En Madrid y con ambas hinchadas, definen River y Boca la gloria eterna en un partido sin mañana ?

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En un estadio Santiago Bernabéu repleto y ante los ojos expectantes del mundo, River Plate y Boca Juniors se disputan la gloria eterna en el segundo partido de la Superfinal de Copa Libertadores 2018.

Sin exagerar dramatismo ni restar valor al encuentro, los equipos más grandes de Argentina se juegan a todo o nada la conquista del máximo trofeo continental de clubes, en la última edición con final a doble partido.

Frente a frente, cara a cara, escudo contra escudo, cientos de años de historia, de triunfos y derrotas, de alegrías y amarguras, de conquistas y fracasos, quedarán marcados a fuego en lo que será un partido sin mañana.

Es que no existirá jamás mayor euforia que levantar la copa ante el máximo rival. Esa inigualable sensación de tocar el cielo con las manos gracias al impulso de haber aplastado (futbolísticamente hablando, por supuesto) al eterno rival.

Pero tampoco habrá golpe tan certero, efectivo ni potente como la derrota, frente a aquel enemigo de toda la vida que nada perdona. Una herida de muerte que quizás nunca cicatrice.

Ambas sensaciones, de algarabía o sufrimiento, son hasta ahora desconocidas por lo inédito de un enfrentamiento entre dos que se odian, pero que, aunque nunca puedan admitirlo, se necesitan mutuamente para vivir.

Desde las 16.30, con cuatro cambios si hay tiempo extra, con la inclusión del polémico VAR, con hinchas de ambos equipos y ante un país que disfruta de las grietas, River y Boca se jugarán todo en una Superfinal de Copa Libertadores que será el punto de inflexión en la historia de dos clubes, un certamen, un país y del fútbol mundial.