Intendente de intendentes

El Canciller - Comentarios

Personajes influyentes de la política argentina son oriundos y han empezado su camino en Lomas de Zamora. Por caso, Eduardo Duhalde o Miguel Ángel Pichetto. Por caso, también, el afiliado del PJ que en los últimos días estuvo en boca de todos: el señor Martín Insaurralde.

Con la intención de homenajear el programa que entregó 5 millones de netbooks, el municipio organizó el lanzamiento de “Conectar Igualdad Lomas” e invitó a quien otrora dio la iniciativa del programa nacional, Cristina Fernández. Bastó que la vicepresidenta acepte el convite y se apersone frente a las cámaras —política de los gestos, claro— para que el evento se resignifique y cada funcionario sobre el escenario fuera escudriñado con otros ojos. “Y sí”, me dirá usted. “Y sí”, le diré yo, son semanas de afilar el lápiz con el temita del cierre de listas. Armador nato del peronismo en la complejísima patria bonaerense, referente definitivo entre sus pares, asistente sarmientino de la Mesa de los Lunes en la comarca del gobernador Kicillof, Insaurralde es parte de un puñado de privilegiados.

Es que hay antecedentes. CFK lo había elegido como candidato a primer Diputado Nacional por la Provincia de Buenos Aires para las elecciones legislativas de 2013. Fue un comicio difícil, porque los votos que obtuvo el Frente para la Victoria no alcanzaron para ganarle al Frente Renovador con aquella versión del polivalente Sergio Massa a la cabeza. Pese a la derrota, los vínculos con el kirchnerismo nunca se cortaron, ni siquiera en el período de penuria cuando Insaurralde era de los pocos jefes comunales de la oposición con llegada a Vidal. A comienzos de este año, fue Martín el que encabezó el operativo para convertir a Máximo en el presidente del Partido Justicialista en la Provincia de Buenos Aires. Una hazaña malmirada por muchos, sobre todo por quienes desconfían de las ambiciones de La Cámpora.

Demasiado kirchnerista para el peronismo ortodoxo, demasiado peronista ortodoxo para los kirchneristas. En ese territorio anfibio lo ubican al hincha del taladro, hijo de madre y padre docentes, casi como si supiera que el maniqueísmo es un negocio que, tarde o temprano, te condena a la pérdida. Elige la concordia y las pinceladas a largo plazo, quizás porque milita desde muy pibe y aprendió los secretos de la escucha. Lo hacía en el Centro de Estudiantes de la Escuela Normal Antonio Mentruyt con 16 años, poco después del retorno de la democracia.

Su apellido de origen vasco —“el que vive junto a la nogalera”— está en boca de los lomenses desde 2009, año en el que la renuncia de Jorge Rossi lo alejó de las tareas de secretario de Gobierno para dejarlo al mando del distrito. Se aventajó en el hecho de ser una “cara nueva”, para proyectar el perfil del vecino que entiende los problemas de los vecinos, sin declaraciones altisonantes o jerga de rosca. Con el gran capital político del hombre común y una gestión eficiente, Martín Insaurralde fue reelecto en 2011 —cuando se alzó con más del 66% de los votos y se consagró como el intendente más votado del partido—, 2015 y 2019. Y dicen que Lomas no es un municipio fácil, sino una porción de conurbano con muchos aspirantes a cacique.

Le dio pelea a un seminoma y se bancó varios meses de quimioterapia. En 2020, se contagió de Covid y estuvo unos días internado en el Hospital de Lavallol. Miró “Luis Miguel, la serie” y “Vivir sin permiso” junto a su esposa, la lanusense Jésica Cirio. Y se copó con los cuidados de una huerta, de la que se ocupan con su hija más pequeña, Chloé. Dicen que Insaurralde cocina sus vegetales con entusiasmo. Un hombre que cosecha lo que siembra.