De Bergoglio a Francisco: sin pisar la Argentina, celebra sus cinco años en el Vaticano

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Hace cinco años que Jorge Bergoglio fue rebautizado con el nombre de Francisco en el Vaticano. Desde ese día, el Santo Padre jamás volvió a la tierra donde nació y pasó 57 años: 56 como miembro de la Iglesia Católica, 15 como arzobispo de Buenos Aires, 12 como cardenal primado de la Argentina, ocho como presidente del Episcopado.

“¡Habemus papam! eminentissimum ac reverendissimum dominum Georgium Marium Bergoglio (Tenemos papa. El eminentísimo y reverendísimo señor Bergoglio)”, fue la frase que dio nacimiento a un cambio radical dentro de la Iglesia Católica. El nombre que eligió ya anticipaba lo que se venía: Francisco, por San Francisco de Asís, quien eligió vivir en la extrema pobreza y transmitir la austeridad como valor fundamental.

En Argentina, la noticia del nuevo Papa fue recibida mientras se gestaba aquello que más tarde todos denominarían “la grieta”. Tal vez por eso Francisco eligió no pisar la tierra donde nació en los primeros años y estiró ese “más tarde” hasta el día de hoy.

Bergoglio nunca se llevó bien con el kirchnerismo, pero Francisco sí. El obispo de Buenos Aires fue una presa que Néstor Kirchner no pudo cazar. Con la intención de alejarlo del juego político, el santacruceño delegó aquella guerra en el entonces jefe de Gabinete Sergio Massa, el heredero del rencor del jesuita (a quien, según cuenta el periodista Diego Genoud en su libro, Francisco lo llama “el falso profeta”).

Bergoglio nunca se llevó bien con el kirchnerismo, pero Francisco sí

“Cuiden a Cristina”, fue la frase que usó Francisco para abrirle la ventana a la presidenta que antes lo criticaba. Luego, el kirchnerismo no tardaría en utilizarlo -y él, en dejarse utilizar- y mostrarlo con todos los candidatos. Con Macri, fue al revés: el ahora presidente se consideraba un amigo de Bergoglio pero nunca consiguió la bendición de Francisco. Sí tuvieron un encuentro formal en el Vaticano, pero el líder del PRO no logró traerlo de nuevo a su tierra, pese a que visitó casi todos los países limítrofes.

Con un fuerte abrazo del votante católico, el Gobierno aún se niega a resignar la relación con Francisco. “Ya vendrá”, dicen, pero no lo creen. Puertas adentro de la Rosada, miran con cansancio la actitud obtusa del Santo Padre. Por eso, en voz baja, ya lo llaman “el Papa kirchnerista”.

Los esfuerzos por traerlo mitigaron. “¿Para qué?”, preguntan con cierta lógica. Tal vez para hacer algo de ruido en el Vaticano, el Gobierno incorporó en su “agenda social” el debate por la despenalización del aborto, en contra de las máximas de la Iglesia Católica. ¿Pisará Francisco algún día las tierras de Bergoglio?