El legado de Manu

El Canciller - Comentarios

El retiro es el peor momento en la vida de un profesional que durante años se mantuvo en la elite del deporte. Manu Ginóbili, acaso uno de los mejores de la historia en Argentina -a la par de Maradona, Messi, Fangio y Monzón- fue más que un espectacular jugador de básquet.

Predicó con su ejemplo y su conducta: el esfuerzo y la dedicación lo llevaron a estar cerca de 16 años con la camiseta de los San Antonio Spurs. Con altos y bajos, el bahiense se metió a la gente en el bolsillo y se vistió de líder durante una buena cantidad de años.

“El pibe de 40”, como lo apodaron en los últimos años en su equipo de Texas, deberá definir si toma la decisión que ningún deportista quiere tomar: el retiro. Incontables ejemplos como los de Juan Sebastián Verón u Ariel Ortega, entre otros, reflejan el dolor y las dificultades que implica colgar los botines, la raqueta o el balón de básquet.

Abandonar el vestuario, la adrenalina de la competencia y el disfrute de “hacer lo que te gusta” resumen en buena parte por qué los deportistas profesionales suelen demorar más de la cuenta la decisión de ponerle punto final a la carrera.

No es el caso de Manu, que se mostró vigente en las últimas temporadas y terminó siendo una de las grandes figuras de su equipo. No alcanzó, claro, para quebrar el buen nivel de los Golden State Warriors, que corrió a los dirigidos por Gregg Popovich por 4 a 1 la serie de la conferencia Oeste y quedaron eliminados de los Playoffs.

Experto en reflexionar y tener las palabras indicadas en el momento justo, Ginóbili supo agrupar su discurso para contar las sensaciones que pasaban por su cabeza: “Ahora haré mi vida familiar y podré dormir en mi cama”.

Estar con los suyos, alejarse de la locura de jugar un partido cada dos días y disfrutar del legado que dejó en todos sus compañeros e hinchas. Los argentinos y los estadounidenses.

16 temporadas después, entonces, el crack argentino aún no resolvió si el de ayer fue su último partido en la NBA. Tampoco se rompe la cabeza para pensarlo y prefiere calmar los ánimos y tomarse su tiempo para decidir.

Su huella ya quedó grabada por siempre en el básquet, con la Selección y también en la NBA. “Si lo amas, continúa”, le suplicó Steve Kerr, el DT de los Warriors, como una especie espejo de lo que piden miles de personas por estas horas.