Hazte la fama y échate a dormir (o no)

Con el correr de los meses, las hamburgueserías coparon los distintos barrios porteños. Al principio, allá por el 2015, las pocas que habían eran novedad y ahora se encuentran rodeadas de competencia. Ejemplos de algunas que supieron marcar el camino pero se quedaron atrás.
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Burger Joint

Con su estilo bien trash, una imitación del original de NY, Burger Joint fue el pionero del rubro. Antes cuando se hablaba de hamburguesas se las asociaba con cadenas de comida rápida, hasta que su llegada las puso en jaque gracias a su propuesta superadora en sabor, precio y ambientación (una experiencia sumamente nueva).

No tardó mucho en correrse la bola, y algo que empezó como un nicho palermitano de extranjeros, se copó de porteños que descubrieron un nuevo mundo hamburguesero: combinaciones exóticas (quién había probado una hamburguesa de queso Rickyfort, rúcula, cebollas caramelizadas y tomate secos), un pan no industrial, precio accesible y local canchero, con Seinfeld en loop, figuras de acción y paredes escrachadas.

A pesar de la ventaja de ser pionera, se dejó estar y la única forma que encontró de explotar su local fue ampliándolo. No fue poca cosa, porque ahora es más espacioso y aún más canchero con su fuente, pero lo importante de una hamburguesería es-spoiler alert-la hamburguesa.

Burger Joint no entendió que condimentar la carne pudo haber sido una novedad al principio, un diferencial con respecto a los locales de comida rápida, pero las agujas corrieron y no supo distanciarse de ese pecado. Prefirió quedarse con el nicho extranjero, el de la juntada, el del lugar cool, que gana por ubicación y no calidad. Lástima a nadie, pero una lástima.

Mi Barrio

Empezó con un local muy pequeño en el corazón de Recoleta, con dimensiones que hoy parecen impensadas para una hamburguesería (sólo Paris Burger tiene un local más chico), y la rompió. Fue la primera con un sinfín de variedades bien gourmet: desde queso brie y tomates confitados, hasta barrionesa (!) de aceto.

El éxito se hizo franquicia y empezó la invasión de los mil barrios porteños. Ya de por sí una cocina es difícil, imagínense más de cinco. Muy arriesgado mantener la calidad del producto, de tu marca. Mi Barrio sigue sufriendo las consecuencias de apostar a la franquicia y lejos quedó de ese local que marcó tendencia con sus combinaciones únicas.

Heisenburger

Empezó siendo the one who knocks en Cañitas pero la calidad del producto fue cayendo con la expansión territorial. Al igual que Mi Barrio, Heisenburger no pudo controlar el virus de la franquicia. Hoy en día sigue siendo una buena opción por sus precios y combinaciones, pero mi vieja mula ya no es lo que era.

Dellepiane

Lo que me duele poner a Delle en esta nota, pero es una realidad. Así que como comunicador y hamburguesero debo decir que ya no es lo que era. Al principio tenía todo: carne poco amasada, jugosa, pan esponjoso que no se desarmaba, ingredientes espectaculares, y todos se relacionaban a la perfección. Sin embargo, cuando se fue el dueño, lo vi todo: primero se empezó a caer, y luego se cayó.

A pesar de haber cambiado el pan y sumar nuevas hamburguesas a la carta, Dellepiane no logró estabilizarse luego de la ida de su dueño. ¿Sigue siendo parada obligada de cualquier tour hamburguesero? Sí, pero ya no es más palabra autorizada. Igualmente, atenti que hay muy buenas noticias para el 2018: se viene la expansión del local y vuelve a producir su pan (antes lo tercerizaba). ¡Stay tuned que el monstruo se despertó!