Diálogo después del paro: Macri cambia otro fusible para conmover a Francisco en la era del ajuste

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Si nadie se le adelanta, la próxima renuncia en el gobierno de Mauricio Macri estará en un área sensible para la era del ajuste. Será otro de los leales que acompañó al Presidente desde el inicio en su aventura en la Ciudad pero perdió peso y eficacia con el ascenso al poder central. A Santiago de Estrada, el encargado de la relación con la Iglesia desde su sillón en la secretaría de Culto, le tocó ser la cara de un proyecto que fastidió a Francisco desde el minuto cero con insensibilidad social y le sumó en 2018 la herejía de abrirse al aborto legal. Quedó más que claro en Mar del Plata este fin de semana durante las jornadas en las que Oscar Ojea pidió escuchar el “grito de los pobres” y el jesuita Jorge Lugones dijo que hace “falta sentir” al lado de María Eugenia Vidal y Carolina Stanley, las dos mujeres que -aún con diferencias notorias- son bien vistas desde el Vaticano.

De Estrada está en Roma y su nombre no figura en la reunión que Marcos Peña organiza para sentarse cuanto antes a una mesa de diálogo en Casa Rosada. El jefe de Gabinete busca una foto de consenso con la cúpula del Episcopado junto al misionero Mario Quintana y el joven Alfredo Abriani, el subsecretario de Culto que responde al jefe de Gabinete y ocupará el lugar que dejará en julio el ex funcionario de Onganía, Videla y Menem.

Pese a la hiperactividad de Abriani, la renuncia de “El Obispo” De Estrada no traerá cambios de fondo en el vínculo con la Iglesia. Igual que por lo menos una docena de los ministros del Presidente, su tarea es más decorativa que concreta y las discrepancias son de fondo. Así como la Iglesia pierde predicamento y queda desorbitada en la queja antediluviana contra la despenalización del aborto, gana en protagonismo por abajo cuando la crisis se profundiza y pega en los barrios alejados del Congreso y los sets de televisión.

Igual que por lo menos una docena de los ministros del Presidente, la tarea de De Estrada es más decorativa que concreta”

Aunque se oponga a la ley que se definirá en el Senado, Peña es señalado desde las alturas vaticanas como vértice del eje del mal y culpable de las campañas contra Francisco. Distinto es el caso de Jorge Triaca, que luce orgulloso en su despacho la carta en la que el Papa le pide que reciba a Juan Grabois porque es uno de sus hombres. Detalles menores. Las partidas sociales que el Fondo admite en el mismo acuerdo que compromete un ajuste descomunal no cambian la ecuación principal. No sólo lo dice el líder de los cartoneros, que defiende a Su Santidad incluso en los foros del progresismo donde vuelven a criticarlo como antes. También lo marcan los triunviros de la CGT Juan Carlos Schmid y Héctor Daer que coinciden en su oído permanente al sermón que baja desde Roma.

Como si un ser celestial hubiera alumbrado el futuro antes que nadie, el Episcopado argentino hizo su conversión en noviembre pasado, mientras Macri tocaba el cielo con las manos. Ojea, Lugones y el ambientalista Marcelo Colombo asumieron para alinear sin fisuras a la curia local con el discurso de Bergoglio. Mientras la Casa Rosada busca socializar las pérdidas y ensaya un relanzamiento después de tocar fondo, la nueva conducción pide “que el ajuste no lo paguen los pobres”. Es el mismo lenguaje que hablaba el Cardenal, en los tiempos finales de Menem, desde la Catedral Metropolitana.

Aunque el país laico anuncia una Iglesia condenada a la extinción, en el gobierno y en la oposición no son pocos los que piensan que su papel será crucial en los larguísimos meses que faltan hasta las elecciones de 2019. Podrá verse después del tercer paro nacional contra Macri, que se perfila como el más contundente desde 2001. Incluso convocada un lunes por una conducción que no quiere agitación en la calle, la huelga que según el Presidente no sirve encauzará un malestar general que crece paralelo a la devaluación, los aumentos y la caída del salario real. Detrás de las mismas caras que se verán en conferencia de prensa, habrá nuevas generaciones sindicalizadas que se dividieron a la hora del paro durante la era kirchnerista y ahora confluyen. Son empujados por un ciclo que pierde la ambigüedad inicial, con un golpe al poder adquisitivo que dejó de ser excepcional para confirmarse como marca de época. Lejos de la Argentina por la que reza Francisco.