El arte de la paciencia

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No nos dejemos engañar por los éxitos de los primeros años del nuevo milenio. Parirla es parte del ADN de Boca. Así es la vida, hay que sufrir bastante para disfrutar un poco. Los ochenta y los primeros años de los noventa fueron una síntesis perfecta de eso: más de una década sin ser campeón (desde 1981 hasta 1992), estar al borde de la quiebra, salir a jugar de local con una camiseta cuyos números fueron pintados con marcador y se deformaron en pocos minutos. Incluso las buenas llegaron, en cantidad, con mucho sufrimiento: ¿cuántos años de vida dejamos en esas definiciones por penales en la Copa Libertadores durante la era de Carlos Bianchi? ESO es Boca.

Este equipo de Guillermo Barros Schelotto no será recordado por tener un juego vistoso, pero sí por su entrega. Es innegable que es un merecido campeón. Básicamente porque hizo lo que tenía que hacer: tuvo un inicio arrasador, pegó en los momentos justos y supo administrar la ventaja. Fue paciente. La terminó pariendo solamente por la impensada seguidilla de triunfos de Godoy Cruz.

Hay otra estadística irrefutable: Boca es puntero del fútbol argentino desde hace más de 500 días. Ganó 3 de los últimos 4 torneos locales (temporadas 2015, 2016/17 y 2017/18). Jugando bien, más o menos, regular, a veces mal. Podrá flaquear en algunas decisiones mano a mano (contra San Lorenzo en la Supercopa Argentina de 2016 o ante River, hace apenas dos meses), pero es el rey de los puntos corridos.

Este equipo de Guillermo Barros Schelotto no será recordado por tener un juego vistoso, pero sí por su entrega.

Si alguien ayer tras el gol de Pablo Pérez pensó que el encuentro ante Gimnasia LP iba a ser un trámite, estaba muy equivocado. Fue un parto que se complicó todavía más después del empate transitorio de Nicolás Colazo (fanático de Boca, justo él). El 2-1 de Wanchope Ábila llevó algo de tranquilidad, pero el tanto de Brahian Alemán, a 10 minutos del final, puso otra vez las pulsaciones a mil. Una derrota hubiese sido una catástrofe, pero por suerte Ricardo La Volpe hay uno solo.

Ahora, será momento de festejar un rato, preservar a los mejores 11 en el choque ante Huracán y pensar en el enfrentamiento contra Alianza Lima, por la Libertadores. El próximo miércoles, en La Bombonera, habrá 90 minutos para seguir sufriendo. Aguante, corazón.