El Gobierno evita pagar el costo político de organizar la Copa América y ¿reparte culpas? a los distritos con clases presenciales

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A 13 días del puntapié inicial, la Argentina quedó descartada como sede de la Copa América, en medio de la segunda ola de casos de coronavirus que empujó al Gobierno a dictar un confinamiento estricto durante la semana pasada.

El domingo por la noche, minutos antes de que la organización lo confirmara con un comunicado, el ministro del Interior, Wado de Pedro, adelantó el desenlace durante una entrevista televisiva: “Estuve conversando hoy con el presidente Alberto Fernández sobre la situación sanitaria de todas las jurisdicciones, y en particular de Buenos Aires, Tucumán, Mendoza, Córdoba y Santa Fe, y siendo coherentes con el cuidado de la salud vemos que es muy difícil que se juegue la Copa América en nuestro país”, sostuvo.

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, ya había dado señales en este sentido el domingo a la mañana. “La Copa América no está definida ciento por ciento”, advirtió, aunque señaló que desde su cartera había estado trabajando “hace meses” en “protocolos y articulaciones” para llevar a cabo la competencia.

Es que hasta el viernes, el Gobierno impulsaba a todo motor la realización del torneo. Incluso, el propio presidente Alberto Fernández se reunió la semana pasada en la Quinta de Olivos con el titular de la Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez. De allí salió por lo bajo la primera queja de la organización, al advertir que los protocolos propuestos por el Gobierno eran “mayores a los de la Eurocopa”. Fue este factor más la imposibilidad de tener público en los partidos lo que habría inclinado la balanza hacia el “no” por parte de los organizadores.

En tanto, el Gobierno habría decidido aportar coherencia ante la escalada de casos que aún no ha podido domar. Ser sede de un torneo fútbol con las clases presenciales suspendidas en la mayor parte del país, hubiese sido una foto perjudicial para el Frente de Todos, que ya se prepara para competir en las PASO.

En este sentido, esta mañana Alberto se las ingenió para llevar agua a su molino y responsabilizó en parte a las administraciones que decidieron abrir las escuelas, al afirmar que “en muchos” de los lugares donde se hubiesen jugado los partidos “no respetan” las medidas “y por ejemplo vuelven al dictado de clases presenciales”. “¿Frente al riesgo interno, íbamos a sumar un riesgo externo?”, se preguntó, y añadió: “Si ustedes me dijeran que se iba a jugar en un lugar donde el cumplimiento de las medidas es severo, quizás lo pensaba de otro modo”.

Más allá de sus dichos, el Presidente no pierde de vista que tras vencerse el decreto vigente hasta el próximo 11 de junio, posiblemente vuelva a dictar un confinamiento estricto. ¿Cómo podría convivir esa medida con la realización de la Copa América? Alberto tomó nota del costo político y dio marcha atrás, sin dejar de repartir culpas con la oposición.