Buscar oportunidades y ayudar: de la “comida por peso” a reinventarse ante la crisis

Dos socios, un proyecto gastronómico y una pandemia que los sorprendió al poco tiempo de abrir. Cuál fue la solución para seguir adelante con el emprendimiento, y cómo encontraron una forma para colaborar con quienes más lo necesitan.
El Canciller - Comentarios
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El aislamiento obligatorio trajo consigo la necesidad de transformarse. Distintos tipos de comercios buscan alternativas para vender sus productos u ofrecer sus servicios. Promociones, envíos, descuentos, y diferentes opciones creativas son las que ayudan a mantener a flote una estructura comercial que alcance, aunque sea, para cubrir los gastos fijos y que los empleados puedan cobrar sus sueldos.

Hace seis meses, Agustín Sevita y Marcos Massa abrieron en Olivos The Cook Company, un local de comida al peso sobre la Avenida Libertador. “Buscamos una buena ubicación, cerca de oficinas”, señaló Agustín, quien nunca imaginó que medio año después de inaugurar su local, tendría que armar un nuevo modelo de negocios para enfrentar una pandemia.

Un mediodía en The Cook Company previo al aislamiento.

Además de ser socios, Agustín y Marcos son amigos, y habían llevado a trabajar a sus padres junto a ellos en este nuevo proyecto. “Es gente mayor, y hoy tenemos que preservar su salud”, expresó Agustín, quien cerró inmediatamente el local en cuanto Alberto Fernández decretó el aislamiento obligatorio.

“Teníamos 140 platos al mediodía, de gente que venía, entraba, elegía, pesábamos y cobrábamos”, señaló el emprendedor sobre el funcionamiento de su negocio, previo a que se desencadene la situación que sorprendió a todos. Tras el paso de las primeras semanas, los socios se vieron en la necesidad de volver a abrir “para trabajar en conjunto con los empleados, que puedan tener una entrada”. Así fue como reunieron nuevamente a su equipo, y las luces de la cocina se volvieron a encender.

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Volver a empezar

Por supuesto que, debido al aislamiento, no iban a poder llevar a cabo su negocio de comida al peso los mediodías para la gente que trabaja en la zona. Así fue que debieron recurrir a la creatividad: “Tuvimos que adaptarnos”.

Lo primero que hicieron fue vender por delivery a través de populares aplicaciones de entrega a domicilio. Pero esta alternativa no les resultó rentable, debido a la comisión del 30% que les cobraban por cada envío, un porcentaje alto para un comercio de este tipo, que incluso superaba la ganancia que se llevaban por cada plato vendido.

La fila que se formaba todos los mediodías con la gente que trabaja en la zona.

Otro problema al que se debieron enfrentar para trabajar con delivery, es que la gente del barrio no los conoce: “No somos un bar, tampoco somos un restaurant”, precisaron. Es que sus clientes son personas que no viven en la zona, sino que es un público que se dirige al lugar para cumplir con su jornada laboral, algo que ahora, lógicamente no está sucediendo. “Estuvimos nuevamente dudando en cerrar, porque no alcanzaban los ingresos para cubrir ni siquiera la materia prima”, recordó Agustín.

Ante este panorama, hace dos semanas los emprendedores debieron comenzar a pensar en otro modelo de negocio que les permitiera seguir subsistiendo: “Tuvimos que reinventarnos”. Fue entonces cuando decidieron probar suerte con la venta de viandas: “La gente nos hace el pedido durante toda la semana, y los miércoles se entrega”.

Para no generar un gasto extra por el delivery, el reparto lo hacen ellos mismos, y recorren toda la Zona Norte de la Provincia, y los barrios de Nuñez, Belgrano o Palermo en Capital Federal. Todas las semanas arman dos “combos” de cinco platos cada uno, y hay dos opciones de viandas, unas calóricas y otras saludables. El “combo” con las cinco viandas frescas tiene un valor de $1250. “La primera semana fue bastante dura”, indicó Agustín. Es que tras los primeros siete días, fueron entregadas 70 viandas. La segunda, lograron llegar a 100, y así esperan seguir aumentando las ventas.

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Pensar en los demás

La idea de los socios no terminó ahí. Entendiendo el grave contexto por el que está atravesando el país, Agustín y Marcos quisieron poner su granito de arena. Así fue como surgió la idea de que, con cada “combo” que se vende, también entregan una vianda extra a una persona en situación de calle, o a alguien que se encuentre realizando un trabajo esencial, como es el caso de los médicos o policías: “Es una caricia al alma”, precisó Agustín.

Sin embargo, no conformes con eso, los emprendedores fueron por más, y habilitaron un link de Mercado Pago para que, quienes puedan colaborar, lo hagan comprando una de estas viandas por $200 que luego ellos se encargan de preparar y entregar. Si bien se trata de un proyecto que surgió de los emprendedores, no descartan la opción de que otros locales de comida puedan sumarse para lograr llegar a más personas que lo necesiten.

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A futuro, esperan volver pronto a la normalidad de sus mediodías. Pero a partir de esta situación, encontraron la posibilidad de establecer una nueva unidad de negocio a través de las viandas: “Seguramente podamos ir perfeccionandonos”, concluyó Agustín. Asimismo, piensan mantener abierta la donación de platos a quienes lo necesitan.