El privilegio del salario, el derecho a la ganancia

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Desde que los gremios aeronáuticos llamaron a un paro en reclamo de lo acordado en las paritarias asistimos a un nuevo ejemplo de Nado Sincronizado Independiente (NSI), el fenómeno a través del cual funcionarios y medios serios llegan a las mismas conclusiones pero de forma independiente. Así, mientras varios periodistas se indignaban por el paro de Aerolíneas Argentinas, el presidente Mauricio Macri explicaba a través de su cuenta de Twitter, en referencia a las inundaciones, que: “Da mucha impotencia saber que con una pequeña parte de lo malgastado en Aerolíneas se podrían haber hecho hace tiempo las obras necesarias para prevenir esto”.

La gobernadora María Eugenia Vidal, por su parte, se preguntó en una entrevista con Luis Majul si “en un momento como éste, en el que todos estamos poniendo el hombro, ¿es justo un aumento salarial para un piloto que gana $200.000 mientras un docente gana $33.000?”.

Más allá de que el salario docente es en realidad de $16.250, según lo informado por Roberto Baradel, lo notable es que la conclusión de Vidal sea que los pilotos deben ganar menos porque los docentes no ganan lo suficiente y no al revés.

Del mismo modo, Macri toma como fuente de financiación de las obras de infraestructura necesarias en la provincia de Buenos Aires lo que el Estado invierte en Aerolíneas (unos 90 millones de dólares en 2018) en lugar de buscar esos recursos entre los casi 2.000 millones de dólares de deuda nueva (contando el préstamo del FMI) que legará al país al finalizar su mandato. Lo mismo ocurría con Fútbol Para Todos, una erogación del Estado que nuestros medios serios solían calcular en jardines de infantes que por supuesto el gobierno nunca construyó una vez que dejó de prestar ese servicio a la comunidad.

Ocurre que el pensamiento reaccionario siempre busca fuentes de financiación entre aquellos derechos que pretende eliminar. Por eso ni la gobernadora ni el presidente consideran como insostenibles las tasas que hoy paga el Banco Central o las ganancias exponenciales de las empresas de servicio mientras nos explican que el nivel actual de las jubilaciones y los sueldos sí lo es.

Intentar convencer a la ciudadanía que siempre estamos a una pérdida de derechos del Paraíso es un viejo truco de nuestro establishment. Una letanía persistente de nuestros gobiernos serios señala que con mayores ganancias y menores sueldos y jubilaciones llegará por fin el círculo virtuoso del desarrollo y la equidad. Algo que nunca ocurrió ni en la Argentina ni tampoco en el mundo al que, según ese mismo establishment, deberíamos parecernos.

Por eso, el primer paso para evaporar un derecho siempre consiste en hacerlo pasar por un privilegio.