Billete de $5.000: una ¿ayuda? contra la inflación

Desde el Banco Central lo daban como un hecho y, a último momento, Alberto Fernández decidió dar marcha atrás. ¿Por qué es tan importante los niveles de bancarización de la población?
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La expansión monetaria ya es una realidad. Arrinconado por la emergencia sanitaria -y las consecuencias económicas de la pandemia- Alberto Fernández dio luz verde al Banco Central para que financie al Tesoro con más emisión. En términos criollos, para que llene la plaza de pesos.

De esa orden, ahora, se conocen los números: en lo que va de este 2020, el Central -comandado por Miguel Pesce- emitió 1 billón de pesos, casi un 50% de la base monetaria que existía al cierre de 2019 (1,89 billones). Desde el Ejecutivo dan cuenta que, caída la recaudación -en abril, por ejemplo, bajó un 25%- y con las exportaciones a la baja, se debió recurrir a la emisión para solventar el salvataje económico, que incluye, por caso, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP).

Pero, como siempre que se habla de emisión monetaria, resurgen los debates económicos acerca de las consecuencias inflacionarias de “darle a la maquinita”. El Gobierno argumenta, con los últimos números del Indec, que el costo de vida se ubica la baja: en abril, los precios crecieron 1,5%, la mitad que en el mes de marzo. Para mayo, aún sin la publicación oficial, las consultoras privadas ubican una inflación mensual entre el mismo 1,5% y el 2%.

“Hay que ver el largo plazo”, explica un especialista de las consultoras que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado que realiza el Banco Central. Allí, los economistas hablan de una inflación “dormida” durante la cuarentena (y el boom de emisión) pero que tendría sus consecuencias en los próximos meses. Por caso, calculan que julio tendrá un aumento de los costos del 3%, agosto, 3,3% y septiembre, 3,7%.

¿Qué pasó con el billete de 5.000?

La otra cara de la moneda de esta emisión es, valga la redundancia, la Casa de la Moneda. En el organismo encargado de fabricar los billetes, los propios empleados dan cuenta de una “aceleración” en la impresión de los papeles. Incluso, pese a una planta diezmada por la pandemia y hasta dos casos confirmados de coronavirus.

Ante ese escenario, el Banco Central creyó necesario desempolvar el proyecto de un nuevo billete, con un valor de 5.000 pesos. El plan no era nuevo -el propio Pesce lo había reconocido tiempo atráspero la cuarentena parecía ser el momento indicado: desde la banca pública esgrimen que con el nuevo papel se bajarían los costos de impresión, a la vez que se mejoraría en el eficiencia a la hora de llegar a los bancos y la Anses.

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En la Casa de Moneda argumentaban que las “planchas” ya estaban listas e, incluso, se habían filtrado las series, con las figuras de Cecilia Grieson y Ramón Carrillo, este último con polémica incluida. Pero, a último momento, Fernández dio marcha atrás: “No lo vamos a hacer”, sentenció, al agregar que “fue una idea que circuló, pero no la vamos a aplicar por ahora”.

Entonces, la pregunta queda flotando en el aire: ¿ayudaría un nuevo billete a amainar los pronósticos de inflación? Martín Kalos, de la consultora Elypsis explica que “de manera directa emitir un billete de mayor o menor denominación no tiene un impacto sobre la inflación, lo único que estás cambiando es la cantidad de billetes que tenés que tener para pagar por las cosas, es lo mismo si son uno, diez o cincuenta”.

“Lo que si podría existir, con la impresión de un nuevo billete, es un impacto psicológico: puede crecer la expectativa de que se aceleró la inflación más que en otros momentos”, agregó.  “Pero en el contexto actual un impacto de expectativas es bastante limitado por la pandemia: los precios están relativamente reducidos en comparación a los últimos años en su ritmo de aumento“, completó el economista.

Bancarización

La otra pregunta incógnita que plantea el consultor de Elpysis sobre agregar o no, otra denominación a los billetes nacionales, tiene que ver con el nivel de bancarización de la población. “Podemos preguntarnos si con el papel más alto que tenemos, de mil pesos, alcanza para las operaciones cotidianas. Pero más allá de eso, la demanda crece de acuerdo a la formalización de la economía: a mayor nivel de bancarización, menor circulación“, expone.

Según la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), el 50% de los adultos están por fuera del sector financiero.

Pese a los esfuerzos, la bancarización aún está lejos de cumplirse a lo largo y ancho del país. Según la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), el 50% de los adultos están por fuera del sector financiero. Y, como para muestra, a veces falta un botón, cabe recordar, a principios de abril, el flujo de gente que se agolpó en las sucursales del ANSES para cobrar el ILE.

“Ahí cambia la ecuación, porque cuando los pagos de cinco mil o diez mil pesos no pueden ir vía pago electrónico o transferencia bancaria, la situación se complejiza. Ya no se necesitan, solo, los billetes de denominación menor”, completó Kalos.