El troll que abraza el Gobierno: el peligro de permitir que un diputado insulte a periodistas

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El informe que difundió Amnistía Argentina donde se denuncia sobre la existencia de “trolleo” o ataques a través de Twitter a posiciones críticas del Gobierno, despertó polémica. Mientras en el trabajo se denuncian las acciones de una red de cibertropas, uno de los pocos que tienen rostro real y un cargo importante es el diputado de Cambiemos Fernando Iglesias, que salió nuevamente al cruce de uno de sus blancos predilectos en Twitter: la periodista María O’donnell.

Ex profesor de gimnasia y estudiante de periodismo, Iglesias ya desplegaba su antiperonismo furioso por las redes sociales antes de pegar el salto a la Cámara de Diputados. Ahora, hace el trabajo territorial en Twitter y se convirtió en el alter ego -institucionalizado, claro- del macrismo furioso que abunda en las redes. Una vez que se conoció el informe, Iglesias salió nuevamente al cruce: “Trato de reírme para no llorar, María. Ver que quienes -como vos- armaron desde los medios públicos la opereta de Maldonado se quejan ahora de “censura” con el apoyo de otra organización de Derechos Humanos convertida en otra cueva K me produce vacío existencial”, tuiteó en referencia a la conductora de Tarde para Nada (Radio Con Vos).

En el informe demuestran como Iglesias a través de Twitter ejecuta el trolleo y (detrás de él) llegan cientos de cuentas para hostigar a la periodista. La génesis del enfrentamiento fue cuando un usuario (@davidvincent97) escribió “Qué desastre el programa de O’donnell”. Allí el diputado -electo- dijo irónicamente “el programa ‘de’ está de más. Tras una serie de intercambios con la periodista remató: “Creo que tu forma de hacer periodismo es desastrosa. La vara de África por doce años. La de Suiza, hoy”.

El Gobierno jamás lo reprendió ni le pidió que cese por su comportamiento hostil para con los periodistas en Twitter. Jamás se retractó ni dejó entrever que podría haberse excedido. Basta con ver su timeline para entender que utiliza una gran parte de su tiempo para insultar, chicanear y faltarle el respeto a cuanta persona le comente algo. En el oficialismo hay otra figura que se dedica -en menor medida aunque con contenidos similares- es el macrista Waldo Wolff, quien renunció a la vicepresidencia de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas para pegar el salto a la Cámara baja. “Buen día #CiberTropa”, tuiteó hoy con una imagen de un muñeco stormtrooper de Star Wars sentado frente a una computadora.

“¿Una opereta desde los medios públicos? otra mentira más y van demasiadas, pero eso no importa porque el objetivo es difamar. Lamento que lo haga un diputado oficialista y sobre la labor de una periodista en un canal público (para su tranquilidad no estoy más)”, escribió O’Donnell ayer.

Más antecedentes

En febrero Iglesias también dio muestras de su impunidad: resulta que el secretario de redacción de Letra P, el periodista Nicolás Fiorentino, publicó en su cuenta de Twitter que Iglesias se había “colado” al intentar pagar una multa de tránsito. Cuando advirtió que, justamente en su “campo de batalla”, quedaba expuesto respondió en duros términos. “Qué vocación de buchones stalinistas tienen. Y ni para eso sirven”, “Sacá al nene del avatar para operar, por lo menos”, “Ni para calumniar sirven, ustedes” y “Seguí defendiendo a Aníbal la Morsa, que te sale mejor”, fueron algunos de los insultos. Ivan Schargrodsky también fue foco de su actitud. “Capaz que los doce años de saqueo que se mandaron los que te pagan el sueldo”, tuiteó.

El informe destaca que este tipo de acciones significan “ataques a posiciones críticas que constituyen un preocupante agravio contra el derecho humano a la libertad de expresión y que configuran un riesgo para la convivencia democrática”. Según pudo averiguar elCanciller.com, Amnistía se reunirá en los próximos días con el Gobierno para expresarle su preocupación al respecto. 

En definitiva, Fernando Iglesias expone insultos en las redes sociales con el guiño tácito de la mesa chica de Cambiemos. Un terreno sinuoso y contradictorio para un gobierno que propone el “diálogo” como una de sus principales máximas en su tesis para gestionar. Entonces, es un peligro permitir que un diputado- sea quien sea- agreda a periodistas.