Del imperio macrista a la República de La Boca

La crónica del desembarco de Riquelme en la política del club, a dos meses del campeonato.
El Canciller - Comentarios
@Sebastián Excelente revival de la patada...

Faltaban horas para el cierre de listas y todos esperaban su definición. En las semanas previas habían corrido operaciones de todo tipo.

“Va a acompañar al oficialismo, lo convenció Macri”.

“Arma lista propia, se presenta como candidato él mismo, no quiere saber nada con ninguno de los que están”.

“Va a esperar y se presenta en 2023”.

Impredecible, como fue siempre: su jugada no la anticipó nadie. Eligió uno de esos programas deportivos que destinan horas a gritar, cuestionar la moral ajena, inventar polémicas y muy eventualmente hablar de fútbol, para notificar su decisión. Se cebó un mate, lo tomó y dijo: “Voy a acompañar a Jorge Ameal y a Mario Pergolini. Voy a ser candidato a vicepresidente segundo.

En 10 palabras, puso en crisis un imperio que se construyó a lo largo de 24 años: el del macrismo en Boca. Desde aquel desembarco en 1995 de la mano de los dólares de Sevel y el patrimonio familiar hasta la medianoche del 8 de diciembre de 2019, el club de la Ribera fue para Mauricio Macri su centro de operaciones: plataforma política para su campaña en la Ciudad de Buenos Aires, lavado de cara desde la Fundación Boca Social, la Bombonera como unidad básica de proyección mundial para recibir dirigentes políticos, figuras mediáticas, actores y músicos de cualquier origen.

Lo admiten los que lo conocen, pero no hace falta escucharlo para darse cuenta: perder las elecciones en Boca fue para Macri peor que la derrota de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires frente a Axel Kicillof.

La definición de Riquelme no fue improvisada, sino parte de una estrategia que había estudiado y meditado paso por paso. Entrevistado por el periodista de espectáculos y militante twittero Jorge Rial en plena campaña electoral, contó cómo el propio Macri le dijo que estaba preocupado y le pidió que se sentara con Angelici. “Con Daniel no me siento”, se negó el diez. Entonces el mandatario, no muy preocupado por la crisis económica que atravesaba el país, negoció: “Te mando a mí Daniel y vos mandame a tu Daniel”.

El Presidente se refería a Daniel Bolotnicoff, su representante. Román accedió: mandó a su Daniel a juntarse con el Tano, y le dio el mandato de entretenerlo hasta último momento y hacerle creer que estaba dispuesto a ser prescindible o apoyar a su delfín, Christian Gribaudo, en las elecciones. El mismo año en que Cristina Kirchner pateaba el tablero político al pedirle a Alberto Fernández que encabezara la fórmula presidencial del peronismo unido contra la coalición gobernante, Riquelme daba vuelta la historia Xeneize al anunciar su candidatura como vicepresidente segundo del binomio conformado por Ameal y Pergolini. No iban a ser suficientes las tres veces por semana que Mauricio visitara a su terapeuta para dejar de soñar con los vices.

El origen

Todo empezó en julio de 2012 en la ciudad de San Pablo, la noche en que Corinthians privó a Boca de ganar su séptima Libertadores. Román dijo sentirse vacío. Las cámaras dejaban registrada para siempre la mirada de Angelici -quien ya se había hecho famoso por renunciar como tesorero en la anterior presidencia de Ameal, luego de que éste le renovara el contrato a Román por cuatro años-, en la que se hacía visible un reproche al capitán por no poder cumplir su promesa electoral de volver a jugar la Copa Intercontinental en Japón un año después de asumir su primer mandato.

AFP PHOTO / Nelson ALMEIDA

O quizás empezó mucho antes, en abril de 2001, cuando el Fondo Monetario Internacional decía que Argentina iba por el buen camino y Boca ganaba 3 a 0 un superclásico que quedó en el recuerdo como el día en el que, frente a una Bombonera repleta, Riquelme armó su propio cacerolazo contra Macri. Ese día Román festejaba su gol con las manos detrás de las orejas, para que fuera la hinchada la encargada de hacer escuchar su reclamo frente al palco presidencial, por un aumento salarial en medio de ofertas de clubes europeos que pretendían llevárselo. Pero jamás admitiría que esa fue la razón. “Es un homenaje a mi hija, que le gusta el Topo Gigio, y nada más”, declaró.

O tal vez empezó en noviembre de 1996, cuando Bilardo lo mandó a la cancha, jugó un partidazo y la gente lo ovacionó. Luego del encuentro, un periodista le preguntó qué sentía tras su debut en la Bombonera. Pero Román lo cortó en seco y respondió: “No es la primera, ya jugué en reserva”.

Foto NA: MARIANO SÁNCHEZ

Muchos años después diría que siente a esa cancha como el patio de su casa. Lo cierto es que, más allá del momento exacto en que esta historia comenzó, durante las primeras horas del 9 de diciembre del 2019, Gribaudo admitió su derrota y con ella el derrumbe del imperio macrista. Riquelme volvió a imprimir un capítulo en el libro grande de la historia de Boca.

Las socias y el club más popular

En la elección las socias mujeres jugaron un rol decisivo. De 14 mesas en las que votaron, en 13 se impuso como ganadora la fórmula Ameal – Pergolini – Riquelme, ampliando la tendencia general con un 57,23% para Ameal y un 30,03% para Gribaudo. En las mesas donde votaron mujeres la diferencia fue abismal: hubo un promedio de 100 votos más para los primeros que para los segundos. Cuando la pantalla anunció los resultados de la primera mesa de socias, el salón Filiberto estalló. Allí militancia, periodistas y exjugadores seguían el minuto a minuto al grito de “vamos vamos las pibas, vamos vamos las pibas”. Parecía que la campaña del oficialismo con carteles que decían “La mitad más ellas” no había caído bien entre las socias.

Los días previos a las elecciones Ameal prometía: “Va a haber alguna mujer ocupando un cargo relevante. Vamos por ese camino. También vamos a proporcionar la cantidad de mujeres, representantes, fiscalizadoras, en todos los lugares”. Además, eliminaría la categoría “dama” y la sustituiría por la de “socia activa”, un reclamo histórico de las hinchas de Boca desoído durante la gestión de Angelici, que continuó hasta donde pudo con “Las Boquitas”, la idea sexista que Macri implementó en 1998 para los entretiempos.

En la última reunión de comisión directiva antes de la cuarentena, se votó por unanimidad que el carnet de las socias ya no tenga la leyenda “categoría dama”, sino que diga “activa”, al igual que el de los varones. Así, Boca se convirtió en el primer club afiliado a AFA en crear esta categoría, que va de la mano al reconocimiento de la igualdad de género.

No fue casual el resultado de la fórmula ganadora entre las socias. Distintos espacios de militancia feminista impulsaron reclamos, como la implementación de un cupo de socias mujeres en las listas, o la jerarquización del fútbol femenino. Y están siendo escuchadas: en el mes de marzo, se pudo observar a Riquelme presenciando un partido de Las Gladiadoras.

Las Gladiadoras. Foto: Boca Juniors.

Días antes de la cuarentena obligatoria, el área de género de Boca Juniors anunció que marzo seguiría con muchas actividades como talleres literarios con perspectiva de género, y reuniones orientadas a trabajar el protocolo contra la violencia. Las socias mujeres comienzan así a tener un mayor reconocimiento por su participación en la vida diaria del club.

Sin embargo, el escándalo suscitado por la grave denuncia por violencia de género por parte de Daniela Cortes a Sebastián Villa fue el primer paso atrás de Boca en este plano. La falta de un protocolo para abordar denuncias de esta índole se evidenció en el comunicado publicado en las redes del club. Probablemente sea la primera prueba para que la nueva dirigencia muestre su compromiso y tome las decisiones que correspondan en la continuidad de esta denuncia y el abordaje de futuras situaciones vinculadas a la violencia machista.

La asunción fue en diciembre, con el campeonato prácticamente terminado, sin técnico en el equipo de fútbol masculino, sin transición, y con más dudas que certezas respecto a las finanzas del club. Sin embargo, las primeras señales marcaron el rumbo.

La colonia de vacaciones de Boca, ubicada en uno de los barrios más relegados, estaba entre las más caras de la Ciudad de Buenos Aires. La decisión de la nueva dirigencia fue abrir los quinchos para quien quiera ir y bajar un 30% la cuota y el precio del abono para la temporada de pileta en el club, que estalló de gente como hacía años no ocurría. “Me llenaron la pileta de pibes”, se quejaba, en broma, una vecina con largo historial de veranos en el club.

Uno de los referentes de la agrupación Boca es Pueblo con militancia social activa en el barrio de La Boca y actual integrante de la Comisión Directiva, Matias Daglio, se entusiasmó con el camino emprendido: “Durante estos años de militancia fuimos testigos del desprecio del club a lo popular, a lo realmente solidario, a nuestra identidad. Vimos cómo cada pedido que hacíamos para hinchas y vecinos era ninguneado. Fueron capaces de negar hasta el uso de las duchas una vez a varias familias que habían perdido todo en un incendio. No se sonrojaban cuando cada año les presentábamos los informes por tener la colonia más cara del fútbol argentino en uno de los barrios más carenciados. Muchas de las reivindicaciones que sostenemos con hechos, en la humildad de nuestra organización, hoy son realidad en el club, empezamos a recuperar la identidad del Boca del Pueblo

Foto NA: DANIEL VIDES

El trampolín

Una noche de 1995, en pleno auge menemista, Franco Macri, acompañado por su hijo, citó en un restaurante porteño a un puñado de empresarios amigos. A la hora de los postres, les pidió un gran aporte económico bajo una promesa: “Mauricio va a ser presidente de Boca, jefe de gobierno y después presidente de la Nación”. La confianza de Franco, y su patrimonio, fueron el impulso clave para el desembarco en el club.

Boca fue, desde el comienzo, el trampolín de Macri para pasar a la política nacional.

Para esto fue clave la alianza estratégica con un reconocido empresario del sector del bingo, de origen radical y con con estrechos vínculos en el Poder Judicial: Daniel Angelici. Esta sociedad le permitió a Angelici desembarcar en Boca y poner a disposición las peñas del interior, que funcionaron como arterias territoriales de Cambiemos en la campaña de Macri a la presidencia en 2015.

Angelici profundizó la lógica que entiende al fútbol como una vidriera y una oportunidad de negocios, y para eso empleó en el club a diferentes gerentes con sueldos propios de empresas multinacionales que, al igual que los directores nacionales de Cambiemos en el Gobierno, siguieron en sus puestos cuando la nueva gestión asumió.

Macri llegó a la presidencia de Boca con la idea de imponer esa lógica empresarial: aumentó la cuota social un 25%, redujo los salarios a los empleados y el plantel profesional, recortó gastos en casi todos los deportes y ordenó la remodelación de los palcos con participación de la empresa Riva, vinculada directamente a su familia. Incluso la Bombonera cambió su nombre en esos años.

Mauricio Macri junto a Daniel Angelici. Foto NA: DAMIAN DOPACIO.

Hasta ese momento llevaba el de Camilo Cichero, en alusión al presidente de Boca que motorizó la construcción del estadio, aportando incluso fondos propios, cuando trajo al arquitecto esloveno que le dio la forma que aún hoy conserva. Macri propuso cambiarlo por el de Alberto J. Armando, gerente de la Ford que estuvo más de 20 años en la presidencia de Boca, en los que se mezclaron éxitos deportivos con serias dificultades económicas que dejaron al club al borde de la quiebra.

Los negocios del macrismo en Boca abarcaban muchos ámbitos. Los dirigentes fueron personalmente acusados por jugadores sobre su intervención en las compras y ventas. Como aquellas declaraciones de Marcelo Delgado (hoy trabajando junto a Riquelme en el fútbol profesional) en 2005, cuando acusó a Macri de querer hacer negocios propios con Boca: “A lo mejor él quiere hacer algún negocio personal para él, por eso quizá esté empeñado a no dejarme ir”, decía haciendo alusión al rechazo por parte del expresidente a una oferta que recibió para irse a jugar a Japón.

Posteriormente, Roberto Digón -actual vicepresidente primero- señaló a Macri por pedirle a Delgado una comisión de 500 mil dólares para transferirlo al fútbol japonés. No era la primera vez que esto pasaba. También Jorge Bermúdez (otro ídolo que hoy trabaja junto a Riquelme) acusó al ex presidente: “Del negocio que se hacía con Boca, siempre tenía que quedarle algo a él. Simplemente eso, tenía que existir la famosa coima o el famoso impuesto o como le quieran llamar, para dar la aprobación, el sí. Si no, era un rotundo no. Yo creo que algo de eso le acaba de pasar a Marcelo”. Contó, además, que en una oportunidad el Barcelona había pedido una cotización por su pase y él pudo ver un fax que se mandó desde el club donde respondían que valía siete millones de dólares, cuando en realidad lo estaban negociando por tres.

Román junto a Marcelo Delgado en el 2001. Foto NA: DAMIAN DOPACIO.

Durante el Boca de Macri era imposible concretar una transferencia si no pasaba por las manos de Gustavo Arribas -amigo personal de Macri, que terminaría manejando millones de pesos de fondos reservados como titular de la Agencia Federal de Inteligencia en el gobierno de Cambiemos- y Fernando Hidalgo, ex ayudante de Mascardi. “Macri no tiene escrúpulos. Tiene una cuenta en las Islas Vírgenes a nombre de sus testaferros Hidalgo y Arribas”, repetía Digón. En ese momento nadie parecía escuchar.

For export

Pero las sorpresas para la nueva gestión no terminaron ahí. Cualquiera que camine por el barrio de La Boca un día de semana puede ver los cientos de turistas que circulan a diario, visitantes de distintos países bajan de los micros que estacionan sobre la calle Brandsen para conocer la Bombonera. El paseo obligatorio es a través del Museo de la Pasión Boquense, inaugurado en el 2001. Fue, en su momento, un museo deportivo de vanguardia en Latinoamérica por sus contenidos y propuestas interactivas a cargo de la dirección creativa de Héctor Berra, quien luego llevaría su impronta a otros clubes del mundo.

Museo de la Pasión Boquense.

Sin embargo, más allá de los contenidos del museo, el interés del macrismo pasaba por otro lado. Durante años hubo sospechas y denuncias sobre la administración del mismo, pero el punto máximo llegó en una asamblea de socios en agosto de 2014, cuando se aprobó su privatización. Si bien las cifras no son claras, los balances indicaban que le dejaba a Boca 16 millones de pesos por año, mientras que la venta de derechos durante diez años a las empresas Torneos y Competencias S.A, Santa Mónica Argentina S.A y Museos Deportivos S.A, se anunciaba por 20 millones en total.

La concesión de un espacio tan importante del club a TyC generó una enorme polémica y descontento entre algunos socios que pudieron estar presentes en la sesión, y cantaban contra Macri y Angelici. La situación escaló: volaron sillas y Marcelo London, entonces tesorero de Boca y único dirigente presente, se retiró acompañado por seguridad. Los cánticos de la gente, además de insultar a los dirigentes, reclamaban que dejaran de hacer negocios con el club. La propia explosión de los hinchas hizo que entrara la barra brava, llamado mediante de algún dirigente preocupado, para administrar el conflicto. El hecho de que TyC le pagara a Boca por diez años lo que podría ganar el club en sólo uno, dejaba en evidencia cómo se perjudicaba a la institución. Pero lo que no se decía, era que quienes salían beneficiados, eran amigos del ¿ex? presidente Macri.

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Foja cero

Las finanzas del club se convirtieron rápidamente en un dolor de cabeza para las nuevas autoridades. Si bien se encuentra en proceso una auditoría llevada adelante por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, con el fin de esclarecer el panorama contable del club, la situación dista mucho de ser la que se cansaba de repetir el propio Angelici y distintos periodistas oficialistas. Se hablaban maravillas de la gestión económica y recibían cada viernes entradas de protocolo para repartir entre amigos o engordar sus ingresos. El propio vicepresidente, Mario Pergolini, lo expuso en su programa de radio buscando una explicación a los rumores periodísticos que planteaban supuestas diferencias suyas con Riquelme:

“Le sacamos un montón de entradas a varios periodistas. Algunos tenían 10, otros 15. A uno le encontré 30. No tiene sentido dar nombres, pero había muchas entradas que no sé a dónde iban. Las vendían o no sé lo que harían con ellas. Preferimos dárselas a la gente, porque tenían mucha cantidad en todos los partidos. Es raro porque es su trabajo. No creo que inviten a tanta gente. Había radios que tenían cabinas de transmisión y no transmitían los partidos. Se ve que antes no se daban cuenta de que la FM no pasaba los partidos”.

Mientras aún desembarcaba la fórmula ganadora en Brandsen 805, el nuevo presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, denunciaba en el programa de Gustavo Sylvestre la existencia de un acuerdo millonario entre el Boca de Angelici y la empresa AySA durante el gobierno de Mauricio Macri. El legislador fundó esa acusación luego de que Malena Galmarini, actual presidenta de la empresa de servicios públicos, lo constatara mediante una auditoría interna. A través de la misma, salió a la luz un acuerdo por 2 millones de pesos anuales en concepto de invitaciones para ver partidos en sectores vip de la Bombonera, y participar de recorridas turísticas por el estadio.

En ese período AySA dependía de la Secretaría de Obras y Servicios Públicos, presidida por Daniel Chaín dentro de la órbita del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda de Rogelio Frigerio. Según consta en documentos que salieron a la luz luego de la auditoría, el acuerdo se había firmado el 26 de agosto de 2019, es decir, después de la contundente derrota de Mauricio Macri en las PASO. El contrato entre AySA y Boca no se podría haber firmado sin aval político. Ameal se comprometió a investigar la denuncia efectuada por Massa y sostuvo: “Aparecieron cosas muy tristes, como que AySA aportaba dinero, una cosa que no se puede entender, involucrando a periodistas, lo que tampoco es bueno, porque esto no le hace bien a Boca”.

Pero esta no fue la única irregularidad denunciada. Una de las primeras cosas que dijo el nuevo presidente de Boca en la ceremonia de asunción, fue que esperaba encontrarse con un club en mejor estado. En ese momento, entregó a los periodistas presentes la copia de una denuncia realizada ante el juzgado Federal N°4, a cargo de Ariel Lijo, por el pase del jugador Leandro Paredes del fútbol ruso al París Saint-Germain de Francia. “Un faltante de 500 mil euros, unos 600 mil dólares, que parece que se lo robó un hacker”, dijo Ameal, prometiendo también ponerse al hombro dicha investigación.

Lo que se sabe hasta ahora es que, mediante una maniobra informática, el dinero correspondiente a la primera de las tres cuotas pactadas que tenía que pagarle el club francés a Boca terminó en una cuenta en México a nombre de una firma denominada “OM IT Solutions S.A de CV”. Parece que alguien olvidó actualizar el antivirus.

Identidad y futuro

Asignarle una impronta diferente a Boca se volvió una prioridad. La quita de los acrílicos que separaban la tribuna del césped fue uno de los primeros símbolos en relación al vínculo de la presidencia y los hinchas. Sebastián Rollandi, referente de la agrupación La Bombonera y parte de la nueva Comisión Directiva, narró el ritmo de la nueva gestión: “En tres meses, además de haber obtenido el campeonato de Primera División, nuestros principales ejes fueron recuperar el club para sus socios y socias, mejorando las instalaciones del estadio y reduciendo el abono para las colonias de verano y la pileta”.

“El club tiene que recuperar su identidad y su mística, para dejar definitivamente en el pasado a los dirigentes que quisieron convertirnos en una sociedad anónima”.

La sociedad anónima era un objetivo real del macrismo para todos los clubes. El expresidente intentó sin éxito impulsarlo a través de distintas iniciativas en AFA y Superliga. De hecho, pensar la institución como una empresa fue símbolo de la gestión de Macri y sus sucesores en Boca.

“Estamos formando una familia. El tema no es presidir, sino rodearse bien y con proyectos. Si la gente te acompaña, te puede ir bien”, declaró días atrás el propio Ameal en Radio La Red. El desafío que le toca es enorme: tendrá que dejar atrás el entramado de negocios del macrismo, la connivencia con la barra brava, y el afán por la privatización del fútbol. Sólo así será posible realizar lo que se propone la actual dirigencia: la apuesta hacia un verdadero fútbol popular e inclusivo, un fútbol de la gente, no de las barras bravas. Los y las xeneizes tiene razones para ser optimistas, si se tiene en cuenta que la gran figura del nuevo proyecto es uno de los pocos jugadores que se animaron a desafiar públicamente a la barra del club.

Juan Roman Riquelme el día de las elecciones. Foto: NA.

Todavía están frescas las declaraciones de Riquelme cuando no festejó el gol que coronó a Martín Palermo en 2010 como máximo goleador en la historia del club: “A mí no me salió festejar el gol detrás de ese arco (…) por eso corrí para el corner a festejar con la platea, porque el día domingo viví una situación que no fue agradable para mí”.

Cae la noche del 7 de marzo. En Tucumán la historia termina empatada y Marcelo Gallardo se lamenta después de una semana donde se dijo de todo. En el barrio de La Boca, Román se ceba otro mate, lo abraza a Chanchi, su hermano, y mira imperturbable cómo festeja toda la Bombonera. Boca acaba de salir campeón de una Superliga que le arrebató a River en el último suspiro: con Tevez como figura, Maradona en el banco visitante y Riquelme en su palco. Esta vez tampoco va a sonreír, pero igual que el resto de los hinchas de Boca sabe que con el primer título se termina de derrumbar el imperio macrista en Boca. La mitad más uno, excepto uno, está feliz.