Del partido de masas al poder inteligente

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El medio es el mensaje, repetimos como un mantra. La fórmula –de síntesis magistral– se inscribe por supuesto en el debate de la “forma versus contenido”, y su veredicto es claro: son una sola y misma cosa. Un partido político, por su parte, es muchas cosas, por ejemplo: un conglomerado de identidades, una institución, una marca, un conjunto de sensibilidades, un espectro de consumos estéticos. Un partido o líder político es también el medio preferencial a través del cual se expresa.

La televisión nació un año de escasa significatividad como 1945. En Argentina su pionero fue Jaime Yankelevich y la transmisión inaugural fue el 17 de octubre de 1951: el acto del último discurso de Evita junto a Perón. Así nace la televisión en Argentina.

Es decir, se trata de un partido de masas, que interpela subjetividades formadas por los medios masivos de comunicación. El vínculo es vertical, unidireccional y de alocución universal (un solo mensaje para todos los destinatarios). El líder era contemplado como un superhombre, con ese halo de divinidad propio de los elegidos o de los que salen en televisión.

Con el cambio de milenio y la revolución tecnológica asistimos, nos guste o no, al nacimiento del un nuevo medio, Internet, y su formato de liderazgo correspondiente: el llamado Poder Inteligente, en palabras de Byung-Chul Han. No deja de ser vertical, pero su apariencia es horizontal; no deja de ser unidireccional, pero su apariencia es multidireccional, multidimensional incluso (si pensamos en la cantidad de plataformas disponibles y la alteración de la temporalidad que implica la conexión digital).

El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor. Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce en lugar de prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades”, explica Byung-Chul Han en Psicopolítica. Y sigue: “El microtargeting como praxis de la microfísica del poder es una psicopolítica movida por datos. Asimismo, algoritmos inteligentes permiten hacer pronósticos sobre el comportamiento de los electores y optimizar la alocución”.

Es decir que se trata de un poder que mediante alocuciones personalizadas es capaz de llegar a un nivel de capilaridad al que, en comparación, el tosco modelo de la era industrial –diseñado para las cantidades y no las calidades– es incapaz siquiera de arañar.

Internet, mediante alocuciones personalizadas, logra llegar a un nivel de capilaridad que el tosco modelo de la televisión es incapaz de arañar.

El partido o líder de la posmodernidad tecnológica es tan fluido como el consumidor, tan dócil su mensaje y tan fácil e intuitivo como la mejor app. Es sexy, es simple y, al mismo tiempo, es profundo. Es multifacético y es tan sensible que nos ofrece la cara apropiada para el momento que estamos atravesando, conoce nuestros biorritmos, nuestros ciclos menstruales, nuestro estado de ánimo cuando viajamos en subte, nuestras aspiraciones secretas, nuestros odios tácitos. El poder inteligente es inteligente porque se desprende de grandes aparatos y en su lugar dispersa millones de nano robots que se conectan en la nube de nuestro imaginario colectivo.

“Mauricio Macri es un medio de comunicación”, repite hasta el cansancio su jefe de Comunicación Digital, Julián Gallo. En la recursividad propia del autoaprendizaje del Deep Learning y la gestión de la incertidumbre del Design Thinking, cualquier causa que quiera ser puesta en escena deberá tener en cuenta estos parámetros para ser asimilada en la agenda pública.