Después del escándalo de Triaca, logra el Gobierno un guiño de los sindicatos amigos

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El golpe que provocó Sandra Heredia todavía se siente. La ex empleada doméstica del ministro de Trabajo, Jorge Triaca,  no solamente modificó el panorama personal y profesional del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, ahora recluido forzosamente en una mansión de Chapadmalal. Cambió el eje de dos negociaciones claves que comienza a tejer el Gobierno: además de mantener a como dé lugar el 15% de paritarias, asomó el sindicato de Comercio (Faecys) Armando Cavalieri como primer test match para mantener el plan que ideó Vladimir Werning, el monje negro que eligió el jefe de Gabinete Marcos Peña para devaluar las metas de Federico Sturzenegger Sturzenegger.

La figura de Cavalieri no es casual. El Gobierno necesita empoderar el porcentaje de paritarias que planificó Werning, pero que solamente convence a propios y no a ajenos. El Sindicato de Comercio puede legitimar la discusión, ya que posee más de un millón de afiliados. Cavalieri es uno de los pocos sindicalistas que a pesar de estar atornillados al poder, no sufrieron ni un rasguño de la ofensiva del oficialismo sobre los gremialistas.

Detrás de Cavalieri hay otros sindicalistas “pesados” que son inmunes a las “investigaciones” de Laura Alonso (a través de la Oficina Anticorrupción), los expedientes de la Unidad de Información Financiera (UIF) y las denuncias de la AFIP: Gerardo Martínez (UOCRA) y los estatales de UPCN, encabezados por Andrés Rodríguez.

El propio Triaca quedó deslegitimado. Por eso, además de tensar al máximo la relación con el peronismo “dialoguista” y de emprender una furibunda embestida contra sindicalistas flojos de papeles, su “impasse” significa una nueva oportunidad de barajar y dar de nuevo.