El PBI robado

El Canciller - Comentarios
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Durante uno de esos asombrosos ejercicios de periodismo Moebius, en los que los periodistas se entrevistan a sí mismos, Luis Novaresio recibió en su programa de A24 a Pablo Sirvén. Luego de afirmar que el kirchnerismo “era casi soviético” y “si te apartabas un milímetro, te cocinaban”, Sirvén opinó con humor involuntario que en la vida “hay matices y no todo es blanco y negro”. Tal vez incentivado por ese elogio de la mesura, Novaresio le preguntó si no veía una continuidad entre aquel oficialismo cocinero y el actual, que tilda de kirchnerista a cualquiera que enuncie alguna crítica, como por ejemplo considerar que las explicaciones del ministro Luis Caputo sobre su empresa offshore fueron insuficientes. Sirvén rechazó esa comparación, afirmando que “no es lo mismo robarse un PBI que perder un papelito de una offshore”.

Unos días atrás, Novaresio y varios de sus colegas criticaron duramente a Mirtha Legrand por dejar que Natacha Jaitt hiciera denuncias sin pruebas en su programa, ya que éstas manchan de manera irremediable el honor de los denunciados. En esa oportunidad el periodista se diferenció categóricamente de la diva de los almuerzos: “Yo me hago responsable de cada uno de los invitados que vienen aquí y me hago responsable de lo que diga”. Sin embargo, frente a una acusación tan grave como el robo de un PBI prefirió no ahondar en el tema ni preguntarle a su invitado sobre las pruebas que respaldaban sus dichos, más allá de haber escuchado la denuncia en la cola de la verdulería o en casa de su tía Nené.

Ocurre que el PBI robado es como el misterio de la Santa Trinidad, aún quienes defienden su existencia no saben explicar qué es. Empezando por su magnitud: ¿se trata de un PBI del 2004- cuando recién empezaba el saqueo kirchnerista- de unos 165.000 mi-llones de USD o un PBI del 2015, al final del nefasto período, de unos 630.000 millones de USD? Conociendo la legendaria venalidad de los Kirchner, sospechamos que se trata de la segunda opción.

Por otro lado, para poder “robar un PBI”, se debe tomar la precaución de generarlo, es decir que entre el 2003 y el 2015, los gobiernos kirchneristas lo expandieron en un 100% por encima del crecimiento señalado por el INDEC de Todesca, lo que significaría un crecimiento promedio del 15% anual durante 12 años. Un logro milagroso que no sólo merecería nuestro reconocimiento sino también el Premio Nobel de Economía.

Por último, ¿cómo ocultaron un monto de dinero tan colosal, equivalente a siete veces la fortuna de Bill Gates, el hombre más rico del planeta? A diferencia del titular de Microsoft, CFK no podría tener ese patrimonio en acciones ni tampoco, como medio gabinete de Cambiemos, en cuentas offshore. Los WikiLeaks, los Panamá Papers o incluso nuestros periodistas de investigación ya la hubieran descubierto. La única solución sería mantener ese tesoro- equivalente a las reservas de Suiza- en alguna bóveda enterrada en la Patagonia, a la espera de ser descubierta por el fiscal excavador Marijuan, o en las mazmorras del Instituto Patria.

Pese a su responsabilidad de entrevistador, Novaresio no consideró necesario hacerle estas preguntas elementales a su entrevistado. Es una omisión que en el fondo comprendemos: en la vida pletórica de grises que nos proponen nuestros periodistas serios el kirchnerismo es un agujero negro que explica todo, incluso lo prodigioso.