En primera persona: una joven contagiada, otra que intenta volver y una tercera repatriada

En tiempos de coronavirus, los días de estas tres jóvenes cambiaron por completo. Cómo atraviesan la enfermedad, la distancia y el regreso al país.
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De un país al otro, la expansión del coronavirus no da tregua. Nadie está eximido de contagiarse el COVID-19. La pandemia cambió la vida de millones de personas alrededor del mundo.

En Uruguay, un casamiento celebrado el sábado 7 de marzo pasado fue el foco de varios contagios. La diseñadora Carmela Hontou fue señalada como la responsable de expandir el virus, ya que días antes había regresado de Europa y no sabía que estaba infectada. “Yo saludé a Carmela en el casamiento y mi novio también”, explica Sofia H. (29 años), quien se contagió tras el evento.

“El jueves 12 comencé con gripe, pensé que era por el cambio de temperatura. Al día siguiente, supimos que Carmela era positiva”, dice la joven que vive en un departamento en Carrasco, Montevideo, junto a su pareja. A él le dio negativo, aunque creen que es un error. Desde ese viernes, comenzaron la cuarentena.

Hasta el momento en Uruguay el aislamiento no es obligatorio, aunque Sofia cuenta que la gente no sale, y los supermercados están colapsados con los pedidos online.

Por el casamiento “había vuelto mucha gente de Europa”, además de la diseñadora. “Quizás fue Carmela la que me contagió u otro de los que estaban ahí. Fue muy heavy lo que le pasó, sufrió amenazas y bullying. La gente la culpó porque fue la primera a la que le confirmaron que tenía coronavirus“, sostiene Sofia. Y agrega: “Nadie de los que fue se imaginaba lo que iba a suceder”.

Sofia solo tenía dolor de cabeza, y se sentía muy cansada, con los ganglios inflamados, le ardían. Después le dolió el pecho. El servicio médico a domicilio, cuando fue por segunda vez, le hizo el test. Le recetaron paracetal e ibuprofeno. Solo tomó antigripal dos días, porque le parecía que todavía nadie sabía qué recetar.

“Es un lío hacerse el examen. Hubo muchos negativos falsos. También me hice el test en un laboratorio privado y ese resultado me llegó antes (a los dos días)”, afirma.

En el país vecino, Sofía cuenta que todos se conocen y a los casamientos concurren, por lo general, 800 personas. “Todos mis conocidos estaban en el casamiento. Mi tío está internado y el papá de un amigo también. Varios tienen coronavirus y están en cuarentena”, sostiene. Y agrega: “Acá todos sabemos en dónde, cuándo y de quién nos contagiamos”. 

Varada en Costa Rica

Pese a que Aerolíneas Argentinas continúa repatriando argentinos de todo el mundo, Catalina Fiaschi (30 años) sigue varada junto a más de 200 personas en Costa Rica. “Estamos trabajando con el Estado argentino para volver al país lo antes posible”, señala.

El grupo se dividió áreas de trabajo, unos consiguen alojamiento, otros dinero y comida. Al mismo tiempo, algunos hablan con los medios, y quienes son médicos controlan la salud de los varados que tienen mayores riesgos.

“Mi caso es particular porque salí de Argentina hace un año junto a mi pareja, con la idea de compartir teatro para niños en Sudamérica”, relata la joven. El 13 de febrero llegaron a Costa Rica con su camioneta y recorrieron distintos pueblos en donde brindaron funciones.

Consulado argentino en San José de Costa Rica.

Cuando en Argentina suspendieron las clases, fueron desde Tamarindo a “playas más alejadas para hacer una cuarentena”. Por ahora, en Costa Rica no hay aislamiento obligatorio. “Estuvimos una semana solos, porque es temporada baja y no era seguro porque no teníamos señal para comunicarnos”. 

La pareja iba a regresar en julio. Sin embargo, adelantó su vuelta ante la pandemia. “Nuestros papás nos intentaron sacar vuelos pero no había directos”.

Un contacto de ella vinculado a las aerolíneas les recomendó que no viajaran. “Mi amigo nos dijo que nadie nos podía asegurar no quedarnos varados en el país donde se hace la escala”, sostiene. Por eso, la pareja decidió quedarse en Costa Rica junto a los otros argentinos varados allí para sumar fuerzas y volver.

Repatriada desde Jamaica

Después de una semana de espera en Jamaica, Agustina Fernández Díaz (27 años) fue repatriada en un vuelo sanitario de Latam. “Fueron días muy duros porque no podíamos regresar y cuando consultábamos con los empleados del aeropuerto decía qué pasaba”, explica.

En Montego Bay, los locales estaban cerrados. Esa fue la señal para darse cuenta Agustina y sus cuatro amigos que debían regresar a Argentina.

Su primer vuelo de vuelta se lo cancelaron, porque hacía escala en Perú, y el país había cerrado las fronteras. Sacó otro aéreo por Copa Airlines, pero tampoco lo pudo usar porque Panamá (donde hacía escala) no recibía aviones extranjeros.

Agustina Fernández Díaz en el vuelo sanitario.

La joven viajó el 14 de marzo, en ese entonces no creyó que “iba a empeorar”. Y aclara: “Hubiese cancelado el viaje”.

La community manager destaca el trabajo y dedicación de la embajada argentina en ese país. “La embajada se contactó con nosotros al hotel, nos contó que había un grupo de 200 argentinos varados en Jamaica en Facebook y siempre contestó nuestras consultas”, dice Agustina.