Empleo: lo más delgado del hilo de la crisis

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Sin piso a la vista por ahora, la economía cayó 5,8% en el primer trimestre del 2019 y se mostró estancada en la variación desestacionalizada según los datos que se conocieron hoy. La crisis continúa y el dato que tal vez más alarma es el del deterioro del mercado laboral, para el cual también se publicaron estadísticas.

La desocupación rompió la barrera psicológica de los dos dígitos en el primer trimestre de 2019, alcanzando el 10,1%, un incremento de 1 punto porcentual respecto del mismo trimestre de 2018 (9,1%). La cantidad de desocupados se incrementó en 155.000 personas, totalizando 1.338.000.

Ahora bien, al observar finamente los datos laborales, observamos que la tasa de actividad no tuvo cambios significativos (un pequeño incremento de 0,3 p.p.) y la tasa de empleo mostró prácticamente el mismo nivel que en los primeros tres meses del 2018. La cantidad de empleos totales, incluso, creció en 143.000. Entonces, ¿qué significa este aumento en la desocupación?

En una primera vista, se observa que el incremento responde a la incorporación de personas que antes no estaban buscando trabajo al mercado y que no pueden conseguirlo. La crisis, el deterioro de los ingresos y la inflación sostenida, empujan a las personas a buscar trabajo, incluso entre quienes ya lo tienen; es así como la tasa de ocupados demandantes de empleo creación del 15,3% al 17,5%.

Mujeres jóvenes, las más perjudicadas: una de cada cuatro, víctima del aumento del desempleo.

Más allá del incremento de la desocupación, también tiene lugar una pauperización cada vez más problemática del mercado laboral. Lo que en 2016 y 2017 era una tendencia que compensaba con la creación de empleos de baja calidad las rigideces del mercado laboral, hoy es un problema de mayor magnitud.

Como bien señala Daniel Schteingart, de los 143.000 empleos nuevos, la totalidad se explica por puestos precarios (asalariados informales y cuentapropistas). Aún más, se destruyeron 175.000 empleos de calidad.

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El incremento de monotributistas, trabajadores de plataformas, changarines y trabajadores de la economía popular forman parte de este pelotón: trabajos con peores condiciones, menor ingreso  y sin horizontes de estabilidad.

Si observamos la composición de las novedades en el mercado laboral, se confirma y profundiza el sesgo de la desocupación que afecta a las mujeres. Entre ellas la desocupación se incrementó del 9,2% al 10,1%.

A su vez, la desocupación afecta con más fuerza a los jóvenes. En el rango de mujeres de 14 a 29 años pasó de 20,9% a 23,1%. En varones, del 15,3% al 18,5%.

Como explica para esta columna el econometrista experto en mercado laboral, Martín Trombetta, esto evidencia un problema dinámico a futuro en donde “los jóvenes que hoy buscan y no encuentran trabajo, son los trabajadores que no desarrollan habilidades que solo se adquieren en la práctica laboral y son los que tendrán problemas crecientes de inserción en caso de que el ciclo económico no acompañe una trayectoria que los integre”.

Al mismo tiempo, agrega Trombetta, que más allá de los factores cíclicos que hoy no acompañan una recuperación de la economía y el empleo “tampoco se observan políticas de creación de empleo ni de estímulo al empleo de calidad; Argentina muestra una trayectoria que la asimila y acerca al resto del Latinoamérica, que presenta mayores índices históricos de informalidad”.

“Argentina muestra una trayectoria que la asimila y acerca al resto del Latinoamérica, que presenta mayores índices históricos de informalidad”.

En el sector industrial, la pérdida de empleo en los últimos tres años y medio se cuenta por 138.000 puestos. Nos detenemos en la industria porque es el sector que mayores niveles de formalidad muestra y que paga un 32% más respecto de otros sectores de la economía, al tiempo que correlaciona con habilidades y competencias de mayor calificación.

Esta perdida, sostenida, no está mostrando meramente un tropiezo coyuntural de nuestra economía, sino que en muchos sectores esto denota la pérdida de capacidades productivas, que son muy difíciles de recuperar; en una dinámica similar a la de fines de los ’90 y principio de los ’00.


El empleo, su poder de realización personal y familiar hoy muestra inestabilidad. Para analizarla, la crisis se corta por lo más delgado. Y esto es, la posibilidad de los jóvenes de insertarse en el mercado laboral, la oportunidad de las mujeres de acceder a empleo de calidad en condiciones de igualdad y la capacidad de nuestro aparato productivo de formar, capacitar y contener recursos humanos que lo pongan en marcha.

Atrás de las Leliq, el dólar y los bonos, la realidad que queda y se desteje es la de los laburantes que van quedando en el camino. Y eso, también, será herencia.