Inflación y ajuste fiscal: alarma por un panorama que pone en riesgo el acuerdo con el FMI

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Con la economía en recesión y una inflación descontrolada que depende de la estabilidad del tipo de cambio, el Gobierno afronta un arduo camino hacia las metas fiscales impuestas por el Fondo Monetario Internacional como condiciones ineludibles para el préstamo de US$50 mil millones.

En el horizonte asoman unas elecciones presidenciales cuya carrera de campaña comenzó con el repunte de Cristina Fernández de Kirchner. Y mientras Mauricio Macri sufre al ver como la caída de su imagen licúa sus posibilidades de reelección, el dólar adopta el ritmo frenético de un mercado que reclama sacrificios profundos.

La cosecha jugará un papel determinante en la reducción del déficit fiscal que pretende Lagarde para un año electoral que tendrá a la austeridad como bandera.

Sin embargo, las alarmas que suenan en la Casa Rosada fueron activadas por la fragilidad de una economía que, signada por el ajuste como principal mandamiento, pone en peligro el acuerdo con la reformada Christine Lagarde.

Porque aunque la meta fiscal de este año esté encaminada, la cosecha jugará un papel determinante en la reducción del déficit fiscal que pretende Christine Lagarde para un año electoral que tendrá a la austeridad como bandera.

Deberá bajar fuertemente la inflación y la economía recuperar el sendero de crecimiento para que sea viable alcanzar la pauta acordada con el FMI para el 2019, aseguró la consultora Ecolatina, en tanto consideró que el cumplimiento del déficit primario de 2,7% del PBI para este año “luce encaminado”.

Y es por eso que ante las fuertes dudas de que el Ejecutivo logre reducir el rojo primario del PBI a 1,5%, se implementaron medidas para no resignar ingresos fiscales, como la postergación de la reducción de retenciones a la soja o la eliminación vía decreto del Fondo Sojero.

En un escenario optimista donde la actividad trepa 1,5% y la inflación se desacelera promediando una tasa del 29%, el panorama es alentador. Recién ahí el Gobierno lograría el “cambio permanente” que prometió ejecutar.

Deberá bajar fuertemente la inflación y la economía recuperar el sendero de crecimiento para que sea viable reducir el rojo primario del PBI a 1,5%, como pide el FMI.

Sin embargo, Ecolatina se encargó también de ensayar el escenario más pesimista -o realista- posible, teniendo en cuenta el estado de las cuentas públicas. “Si la recesión persiste (el PBI cae 1%) y la inflación no cede (promedia 36%), el esfuerzo fiscal necesario para cumplir con la meta fiscal es casi imposible”, aseguró.

De suceder esa estimación, desde la Casa Rosada deberían efectuar un ajuste real del 9%. “Dicho recorte luce complejo de aplicar, ya que por movilidad automática 60% del gasto primario trepará cerca de 34% anual, lo que implica que las restantes erogaciones solo podrán subir 9% anual, lo que implica una caída en términos reales del 20% anual”, explicó.

Entonces, ante un panorama negro planteado por un socio que tambalea, las turbulencias externas que afectan nuestra tierra y una estabilidad cambiaria que hasta ahora es esquiva, la salida de la recesión no está garantizada. Ni el cambiemita más optimista puede asegurarlo.

Por ello es que la cosecha del próximo período resultará vital para la economía argentina, sus ciudadanos y, sin dudas, sus gobernantes, cuyo futuro se encuentra atado a la lotería climatológica.