencia y las disputas de la protesta social no contaron con la mediación policial.

Entre los episodios de represión, la alcaldesa de Vito Patricia Arce, fue secuestrada, maniatada y hasta rociada con pintura.

La alcaldesa de Vito

OEA

El domingo 10, el tan esperado informe de la OEA reveló que hubo “irregularidades” en los comicios para presidente. Entre los puntos del documento se identifican problemas técnicos del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales, varios casos de falsificación de firmas y actas, y hasta una irregularidad en el caudal de votos recibidos por Morales en el último 5% de los votos.

Las Fuerzas Armadas exigieron la renuncia del presidente. Se sumó a la “solicitud”, la jefatura de la Policía local. Mientras tanto, en La Paz, militantes opositores rodearon el Palacio de Gobierno: en las redes se viralizó que, incluso, el dirigente opositor Luis Fernando Camacho ingresó a la sede gubernamental con una bandera de Bolivia y la Biblia.

Renuncia y ¿pedido de exilio?

Acorralado, Morales subió al avión presidencial en el aeropuerto El Alto. Por unas horas, el destino era incierto -incluso se rumoreó la posibilidad de aterrizar en Argentina- hasta que en los diarios bolivianos registraron su descenso en la región de Cochabamba. Se improvisó una conferencia de prensa y, ante las cámara de televisión, el Presidente decidió dimitir a su cargo.

“Renuncio a mi cargo de presidente para que [Carlos] Mesa y [Luis Fernando] Camacho no sigan persiguiendo a dirigentes sociales”, expresó Morales. A su lado, el vicepresidente Álvaro García Linera también presentaba su renuncia ante la Asamblea Legislativa.

 

“Hay grupos oligárquicos que conspiran contra la democracia”. El ahora ex mandatario aseguró que su renuncia tiene como objetivo que “vuelva la paz social” a Bolivia.

El canciller argentino Jorge Faurie negó la versión del pedido de asilo político de Morales en suelo argentino y remarcó, en declaraciones a TN, el informe de la OEA con las irregularidades en la elección.

El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto emitió un comunicado de prensa para llamar “a todos los actores políticos y sociales bolivianos para preservar la paz social y el diálogo”.

Mientras tanto, el presidente electo Alberto Fernández indicó que, en Bolivia, “hubo un golpe de Estado producto del accionar conjunto de civiles violentos, el personal policial autoacuartelado y la pasividad del ejército“.