Conmoción en Misiones: ¿qué hay detrás de la madre que pide la eutanasia para su hijo con parálisis cerebral?

El mecanismo para terminar con la vida de una persona no está permitido en la Argentina. Miradas contrapuestas de abogados y un médico forense.
El Canciller - Comentarios
@ANDREA SARA GARCIA MARCOTE A cualquiera le puede pasar....
@MARIA INES JACQUEMAIN Adrian no tiene muerte...

Un caso familiar conmociona a la provincia de Misiones. Esta semana, Eva Briñócoli realizó un pedido desesperado para que le practiquen una eutanasia a su hijo Adrián Martínez, de 22 años, quien sufre una parálisis cerebral desde su nacimiento y padece convulsiones a diario. La enfermedad no tiene cura y los médicos le adelantaron a la familia que tampoco hay una metodología clínica para que los dolores disminuyan: el chico no habla, no puede valerse por sí mismo, se autolesiona y pasa su vida entre un corralito de madera y su cama.

Por esa razón, Briñócoli y su marido dijeron basta y decidieron reunir a distintos periodistas en su domicilio de la localidad de Candelaria -ubicada a 25 kilómetros de la capital, Posadas-, para mostrarles cómo es transitar el día a día con su hijo, a quien deben cuidar las 24 horas del día. “Tenemos que cambiarle los pañales, higienizarlo, darle de comer, nadie puede venir a casa y tampoco lo podemos sacar“, relató al Canal 12 de Misiones.

Adrián Martínez es uno de los cuatro hijos de la pareja. Desde el nacimiento del chico, Eva y su esposo viajaron por los centros médicos más respetados del país -entre ellos, el Hospital Garrahan de la Capital Federal- para hallar una mejora, pero sólo obtuvieron más medicamentos y terapias que no surtían efecto. Al día de hoy, el chico ingiere 13 remedios por día para morigerar las convulsiones y por su patología duerme sólo tres horas por día.

“Hay gente que opina sin saber. Creo que deberían conocer a mi familia y a mi hijo, que tiene una discapacidad del 100%. Posee juguetes y no sabe utilizarlos. Es como un bebé. Desde que lo tenemos nuestra vida transcurre entre cuatro paredes. Yo prefiero que el chico descanse, porque él también sufre“, contó la madre, quien desde hace más de dos décadas se levanta por la madrugada para asistirlo. Como su hijo llora cuando escucha sonidos desconocidos, no reciben visitas en el hogar y apenas pueden salir a pasear con él por la calle.

Muchos dirán que soy una mala mamá, que quiere matar a su hijo, pero les pido que se pongan un poco en mis zapatos. Con mi marido ya nos vamos poniendo grandes y no sé qué va a pasar con Adrián cuando nosotros ya no estemos”, lamentó. Después de analizarlo tres años seguidos y consultar en múltiples centros psiquiátricos, Eva decidió pedir la eutanasia directa, que consiste en provocar la muerte de la persona y en la Argentina -a diferencia de lo que sucede en Bélgica, Canadá u Holanda- no está permitida.

En tanto, el Comité de Bioética de Misiones respondió de forma negativa al petitorio de la familia. “Lo que está permitido en la Argentina es la ortotanasia -o derecho a una muerte digna-, que consiste en que pacientes que están atravesando una enfermedad que es irreversible, incurable o en estado terminal, puedan solicitar el rechazo de procedimientos quirúrgicos, soporte vital y reanimación para terminar con el sufrimiento”, puntualizó el secretario Luis López Torres.

Los padres de Adrián Martínez, luego de 22 años de cuidar permanentemente de una persona con absoluta dependencia a cada momento del día, desean que un juez escuche su situación y analice un atajo legal. El Canciller se comunicó con dos abogados penales para obtener precisiones sobre el caso y encontró visiones contrapuestas.

¿Homicidio o excepcionalidad a la norma?

“Es una enfermedad irreversible, no hay duda de eso, pero la ley no brinda un mecanismo para estas situaciones. El estado del chico es estar vivo y el que lo desconecta lo está matando. Eso conllevaría una pena, los integrantes de la familia serían punibles ya que el artículo 79 del Código Penal hablaría de homicidio. Con la ley como está, no hay posibilidad de cumplir la voluntad de la madre”, considera el letrado Cristian Poletti.

¿Cuál es la diferencia entre la eutanasia y la Ley de Muerte Digna (u ortotanasia), sancionada en 2012 en el Congreso de la Nación? “En la ortotanasia tenés el consentimiento de la persona, que es la que determina sobre su cuerpo y elige morir con dignidad. Acá sería un tercero que está decidiendo sobre el chico y está pidiendo que lo desconecten”, aclara el abogado José Luis Ghioldi.

Para poder brindar el consentimiento, la persona en cuestión debe ser mayor de edad y contar con capacidad plena de derechos. En este caso, Adrián Martínez no está en condiciones de dar una aprobación válida porque no se puede valer por sus propios medios: tiene muerte cerebral.

Ghioldi, sin embargo, asegura que la familia podría hallar un mecanismo legal para hacer efectiva la eutanasia: “Los jueces podrían utilizar el principio de equidad, decir ‘esta norma (NdR: la que impide la eutanasia) no corresponde aplicarla’ y sacar un fallo excepcional. El último intérprete de la ley es el juez, y el que controla la constitucionalidad de la norma es él. Se la podría rebuscar para encontrar una interpretación legal”.

La óptica desde la medicina

El médico forense Miguel Montenegro también abre una ventana a favor de la voluntad de la familia. “Un mecanismo para que el chico no sufra sería ponerlo prácticamente en hibernación. Es decir, hacerle perder la sensibilidad, el conocimiento y alimentarlo por via parenteral con transfusiones, pero eso tampoco está aceptado desde el punto de la Bioética. Lo podrían hacer clandestinamente, una institución médica no se va a prestar a ese tipo de práctica”, sostiene ante la consulta de este medio.

En este sentido, el profesional de la salud cuenta que 30 años atrás, en la ciudad de La Plata, gambeteó la ley ante un caso similar. “Formé parte de un grupo de sanitaristas que asistíamos a un paciente con cáncer de vejiga, un padecimiento dolorosísimo. No había analgésicos ni nada que lo pudiera aliviar. La junta médica resolvió hacer una suerte de sueño prolongado, con vía parenteral para la hidratación. Al cabo de 10 días, el hombre no despertó”, relata, y considera que es “difícil legislar en este tema, por lo escabroso y porque hay muy posiciones enfrentadas”.

Para cerrar, deja una mirada ligada a lo moral: “En casos irreversibles, deberíamos pensar seriamente en hacer algo que aminore el sufrimiento del paciente. La misión del médico es salvar la vida y amenizar el estado de la persona. Si para salvar la vida se agudiza el sufrimiento de la persona, ¿es válido eso?“.