De la imagen deteriorada en su cumpleaños al deceso en Nordelta: cómo fueron los últimos 25 días de Maradona

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Todo comenzó el 30 de octubre, cuando Diego Armando Maradona cumplió sus 60 años. La Asociación del Fútbol Argentino había estipulado que el corte de cinta de la Copa Liga Profesional lo efectuara Gimnasia de La Plata como local, para poder realizarle un homenaje al mejor jugador de todos los tiempos. El astro argentino se presentó en el estadio del Tripero y se vio muy desmejorada su figura. Apenas aguantó 10 minutos y se retiró de la cancha. Fue el principio del fin.

Tres días después, Maradona fue internado en el Sanatorio Ipensa, en La Plata, y 24 horas más tarde se lo trasladó a la Clínica Olivos para ser intervenido quirúrgicamente de un hematoma subdural. Su médico neurólogo, Leopoldo Luque, alegó en ese entonces que el Pelusa estaba “mal psicológicamente”, lo que “repercute en el cuerpo, porque se alimenta mal, te cambia todo”.

“La cantidad de días que esté acá es algo que tengo que trabajar yo. Diego está bien, de alta se va cuando quiera. Mi idea es tenerlo a lo mejor tres días para ajustar tratamientos y ver la evolución. No hay nada de urgencia. Lo vi triste, eso nos llevó a internarlo de común acuerdo. Diego es una persona de ciclos, a veces está muy bien y de a ratos no tan bien. No me gustaba el momento en el que estaba. Traerlo acá lo ayuda”, había aclarado al momento de ingresarlo en el Sanatorio de la ciudad de las diagonales.

Al día siguiente, el martes 3 de noviembre, el astro argentino fue trasladado en una ambulancia hacia la Clínica Olivos para una operación de urgencia a raíz de un hematoma subdural en el lado izquierdo de la cabeza. Luque, a cargo de una intervención que calificó “de rutina”, ratificó estaba “lúcido, comprende y está de acuerdo con la operación”. 

Luego de ocho días de internación y bajo el monitoreo constante de sus hijas, recibió el alta médica y el entorno familiar acordó trasladarlo hacia una casa del barrio San Andrés para continuar con la recuperación. Incluso, Luque publicó una foto con él previo a retirarlo de la clínica, lo que provocó el enojo de las hijas de Diego.

En las últimas dos semanas de su vida, Maradona estuvo acompañado por sus allegados más cercanos y rodeado por un inmenso equipo de facultativos, que trabajaban a destajo con el fin de recuperarlo. Distintas fuentes especularon con que pronto volvería al trabajo, otras infirieron que volvería a trasladarse a Cuba -como en la rehabilitación que efectuó a comienzos de siglo-, pero el Diez jamás salio de su vivienda en Nordelta.

Maradona convivía con una enfermera que lo monitoreaba las 24 horas, realizaba ejercicios con su kinesiólogo para mejorar la motricidad, estaba rodeado por su círculo íntimo y recibía la visita asidua de sus hijos, principalmente Gianinna y Jana. El objetivo era que escapara al consumo de alcohol. “Se debe principalmente a consumos que él tuvo durante toda su vida, nosotros no la definimos puntualmente con determinada sustancia o bebida“, había graficado Luque sobre la abstinencia que sufría su paciente.

Diego Fernando Maradona, el hijo más pequeño del astro -lo concibió con Verónica Ojeda-, pudo visitarlo y publicó hace dos semanas en las redes la última foto con su papá. “Te extrañé mucho”, fueron las palabras que utilizó. A las 12:00 del mediodía de este miércoles, finalmente, falleció de un paro cardiorrespiratorio.