Guillermo Barros Schelotto: la radiografía del siete

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Consiguió su tercer título como entrenador –como jugador tiene nada menos que 23- con 45 años. Tribunero dentro y fuera de la cancha, en su etapa como jugador jamás insulto a nadie mientras el árbitro lo miraba. Edgardo Bauza lo calificó muy bien: “Yo lo quiero, pero es insoportable”. Con un temperamento colérico, Guillermo Barros Schelotto es el DT de Boca que utilizó su espalda como jugador para sobrevivir a las tormentas de una hinchada que sólo quiere una cosa: más.

Brilló como extremo en la era dorada de Boca. Fue el gran asistidor de Martín Palermo y la eterna opción de pase del máximo ídolo del club, Juan Román Riquelme. Guillermo tiene cuatro copas Libertadores de América y River, tres. Ese número explica porque el hincha de Boca soportó quedar afuera de una Copa que Román definió como “la más fácil” de todas contra un equipo inferior como Independiente del Valle.

Sin una identidad clara, el Boca de Guillermo sólo destaca por imponerse en la cancha -al menos contra equipos de peor presupuesto-. Muchas veces sin profundidad ni mecanismos y conexiones entre jugadores, sea cual sea el equipo que tenga enfrente, el Xeneize suele ganar la posesión de la pelota sin lastimar demasiado. Sin embargo, tal vez debido a tener más nombres propios que cualquier equipo al que se cruza, los números avalan al Chapita.

En 90 partidos al mando del primer equipo, el DT ganó 49, empató 23 y perdió 18. Además, marcó 153 goles y recibió 72. En síntesis, el Melli consiguió el 63% de los puntos que tuvo en juego. Pese a cualquier crítica, en el torneo local es infalible: lleva 514 días en la punta de una Superliga. Sus detractores arguyen que el torneo anual beneficia el reinado de Boca, pero su eterno Rival derriba la teoría: River estuvo segundo hasta la fecha seis y descendió al lugar 21º en la para la fecha 18; hoy está 12º. En ese tramo, con una Copa perdida de por medio, Guillermo siempre tuvo que mirar hacia abajo para encontrar a sus rivales.

“En 90 partidos al mando del primer equipo, el DT ganó 49, empató 23 y perdió 18”

Pese a consagrarse campeón por segundo año consecutivo, su futuro es incierto y está atado al próximo miércoles, cuando el Xeneize enfrente a Alianza Lima y el barrio de la Boca le prenda todas sus velas al Palmeiras, que ya descansa en octavos de final y cruzará a Junior de Barranquilla para cerrar de local en todas las instancias finales. Avance o no a la próxima fase, Boca no puede depender de nadie.

Hay quienes creen que la espalda de Guillermo se achicó luego de la final de la Supercopa, pero su estadía o no en Boca no está ligada a otra cosa que el reinado de América. Ni siquiera el hecho de que el equipo no tenga una identidad clara importa. El hincha del Xeneize no es pretencioso en cuanto al juego ni enloquecido por sumar otra estrella a su inmenso oscuro. En ese sentido, la cosa es mucho más simple: quiere la Copa.