Dos casos importados de coronavirus en Nueva Zelanda amenazan la “nueva normalidad”

El archipiélago dejó de estar libre de coronavirus con la llegada de dos mujeres infectadas. Las personas continúan sin restricciones para circular en el regreso a la vida "normal".
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Parecía que Nueva Zelanda tenía controlado el brote de COVID-19 en su territorio. Sin embargo, este martes, el Ministerio de Salud confirmó que dos mujeres, provenientes de Londres, tienen coronavirus. Hacía ocho días que se había recuperado el último infectado.

Durante casi un mes, el país estuvo libre de coronavirus. Hasta el viaje de las mujeres al país del Pacífico Sur, que habían ido para el funeral del padre. El virus podrían haberlo contraído en el Reino Unido, en el aeropuerto o en uno de los tres vuelos que tomaron, según The Sydney Morning Herald.

A su vez, el New Zealand Herald informó que se les permitió abandonar su aislamiento en el Novotel Ellerslie en Auckland sin que se les realizara el test. El mismo se los hicieron en Wellington y dieron positivos.

Todas las personas que llegan a la isla deben cumplir con una cuarentena de 14 días.

Solo pueden ingresar al territorio, los ciudadanos neozelandeses y sus familias, y personas que viajan por motivos profesionales o humanitarios.

El Ministro de Salud de NZ, Ashley Bloomfield.

El Ministerio de Salud anunció que testearán a los posibles contactos de las contagiadas. Como los pasajeros y tripulantes de los vuelos, un familiar y empleados del hotel donde se hospedaban.

Aunque estuvieron libres de COVID-19, la primera ministra, Jacinta Ardern sostuvo, la semana pasada, que nuevos casos surgirían. No se equivocaba.

En el archipiélago viven cinco millones de personas y se registraron 1.154 casos, incluidas 22 muertes, por el coronavirus. Ahora se suman los dos nuevos positivos. La emergencia nacional se declaró el 25 de marzo pasado cuando habían 50 infectados. Y el 19 de marzo se ordenó el cierre total de las fronteras.

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Vivir sin restricciones: ¿cómo antes del coronavirus?

Todo volvió a la normalidad. Están abiertos los centros comerciales, los restaurantes, los supermercados, las escuelas y las oficinas. De nuevo, hay mucho tráfico”, explica Margaret Mary, una joven maorí que vive en la ciudad más grande del país: Auckland.

Mary explica a El Canciller que la gente volvió a caminar por las calles y a visitar a sus amigos y familiares, dado que no hay restricciones. “Podes ver a cualquiera sin límites”, afirma. Sobre este punto Valentina Puig, oriunda de Uruguay, aclara que “se puede salir a la calle sin distanciamiento y casi nadie usa barbijo”.

Reapertura de los bares en Auckland.

Además, Valentina, que actualmente vive en Queenstown y cuenta con una visa de trabajo, explica que todavía toman algunas medidas de seguridad. “Cada vez que entramos a una tienda, tenemos que ingresar todos nuestros datos por si llega a haber un infectado. De esta manera se puede saber quién estuvo ahí en ese momento”.

Pese a que el país funciona como antes de que existiera la pandemia, la joven maorí notó un cambio en particular post coronavirus.

“Lo único distinto es que las personas te miran como si tuvieras el virus. Están cansadas de los demás”, sostiene Mary.

Para Valentina, que vive en Queenstown, una de las ciudades más turísticas del país lo que cambió fue que “ahora no hay personas por todos lados, ni colas en los comercios para entrar, salís a la calle y casi que no hay gente”.

A su vez, sostiene que no hay mucho turismo local. “La ciudad sigue afectada por el coronavirus, ya que al estar cerradas las fronteras de los demás países no hay trabajo y hay muy poco turismo”, explica.

La caída del turismo generó la falta de trabajo y posteriores despidos. “Muchos extranjeros tuvieron que regresar a sus países al quedarse desempleados”.

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Acción asistencial del Estado

Los halagos para la primera ministra no tardan en llegar en ambas entrevistas. “Hizo un trabajo increíble”, dice Mary. Y Valentina agrega: “El gobierno neozelandés manejó muy bien el control de la pandemia y dio mucha ayuda a todos los habitantes, incluso a los extranjeros”.

“El Estado subsidió los sueldos de las empresas durante 12 semanas”, sostiene la joven uruguaya.

También el gobierno ayudó a muchos empleados despedidos que “igual pudieron obtener el subsidio”.

Jacinda Ardern durante una conferencia de prensa.

“En el caso de que te hubieran echado y no cobraste el subsidio, el gobierno te hacía completar un formulario y te daban 100 dólares para compras cada una o dos semanas”, dice Valentina.

Durante el aislamiento obligatorio de un mes, Valentina conservó su trabajo de housekeeping en un hotel y le pagaron el subsidio las 12 semanas. “Ahora la empresa va a aplicar por 8 semanas más”, explica en diálogo con El Canciller. En agosto se le terminará la visa de trabajo e intentará aplicar nuevamente a la de turista.