El Círculo Rojo, Macri y una mesa chica de hundidos que se reconfigura

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Desde la caótica reunión en la Quinta de Olivos, en la que se gestó la reducción del gabinete nacional y volaban nombres y cargos para todos los rincones, la mesa chica de Cambiemos se reconfiguró más por las presiones de la coyuntura económica que ahorcaban a Mauricio Macri que por una iniciativa propia del Presidente. Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Marcos Peña, Gustavo Lopetegui y el ya eyectado Mario Quintana, piezas de un ajedrez difícil de remontar en el que se acabaron los enroques.

Los hundidos


El trío de hundidos tenía sede en la jefatura de Gabinete. Ojos y pensamiento del Presidente, Peña, Quintana y Lopetegui eran los mosqueteros optimistas que generaban recelos en el equipo amarillo por el peso ponderado que disfrutaban en los oídos de Macri. La crisis económica obligó al primer mandatario a esconder a sus consejeros.

Hasta que empiece la campaña 2019, Marcos estará puesto en cuarentena. Corrido de la gestión de la crisis y alejado de los micrófonos de la Casa Rosada, Peña es reemplazado momentáneamente por Rogelio Frigerio en lo político y por Nicolás Dujovne en lo económico. La rebelión contra el coordinador omnipresente no sólo provino de los mercados y el Círculo Rojo, también fue interna: las espadas de Macri consideran que es imposible mostrarse al lado de Peña sin quemarse.

Caso aparte es el de Lopetegui. Desde la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada, gozó -desde la sombras- de un poder mayor que el de la mayoría de los ministros, siempre con acceso directo a la puerta de Macri. El hombre que dedicó los últimos años a vigilar todos los contratos del Estado con un lápiz rojo nunca ostentó una imagen positiva, pero caminó recién en la cuerda floja cuando la cartera de Peña fue señalada como la epidemia gestante del tumor económico.

Aunque dejó su cargo al lado de Peña, encontró otra puerta en el camino a la salida del poder. Ganó una pulseada importante en los cambios impositivos que se buscaban en el Presupuesto y este jueves Macri lo oficializó como asesor presidencial.

Mario Quintana, por su parte, no tuvo -o no quiso tener- la misma suerte. Cuando su nombre comenzó a sonar como síntoma de crisis, eligió dar un paso al costado en momento de peor timing: por fin se había desprendido de las acciones de Farmacity que durante tres años lo marcaron con la cicatriz de conflicto de intereses que el intento de la farmaceútica de instalarse en la provincia de Buenos Aires potenció.

El tándem de la reelección


Larreta y Vidal configuran el tándem que pone el pecho por el ajuste pero no la cara. El presupuesto 2019 los manda a apretarse el cinturón, ya que la principal reducción del déficit yace en el traspaso del subsidio al transporte, cuyo gasto yacía sobre todo en el AMBA. Sin embargo, en sus discursos, se desprenden de la necesidad de las tijeras e intentan aparecer con el Presidente lo menos posible en público.

El jefe de Gobierno de la CABA suele ser ignífugo a la crisis. En un territorio donde el peronismo es mala palabra, la ausencia de recursos no se hace notar tanto. En medio de los recortes nacionales a todas las áreas, las veredas y plazas de Larreta reflejan la idea keynesiana de que no importa que unos obreros caven una zanja a la mañana, mientras otros la tapan por la tarde.

Vidal, que siempre fue la bandera de la imagen positiva en Cambiemos, no logró permanecer indemne a la crisis económica y social. El área que gobierna es antagónica a la que administra Larreta. Un viento fuerte hace subir la pobreza y cualquier hecatombe despierta nostalgia por el kirchnerismo, que a pesar de haber perdido en 2017 aún confirma como sede máxima a la PBA.