Encuentro clave con evangélicos en La Matanza

La comunidad de la iglesia Tierra de Gosén, de Laferrere, recibió a un grupo de dirigentes de la tercera sección electoral.
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La experiencia bolsonarista le dejó a la política argentina una lección que, al momento, no todos los actores quisieron ver. Apalancado en su fuerte vínculo con la Iglesia Evangélica, el presidente brasileño demostró que esta organización religiosa, que crece a pasos galopantes en Latinoamérica, ya no es un factor político gravitante solamente desde afuera. Ahora toma protagonismo.

En ese marco, Diego Kravetz, jefe de Gabinete y secretario de Seguridad de Lanús, cruzó la triple frontera con Lomas de Zamora y La Matanza para visitar una iglesia evangélica en la localidad de Laferrere. Fue a “Ministerio Tierra de Gosén”, ubicada sobre la avenida General Rojo y dirigida por los pastores Javier Grosso y Alejandra Rojas.

La comunidad evangélica es de las organizaciones religiosas que más crecieron en los últimos años en la Argentina. A contramano de otros credos, los evangélicos suman fieles cada año y crecen tanto en infraestructura como en importancia dentro del tejido social.

Desde el entorno del dirigente de Juntos por el Cambio, que por estos días impulsa un armado propio en el Gran Buenos Aires bajo el sello de “Hacemos Buenos Aires”, explicaron que “las comunidades evangélicas cumplen un rol social fundamental en la vida diaria de los vecinos del Conurbano”.

Kravetz cultiva un perfil que cala bien en los intereses de los evangélicos: mientras impulsa una agenda enfocada en la seguridad, con innovaciones como la comisaría móvil (su último gran hit), defiende y encarna el sueño del Gran Buenos Aires con una paz que permita la convivencia que hoy desvela a los vecinos.

Si bien el excampeón de taekwondo contó que compartió “un momento de introspección espiritual”, también aclaró que la reunión tuvo como eje “hablar de las problemáticas diarias que nos afectan a todos, en el Conurbano en general y en La Matanza, y en Laferrere, en particular”.

Sobre el final, Kravetz y sus anfitriones rezaron juntos para “obtener un cambio en nuestras realidades”.