Con un tono conciliador, esquiva Marcos los reclamos del kirchnerismo y ratifica el Presupuesto

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Luego de un mes de camuflaje público, en el epicentro de la turbulencia más severa desde que Cambiemos arribó al poder, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, regresó al centro de la escena cuando exponga en la Cámara de Diputados un nuevo informe de gestión del Gobierno nacional.

Los discursos desacertados del supremo ministro respecto a la situación económica, que junto al fallido anuncio de Macri aludiendo al préstamo extra del Fondo Monetario Internacional originaron la segunda corrida cambiaria del año, llevaron al Presidente a hacer lugar al recurrente pedido de los mercados: alejar a la espada oficial más optimista del poder. Incluso, en los primeros veinte minutos en los que abrió su informe de gestión, la economía fue uno de los temas que no eligió exponer el jefe de ministros, mientras que hizo eje en la lucha del gobierno contra le narcotráfico y en las políticas en materia de seguridad.

Luego, después de los reclamos de Áxel Kicillof y otros diputados del kirchnerismo que expresaron su resistencia a la iniciativa, Peña descartó la posibilidad de modificar el Presupuesto oficial y ratificó el proyecto que necesitará el aval del Congreso en las próximas semanas. Allí, será clave el rol que jugará el espacio del Frente Renovador y el Peronismo Federal para garantizar o no su aprobación.

El jefe de Gabinete, entonces, reaparece después de haber sobrevivido y busca recuperar su terreno después de la crisis. Si bien Macri no tomó la decisión de alejarlo de la Casa Rosada, sí optó por erosionar su autoridad, quitándole a los dos laderos -Mario Quintana y Gustavo Lopetegui- y ocultándo su figura hasta que el Ejecutivo comenzara a encarrilar su cauce. En ese sentido, su lugar fue tomado dualmente por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, quienes pusieron la cara en el peor momento.

En el medio sucedieron muchas cosas: la reducción del gabinete y el cercenamiento a 10 ministerios, el nuevo convenio con el organismo multilateral de crédito, un índice del 4% de inflación en el mes de agosto, el incremento de la pobreza a un 27,3%, la renuncia de Luis Caputo a la administración del Banco Central y el consecuente desembarco de Guido Sandleris, el lanzamiento oficial de la alianza peronista, entre otras.

Tras haber cancelado su informe de septiembre pasado en el Senado, Peña retorna a la actividad oficial en un escenario mucho más propicio, con un dólar más apacible -cerró a $39- a raíz del nuevo régimen cambiario que debutó de manera auspiciosa en la City porteña.

No obstante, las estadísticas negativas que se revelan día tras día en el sector del consumo -en agosto, la venta de inmuebles con crédito hipotecario se derrumbó en un 60% interanual, en septiembre, las ventas de autos se desplomaron en un 35%- y la magra coyuntura socioeconómica nacional advierten una sesión convulsionada para la mano derecha de Macri, que se prepara para atajar un aluvión de críticas.

Como si fuera poco, el Gobierno tiene por delante la necesidad de aprobar el Presupuesto 2019, proyecto que se encuentra en plena discusión en la Cámara baja. El tópico sobrevolará toda la jornada en el recinto, ya que a partir de la aprobación de esa norma se diagramará el año electoral.

Sabida es la reticencia opositora a un ajuste de $300.000 millones en el gasto público, pese a que algunas figuras vean con buenos ojos el desgaste que aquello pueda producir en el Ejecutivo de cara a los comicios presidenciales, principalmente en la provincia de Buenos Aires.

Además, la falta de credibilidad que recae sobre la administración nacional respecto a los objetivos planteados en la Ley de leyes tiene sólidos fundamentos; de las metas estipuladas para este año, ninguna se cumplió: la inflación triplicará al 15,7% establecido, el tipo de cambio duplicará al previsto y la actividad económica diferirá en un 5%.

La Cámara baja no sesiona desde agosto pasado, justamente cuando el jefe de ministros dio su último informe ante los diputados. Sin embargo, al optimista Marcos, las detracciones no lo intimidan. Esta mañana volverá a un familiar escenario para demostrarlo.