Cambios que embarran un nuevo aniversario

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El 42° aniversario del último golpe cívico militar llega en un momento del país en el que algunas cuestiones que creíamos indiscutibles como sociedad hoy son puestas en duda.

En mayo pasado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación nos sorprendió con la aplicabilidad del cómputo del “2×1” para aquellos prisioneros por delitos de lesa humanidad en la dictadura.

Durante el verano pudimos ver vacacionar al genocida Miguel Etchecolatz en su estancia en Mar del Plata, quien se vió beneficiado por el arresto domiciliario, y aunque luego volvió a la cárcel, en estos días la discusión se centra en la posibilidad de que Alfredo Astiz goce también del mismo beneficio.

La muerte del represor Luciano Benjamín Menéndez, sin una mínima señal de arrepentimiento y con un récord de condenas a prisión perpetua; o el pedido de Guillermo Pérez Roisinblit, uno de los nietos recuperados, para que su apropiador no saliera en libertad luego de que amenazara con matarlo, son algunos de los hechos que transcurren en un contexto que remueve lo peor de la sociedad.

En este marco, algunos sectores de la sociedad aún se atreven a cuestionar el accionar cívico militar de la última dictadura, abrazan la justicia por mano propia y celebran los abusos de autoridad por parte una policía que responde a un Gobierno -que de a poco va abandonando las políticas de derechos humanos- con definiciones laxas a la hora de condenar ciertos accionares.

Sectores de la sociedad aún se atreven a cuestionar el accionar militar de la dictadura, abrazan la justicia por mano propia y celebran los abusos de autoridad de la policía.

Este aniversario llega en un momento de reivindicación de los casos de gatillo fácil, que se multiplican con menor visibilidad por fuera de la frontera de la General Paz, con instituciones del Estado vacías de contenidos y significaciones, con un oficialismo que mira para otro lado y una oposición aún endeble, vulnerable y acéfala.

Mientras tanto, los genocidas mueren sin decirnos dónde están los desaparecidos. Aún quedan 400 nietos apropiados que desconocen su verdadera identidad, y todavía queda un largo camino de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. #30MilSomosTodos