“El Hombre Invisible”: una historia de maltratos que acechan en la remake de un clásico

Elisabeth Moss, protagonista de The Handmaid´s Tale, se destaca por su interpretación de una mujer víctima de la violencia de su ex pareja.
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El estudio Blumhouse (La Purga, Us, Huye) nos trae una reversión del clásico de El Hombre Invisible mucho más aggiornado. La protagonista de esta historia es Cecilia (Elisabeth Moss), una mujer atrapada en una relación tóxica y abusiva que un día recibe la noticia de que su ex novio se suicidó y le dejó cinco millones de dólares. Ella sospecha desde el principio, y desde el vamos sabemos que estamos ante un ex psicópata stalker con la capacidad de hacerse invisible.

Después de ver películas de terror repletas de estereotipos y sostenidas por los golpes de efecto más burdos, BlumHouse es un estudio que le dio una vuelta de tuerca al género para traer historias que buscan reconectar las tramas del horror con la actualidad a través de mensajes políticos o sociales.

Al final, el hecho de que Adrián se convierta en un hombre invisible termina quedando en segundo plano. La historia se centra en la figura de una mujer estancada en una relación abusiva y sometida a todo tipo de maltratos. Uno de los aspectos más interesantes es que ella es tratada como “la loca”, la mentirosa o la exagerada, y solo los testigos o los resultados de una investigación ayudan a cambiar la opinión de sus amigos y su familia. Algo parecido ocurría con Jodie Foster en Plan de Vuelo (en la que su hija es secuestrada en el avión y nadie le cree) o en casos más cercanos como El Escándalo o The Morning Show.

Al estar hablando de una una película que ya tuvo dos versiones en el pasado, tuvo que haber sido un verdadero desafío para el director Leigh Whannell (La Noche Del Demonio) recrear secuencias originales en las que un ser invisible logre asustar e inquietar al espectador. En este caso, no abusa del uso de efectos de invisibilidad del tipo “chicle que se masca solo”, y se percibe la búsqueda por encontrar recursos que vayan más allá de los evidentes.

Los defectos del film también están, claro. Un científico que está todo el día en el laboratorio pero que cuando se hace invisible se convierte en un ex combatiente capaz de matar a enfermeros, policías y lo que se nos ocurra. A esto le sumamos un error muy común en este tipo de tramas narrativas que es que mientras que en la escena anterior vimos al villano arrasar con todo a su paso sin piedad, cuando le toca enfrentarse a la protagonista se toma todo el tiempo del mundo para lastimarla.

A esto podríamos sumarle algunos baches en el guión que tenemos que rellenar con imaginación y buenas vibras, pero aún así, no deja de ser una producción superior y más ambiciosa que todas las que hemos visto del estilo hasta el momento. Mención especial a las expresiones y el manejo actoral de Elisabeth Moss que son elementales para construir y manejar la tensión del film.

El film, a lo largo de los años

Entre el 1920 y el 1930, Universal lanzó una seguidilla de películas de terror sobre monstruos con “máscaras” que iban desde El Fantasma de la Ópera (1925), La Momia (1932) y El Hombre Invisible (1933). Tanto en aquella adaptación de la novela de H. G. Wells, como en la de Kevin Bacon del 2000, el protagonista es el científico y su transformación.

No hablamos únicamente del aspecto físico (como todo buen hombre de la ciencia decide probar su descubrimiento en sí mismo) sino en lo que la ambición y la sed de poder pueden hacerle a una persona.

Que la nueva El Hombre Invisible gire en torno a la mujer es el verdadero acierto de la versión del 2020.