Francisco en las trincheras: la homosexualidad, los abusos y el boicot interno

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El Papa Francisco está en el ojo de la tormenta. Tras sus dichos el pasado domingo sobre la homosexualidad y la recomendación a los padres de llevar al psiquiatra a los niños que se identifiquen como tal, el Sumo Pontífice retrocedió todos los casilleros que había avanzado al reconocer los abusos sexuales en la Iglesia y tomar cartas en el asunto.

El informe que se conoció en las últimas semanas, y que asegura que un millar de niños fueron abusados por al menos 300 curas durante 70 años en Pensilvania, fue el batacazo que millones de víctima estaban esperando para que el Vaticano responda sobre el asunto.

No es una novedad que estos actos suceden, sin embargo la Curia nunca había actuado efectivamente para aceptarlo o remendarlo. Hasta ahora tampoco sucedió. Francisco se refirió al tema en una carta oficial publicada la semana pasada y durante el fin de semana, en el Encuentro Mundial de las Familias, se apenó por lo sucedido. Pero no es suficiente. La sociedad pide acciones concretas, una respuesta real y una prevención efectiva para que no vuelva a suceder.

En el diario El País, por ejemplo, el periodista Juan Arias considera que Bergoglio debería hacer la revolución que tanto esperan de él: abolir el celibato obligatorio, abrir las puertas del poder de la Iglesia a las mujeres y convocar un nuevo concilio.

Pero no todos los conflictos son externos. El Vaticano vive una guerra interna que recrudece con cada accionar moderno que quiere implementar el Papa.

La jerarquía conservadora de la Iglesia no le perdona querer modernizar la antigua estructura. Desde que prefirió ser nombrado Obispo de Roma, como Pedro, en sus primeros días, los protectores de la Iglesia como está ahora quieren la renuncia de Bergoglio y convocar a “un papa de verdad”.

Lo acusan de querer revolucionar la institución, al igual que lo hizo Juan XXIII con el Concilio Vaticano II, y lo tildan de “divulgador del divorcio”. Cuando la sociedad mundial se encuentra debatiendo el aborto, los pasillos del Vaticano siguen pensando en el divorcio.

Lo mismo exige el ex nuncio de apostólico en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, quién fue la cara del pedido de renuncia este fin de semana al confirmar que él mismo le informó sobre los abusos sexuales en el 2013. “Él supo al menos desde el 23 de junio de 2013 que McCarrick era un depredador en serie”, dijo Viganò sobre uno de los sacerdotes más implicados en la denuncia. “Aunque sabía que se trataba de un hombre corrupto, lo protegió hasta el final“.

No es un buen momento para Francisco, con el reclamo de la sociedad para que modernice una institución que no tiene intenciones de actualizarse. El periodista Marcelo Longobardi decidió compararlo con el presidente Macri al considerar que ambos personajes tienen que enfrentar problemas que no crearon pero le explotaron en la cara.