Con las retenciones en la mira, culpa el Campo a los supermercados por los precios en las góndolas

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Después de que el Fondo Monetario Internacional publicara una serie de propuestas para que el Gobierno lleve adelante en aras de reducir el déficit fiscal, entre las que se destaca el freno a la quita de retenciones a la soja y a otros productos agrícolas, el sector agroindustrial tocó las puertas del oficialismo para asegurar que Mauricio Macri cumpla con continuar con el esquema de retenciones que diagramó en los primeros meses de gestión. “El esquema de retenciones no se toca”, fue la respuesta presidencial que recibieron aliviados. En el mismo sentido, el lobby del campo publicó un informe en el que muestra que los precios que se ven en las góndolas están lejos de los que cobra un productor agrícola.

Frutas, verduras, huevos, carne y pollo recorren un largo camino desde que el primer proceso de producción, en el campo, hasta que llegan a la góndola del supermercado. Entre todos los eslabones que componen la cadena de producción, la brecha de precios entre lo que cobra el productor y lo que termina pagando el consumidor en el comercio es cada vez más grande, siendo éste un factor clave de presión inflacionaria.

El consumidor paga en góndola más de cinco veces el valor que recibió el productor en las puertas de su campo.

Según un informe realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el consumidor paga en góndola, en promedio, más de cinco veces el valor que recibió el productor en las puertas de su campo. Si bien existen algunos procesos costosos, como el transporte o la refrigeración, la brecha existente en algunos productos es inmensa.

El limón y la naranja son los casos más impactantes. En el caso del primero, el consumidor pagó 14 veces más de lo que recibió el productor (la brecha aumentó significativamente en los últimos dos meses). Según CAME, se debe al fuerte desplome que sufrieron los precios al productor.

En el mismo sentido, la naranja se paga 11 veces más en la góndola (la explicación es la misma que para el limón). En cambio, en otros productos como la frutilla, el consumidor pagó apenas 1,32 veces más de lo que recibió el productor; en el caso del huevo 2,17; en la carne de pollo 2,45 y en la cebolla, 2,67 veces.

Por el limón, el consumidor pagó 14 veces más de lo que recibió el productor y por la naranja, 11.

Los productores sólo tienen incidencia en los primeros procesos y se estima que su participación en los precios finales oscila el 25% (subió de 22,3 a 24,6 en junio), por lo que otro 75% corresponde al resto de la cadena productiva y, por supuesto, a impuestos que fija el Estado.

Dejando de lado a la producción,  los otros eslabones de la cadena son los que se encargan de ir aumentando el precio paulatinamente hasta que se llega a la etiqueta que se ve en la góndola. Según CAME, “las diferencias están determinadas por un conjunto de comportamientos de los diferentes actores del mercado, algunos de ellos especulativos, básicamente de las grandes cadenas de supermercados que se abusan de su posición dominante. Otros son factores comunes como la estacionalidad, que afecta a determinados productos en algunas épocas del año, o los costos de almacenamiento y transporte”.