Es la hora, es la hora

El Canciller - Comentarios

Después de semejante arranque (8 victorias consecutivas), ni el más pesimista de los hinchas de Boca debe haber imaginado que el conjunto de Guillermo Barros Schelotto iba a tener que sufrir tanto. Tras el 2 a 0 ante Unión de Santa Fe, el Xeneize será campeón este miércoles si logra un punto ante Gimnasia en La Plata o el domingo, en Parque Patricios, frente a Huracán. En el peor escenario, tendrá que jugar un partido desempate ante Godoy Cruz de Mendoza. Pero… ¿cómo llegamos hasta acá?

El primer mazazo que sacudió al mundo Boca fueron las lesiones de dos de sus tres jugadores más importantes: Fernando Gago, en octubre, y Darío Benedetto, en noviembre. Sin su jugador más inteligente ni el goleador se le hizo todo cuesta arriba. A priori, era de esperarse que fuera Carlos Tevez quien tomara la manija del equipo, pero el Apache está muy lejos del nivel que mostraba antes de irse a China. A Guillermo podrá machacársele su obsesión por poner a Carlitos en una posición que no es suya, la de 9. Sus (pocos) mejores momentos en el campeonato se vieron cuando jugó más cómodo.

Ante ese panorama, Boca pasó a depender casi exclusivamente de lo que hicieran Pablo Pérez -buen jugador, aunque traicionado con frecuencia por su temperamento-, Bebelo Reynoso -un chico de 22 años al que todavía le falta un golpe de horno- y Cristian Pavón, hoy el único indiscutido y uno de los tres mejores jugadores del campeonato. Si Pavón no tiene un buen día, Boca lo sufre.

En 2018, por la Superliga, el Xeneize disputó 13 partidos: ganó 8, empató 2 (San Lorenzo y Atlético Tucumán) y perdió 3 (Argentinos Juniors, Defensa y Justicia, e Independiente). A juzgar por los números (26 de 39 puntos posibles), no estuvo tan mal. A lo largo del torneo, tuvo escoltas tan disimiles como San Lorenzo, Talleres de Córdoba e Independiente, pero el que llega con chances a las últimas jornadas es el silencioso Godoy Cruz, que sacó ¡25 de los últimos 27 puntos en juego! y, con dos partidos más, llegó a alcanzarlo en la punta. Ahí tenemos otra de las claves de este final. Es verdad que Boca bajó su rendimiento respecto del semestre pasado, pero lo de los mendocinos es impresionante. Una campaña de campeón.

En las últimas semanas, la doble competencia también empezó a pasar factura. En este siglo, la Copa Libertadores es sinónimo de Boca. Desde 2000, hubo 14 campeones distintos. Apenas dos repitieron: Internacional de Porto Alegre en 2006 y 2010, y Boca en 2000, 2001, 2003 y 2007. En esta edición, el Xeneize termina pagando caro el empate en Lima ante Alianza (quizás más que la derrota como local contra Palmeiras), que después se mostró como el rival más flojo del grupo. Será este mismo equipo el que puede decidir el futuro de Boca en la Copa, que ya no depende de sí: tendrá que tener un ojo en Sao Paulo, viendo lo que pase entre los brasileños y Junior.

Sin embargo, a nivel local, Boca fue más que el resto. Sacó una buena ventaja en el primer semestre y en el segundo la administró como pudo. A veces mejor, a veces peor. Llegaron a soplarle la nuca y ayer, en el momento más dramático del campeonato, sacó pecho en casa con dos tantos de Wanchope Ábila, a quien parece que se le abrió el arco. Ahora necesita apenas un punto para sacarse la mufa de adentro, en un año que arrancó torcido por la derrota ante River en la Supercopa. Después de ese golpazo que parecía que iba a echar todo por la borda, es momento de celebrar. Falta muy poco.