Fake news: una lección brasileña

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Durante el año 2016 la “posverdad” fue elegida como la palabra del año por el diccionario de Oxford. El post-truth es un concepto que existe hace más de diez años pero que en el último tiempo está cobrando gran relevancia. En su definición se refiere a “circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Las redes sociales se convirtieron en un campo fértil para las noticias falsas. Un tweet, un post en Facebook, un mensaje de WhatsApp con información falsa o una foto adulterada bastan para que un invento se convierta en un hecho.

Algunos analistas sostienen que la desinformación ha sido el gran juez en la decisión de la última elección presidencial en los Estados Unidos. Hay quienes afirman que la información falsa que se diseminó en las redes antes y durante el proceso electoral cambió el curso de la votación en detrimento de la candidata demócrata Hillary Clinton.

Siguiendo esta línea, en el Reino Unido, los partidarios por el Brexit recorrieron el país en unos buses con el mensaje “We send the EU £350 million a week. Let’s fund our NHS instead. Vote Leave”, es decir que el dinero que se ahorrarían los británicos al salir de la Unión Europea sería invertido en el servicio nacional de salud. Sin embargo, un día después de la elección uno de los líderes del Brexit, Nigel Farage sostuvo que no podía garantizar que ese dinero iba a ir al sistema de salud.

El caso brasileño revela nuevamente este mecanismo. Las noticias falsas por WhatsApp jugaron en contra del candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad –quien tomó el lugar de Lula da Silva detenido arbitrariamente e inhabilitado a competir–. Desde declaraciones editadas hasta acusaciones de promover el incesto formaron parte del bombardeo que recibieron millones de usuarios de la aplicación de mensajería. El candidato petista tuvo que dedicar gran parte de su campaña en desmentir estas insólitas acusaciones. Según reveló Datafolha, el 44% de los brasileños se informan vía WhatsApp. En este marco y ante las quejas del PT, el 19 de octubre la empresa de mensajería declaró que tomaría acciones legales contra estas prácticas eliminando cuentas en el servicio. No obstante, el daño ya está hecho. Lo mismo sucedió con la justicia que reaccionó tarde y no tuvo forma de contrarrestar la campaña sucia.

Argentina no es ajena a este tipo de artilugios. De hecho, ya hay muchos antecedentes de noticias falsas en nuestro país y cuentan con un detalle especial: son medios tradicionales quienes muchas veces difunden estas fake news, algo inusual en otros países. Lo sucedido en Brasil demuestra que si no se actúa a tiempo no queda mucho por hacer porque el proceso electoral ya está condicionado por la difusión de información errónea. El año que viene tendremos un proceso electoral y estas maniobras probablemente formen parte de la campaña. Anticipando la jugada, la oposición ya se muestra preocupada por el tema y se encuentra en un proceso de definir estrategias para contrarrestar y limitar la propagación de información falsa.

El submundo de las fake news y la posverdad ha salido a la luz: cuentas de Facebook anónimas, trolls que diseminan información falsa y atacan coordinadamente en redes sociales, robots que replican mensajes por WhatsApp y supuestos medios de noticias que no son tales. Una maquinaria puesta en marcha para influir sobre la opinión pública. Asistimos a una era en la que una aparente verdad es más importante que la propia verdad. Si pensamos en el Brexit, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, el voto contra el acuerdo de paz en Colombia y el triunfo de Jair Bolsonaro, cabe preguntarse qué se puede hacer desde la política, la justicia, el periodismo y la sociedad civil para contrarrestar los efectos de la mentira en una elección tan crucial como la que se viene el año próximo. El desafío está planteado.