De la muerte del Diego a las acusaciones cruzadas por los incidentes: crónica de las 48 horas que conmocionaron al país

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Los rumores comenzaron a correr con fuerza minutos antes de las 13:00 del miércoles 25 de noviembre. A las 13:07, el diario Clarín lo titula en su portada. Murió Diego Armando Maradona. La información se replica rápidamente en portales, canales de noticias y programas radiales. El pueblo no lo quiere creer. Su pueblo, ese que aguarda una desmentida que no llegará.

Guillermo Andino llora en la televisión al dar la noticia. Sebastián Vignolo olvida su cadencia grandilocuente y conduce con tono cuasi sombrío, flanqueado por Oscar Ruggeri y Daniel Arcucci, dos de las personas que más conocieron al Diez, quienes permanecen en el estudio perplejos, azorados por la conmoción.

Rápidamente, el presidente Alberto Fernández decreta tres días de duelo nacional. La primera figura política de la Argentina en despedirlo es Cristina Kirchner. “Fuiste el más grande de todos. Gracias por haber existido, Diego. Te vamos a extrañar toda la vida“, se pliega el jefe del Estado. Minutos después, envía sus condolencias Mauricio Macri, sin importar las mil y una diferencias que lo separaban del astro mundial.

Horas más tarde se sabrá que todo comenzó a las 11:55, cuando la enfermera, la psiquiatra y el psicólogo personal de Diego ingresaron a su habitación en la vivienda del barrio privado de San Andrés, para efectuar los análisis de rutina. Jamás respondió. Las maniobras de rehabilitación fueron en vano. La enfermera salió a la calle, moviendo la cabeza de un lado a otro, balbuceando: “No, no puede ser, no, no, no…”. Había partido el mejor jugador de todos los tiempos.

Guillermo Vilas, Emanuel Ginóbili, Gabriela Sabatini, Luciana Aymar y Juan Martín Del Potro son las primeras figuras del deporte nacional en expresar su profundo pesar. Pronto se suman Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Los mensajes se multiplican en todas las redes sociales. El mundo se paraliza porque la noticia vuela en tiempos de 4G y sabremos, 24 horas después, que desembarcará hasta en Siria. Nápoles es un velorio y su alcalde confirma en el transcurso del día que el estadio San Paolo pasará a llevar el nombre del máximo ídolo de su historia.

La bandera de la Argentina se coloca a media asta en la Plaza de Mayo. Alberto Fernández brinda una entrevista en la que ofrece el estadio de Argentinos Juniors para realizar el velatorio. Luego le ofrece a la familia del Pelusa la Casa Rosada, para que el adiós popular sea del estirpe del de Juan Domingo Perón, Eva Duarte, Raúl Alfonsín o Néstor Kirchner.

Entretanto, la Selección de Inglaterra le hace un homenaje para la posteridad: “Inolvidable. Adiós, Diego. Una leyenda de nuestro juego“. Mensaje icónico. El hermano de Carlos Bilardo, el entrenador campeón del mundo que “lo quería como un hijo”, confiesa que le habían apagado la tele al Doctor, porque comunicarle la noticia lo hubiese devastado.

Se suceden los tributos en todas partes. Los partidos de la Champions League pactan un minuto de silencio antes de cada pitido inicial. Un video de La Noche del 10 se hace viral: Diego entrevistándose a sí mismo, 15 años atrás, en donde se pregunta qué le diría a Maradona si tuviese que enunciar unas palabras en el cementerio. “Gracias por haber jugado al fútbol“, responde él mismo, con autenticidad.

La Ciudad de Buenos Aires ofrece su primeros actos de veneración. Esos que no terminaron en bochorno. Santuarios en La Paternal y La Boca, pancartas en la Casa de Gobierno y una movilización masiva al Obelisco. Rememorando los aplausos a los médicos en el comienzo de la cuarentena, millones de personas salen a sus balcones a las 10 de la noche para despedir a Maradona. Entre las 22 y las 22:10, se encienden las luces de los estadios del fútbol argentino. Boca, que había suspendido su partido por los octavos de final de la Copa Libertadores en Brasil, ilumina el palco de Diego en La Bombonera en un adiós simbólico.

Por otra parte, el fiscal general de San Isidro, John Broyad, había advertido en horas de la tarde que comenzaría una investigación para averiguar las causas de muerte del ídolo, y adelantado ante la prensa que el cuerpo no presentaba signos de violencia. A última hora del miércoles, la autopsia indica que falleció dormido, por un “edema agudo de pulmón secundario y una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada”.

Jueves 26 de noviembre. Seis de la mañana, con una fila infinita en las inmediaciones de la Plaza de Mayo, comienza el velatorio en la Casa Rosada. Más de 80 diarios en el mundo colocan al Diez en su portada. Una postal a la salida del recinto presidencial viaja por el planeta: un hincha de River llora abrazado con otro de Boca la pérdida del último prócer futbolero.

El último representante de Diego, Matías Morla, emite un comunicado con fuertes críticas al personal de la salud por la supuesta falta de atención que recibió su cliente en sus últimos minutos de vida. Mientras centenares de personas transitan por el Salón de los Patriotas Latinoamericanos para ver el féretro, el Papa Francisco le envía un rosario a la familia de Maradona. Entre flores, banderas y choripanes, Alberto Fernández llega a la Casa de Gobierno a las 11:00 y le hace su propio homenaje con la camiseta del Bicho.

Hasta las 14:00, total normalidad. Es en ese entonces que las fuerzas de seguridad deciden hacer un cordón policial en la Avenida 9 de Julio y Avenida de Mayo para frenar el ingreso de la gente. La familia había estipulado terminar con el funeral a las 16:00, y, sabido era, 10 horas no alcanzarían para que se pudieran despedir más de un millón de personas.

La Policía inicia el operativo represión: corridas, gases lacrimógenos y balas de gomas auguran el inicio de una jornada compleja. Mientras tanto, arriba Cristina a la Casa Rosada y se reencuentra con el Presidente tras dos meses. Abrazo con Claudia Villafañe, charla con Dalma y Gianinna Maradona y un momento a solas para darle su último adiós. También se despide el plantel de Gimnasia y Esgrima de La Plata, últimos dirigidos por Diego.

Ante los disturbios, los funcionarios nacionales convencen a la familia de extender el velatorio hasta las 19:00, pero ya era tarde. La situación en el centro porteño estaba desmadrada. A las balas policiales le llegó una respuesta de un centenar de barrabravas invadiendo por la fuerza la Casa Rosada, en una escena propia de la ficción. Cánticos para Maradona en el Patio de las Palmeras, baño colectivo en la fuente interna y el busto de Hipólito Yrigoyen por el piso. Tensión absoluta en el recinto presidencial por lo que podría haber sido una catástrofe: dentro de la Casa de Gobierno había una multitud de delincuentes con causas penales.

La familia y el Ejecutivo nacional dan por terminado el velatorio y comienza un cortejo fúnebre inolvidable desde Balcarce 50 hasta Bella Vista, con el tránsito de la Autopista 25 de Mayo frenado en gran parte del recorrido. El ministro del Interior, Wado De Pedro, enciende la polémica al achacarle al gobierno de la Ciudad la represión policial cuando el operativo le pertenecía a la administración de los Fernández que, para colmo, emite un comunicado en el que asegura que “se controló la situación de manera pacífica”.

En una ceremonia de 25 personas, la familia y los allegados de Maradona culminan su calvario en la localidad bonaerense susodicha, no sin que hubiera algunos incidentes en la entrada del cementerio. El día termina con uno de los homenajes más creativos: Renato Portaluppi, entrenador de Gremio, sale a dirigir a su equipo en la Copa Libertadores con una camiseta de su ex colega. Fueron rivales en el Argentina-Brasil de 1990.

Viernes 27 de noviembre. Se acrecienta la disputa Nación-Ciudad y la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, afirma que le había pedido a su par porteño, Diego Santilli, que “dejara de reprimir” porque había que “cuidar a la gente, aunque fueran barrabravas“. Incomprensión total. El vicejefe de Gobierno de la CABA contraataca: “Así no se puede trabajar”. Alberto Fernández reconoce que “no previó” que iban a asistir los reyes del paraavalancha.

Dalma Maradona es la primera hija en despedir a su papá en público, con una postal mítica entre ambos. “Volveme a mirar con ese amor que se ve en la foto, te amo para siempre”, cierra. Luego se suma Diego Maradona Júnior. ¿Es el final del día? No. En horas de la tarde, se conoce que la enfermera que cuidaba a Diego en el barrio San Andrés fue obligada a entregar un reporte falso el día de la muerte. Ella lo deja asentado en la Justicia. La investigación continuará.