Hace frío. Muchísimo frío. Es octubre y esta temperatura no es habitual. Jamás fui a un Encuentro Nacional de Mujeres. Se hacen desde 1986, el año en que nací. Sin embargo, este es el primer año que voy. Antes lo miraba por televisión, aunque los medios masivos apenas lo cubren. Lo que suelen pasar son los destrozos del después de la marcha, como si eso fuera todo, los pedazos.

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El encuentro es en La Plata, una ciudad pintoresca, de avenidas anchas, diagonales, edificios que se remontan a un Berlín soviético, cuyas calles no tienen nombres de personas, sino de número.

— ¿Cómo hago para llegar a la 1 y 55? –es una típica pregunta que se escucha.

La mayoría de las encuentreras se alojan en colegios, hoteles, alquilan casas o las personas las abren para que pasen las noches allí. Como dura tres días y se caracteriza por ser autónomo, auto-convocado, democrático, autogestionado, federal y horizontal, donde vamos a enriquecernos, formarnos, conocernos, debatir, participar de talleres y marchar; es recomendable tener un lugar calentito donde dormir y bañarte. Hay mujeres más jóvenes que no les importa mucho eso, pero pasados los 30 es un buen consejo.

Se trata de una experiencia inédita en el mundo.

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Al llegar nos enteramos por WhatsApp que se canceló el acto inaugural, que iba a ser en el Estadio Único de La Plata, por “las condiciones climáticas”. Igual se realizó una marcha, convocada por la Campaña Somos Plurinacional: una organización que impulsa el cambio de nombre del Encuentro por uno que incluya a las disidencias y naciones originarias. Desde este espacio se busca que la identidad del evento pase a ser Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales y No Binaries.

Tenemos un rato antes de arranquen los talleres: el plato fuerte del encuentro. Son 87 espacios que plantean ejes temáticos destinados a charlar, debatir y tejer una red que consiga hacer cambios reales a nivel social. Son en aulas de las facultades de la Universidad Nacional de La Plata y escuelas preuniversitarias.

No me decido a cuál ir. Todos son interesantes. Nos vamos a desayunar y a recorrer la plaza San Martín, punto de encuentro del encuentro (valga la redundancia). Hay una feria de artesanías, productos temáticos (pines, cuadernos, medias, bombachas, glitter, remeras), comida, puestos informativos. Aunque en este preciso momento sólo hay agua.

Un encuentro feminista que cambió la historia

Cuando se hace la hora, vamos a la Facultad de Bellas Artes, donde mi amiga Mari quiere vender sus libros El abrazo conjunto, de recursos artísticos para sobrevivientes de violencia sexual en la infancia y adolescencia. Pero llegamos y está cerrado. Así que nos vamos a la Facultad de Trabajo Social, donde hay talleres de maternidad, violencia obstétrica, mujeres y cárceles, protocolos de género, no a la prescripción de delitos de abuso sexual en las infancias y adolescencias.

Son espacios amenos, en ronda, donde se habla de manera horizontal. Cada asistente pide la palabra, comparte experiencias o su mirada desde su militancia social. Hago una recorrida. Como quiero tener una mirada general no participo activamente en ninguno en particular. No se puede reproducir lo que se habla ahí porque es privado. Se debate por dos días y al momento del cierre, que es el lunes, se dicen las conclusiones.

Los años demostraron que los temas que ahí se tratan con el tiempo fueron tomando fuerza para instalarse en debates sociales, parlamentarios y mediáticos, como sucedió con la despenalización del aborto. Hay decenas de otros temas como lenguaje inclusivo, ESI, sexualidades, monogamia, niñez, deconstrucción de cuerpos feminizados, infancias trans. También talleres que bajaron a categoría de charlas, pero que tuvieron concurrencia, como antiespecismo, cuerpos menstruantes, terapias alternativas.

Las salas tienen una participación mínima de cien participantes. En muchos talleres las preocupaciones se repiten: que estos temas no se encuentran en la agenda mediática ni pública. También que en las formaciones profesionales, desde médicas hasta abogadas, no hay una mirada de género. Al igual que la generación de leyes acordes y protocolos, la implementación de la ESI. Y el peligro al cual nos exponemos cada vez que realizamos denuncias por acoso o hacemos escraches.

—Las mujeres somos las que solemos quedar expuestas. Corremos el riesgo de que nos amenacen o que nos van a difamar -aseguran en las aulas.

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Es increíble pensar que estas reuniones comenzaron con una asistencia de mil mujeres. En los últimos años tenían un promedio de 15.000 a 20.000, y este año más de 200.000. Nos hace tomar consciencia de que en Argentina estamos haciendo historia.

El Encuentro Nacional de Mujeres se remonta a la III Conferencia Mundial de Mujeres en Nairobi, Kenia (1985), organizada por las Naciones Unidas, para examinar y evaluar los logros del Decenio de la Mujer declarado en la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer (México, 1975). El Foro de ONGs de Nairobi congregó a 15.000 mujeres de casi todos los países del mundo donde participaron un grupo de mujeres argentinas. Por otra parte, en los inicios de la década de los ’80, con el fin de las dictaduras militares en la región, se iniciaron los Encuentros Feministas Latinoamericanos y del Caribe, siendo el primero en 1981 en Bogotá, Colombia.

Estos encuentros serán el antecedente más directo de los ENM. Quienes participaron regresaron con la inquietud y el deseo de prácticas similares en el país. Para la organización de cada ENM, las mujeres de la provincia donde se desarrolla asumen la responsabilidad de garantizar todo lo necesario. Conforman una Comisión Organizadora integrada por mujeres organizadas o no, independientes, feministas, de partidos políticos, trabajadoras y desocupadas. Y mantiene el carácter de autónoma, auto-convocada, democrática y horizontal.

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Se hace de noche. Hay fiestas, peñas, ferias. Con Mari nos hospedamos en la casa de Julieta Añazco, quien muy generosamente nos ofrece quedarnos con ella y mujeres del colectivo de la Campaña Contra La Prescripción de los Delitos de Violencia Sexual. Julieta es una de las fundadoras de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina. Es una mujer tranquila, amorosa y luchadora. Antes de irnos a dormir, algunas cuentan que tienen pesadillas recurrentes, que se cruzan a sus violadores en las calles.

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Sigue haciendo frío y la bolsa de dormir no ayuda. Desayunamos y nos vamos a encontrar con otro colectivo de luchadoras: #PorLaRestitucionDeLosderechosDelProvolo. Uno de los casos de pedofilia por parte de la Iglesia más graves del país, que involucra a curas que abusaron sexualmente de niñas y niños sordomudos en las escuelas del Provolo, de Italia y Argentina.

Un encuentro feminista que cambió la historia

Parte de estos hechos -como si fuera Spotlight- salieron a la luz en 2016, en un acto público del colegio de Mendoza, cuando una niña se animó a explicar con lenguaje de señas que estaba siendo abusada. Desde ese momento, las víctimas se animaron a contar el horror. Los curas habían abusado de decenas de niñes. Ahora están siendo juzgados en Mendoza.

Pero ahí no había comenzado la historia. En los 80, el sacerdote Nicola Corradi fue trasladado desde Italia denunciado por casos de pedofilia en Verona dentro del Instituto Antonio Provolo. Para silenciarlo, lo trasladaron a la ciudad de La Plata, donde hay una sede del Provolo. En 1998, lo trasladaron a Mendoza, donde siguió cometiendo abusos, junto a otro cura, Horacio Corbacho.

Frente a la esquina del colegio que representa el horror, se conocen las víctimas del movimiento #IglesiasSinAbusos de La Plata con las víctimas de Mendoza. Se abrazan, se dan fuerzas y hacen un escrache pacífico en la puerta del instituto que sigue funcionando. La Justicia argentina investiga lo sucedido en La Plata, pero aún no hay novedades. Ellas pegan carteles con imágenes que niñas y niños pidiendo justicia en lenguaje de señas.