Argentina, un país con las defensas bajas

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Desde el Lava Jato brasileño a la crisis de la moneda turca, toda hecatombe económica tiene sus resabios en el país que dirige Mauricio Macri. Con una macroeconomía en terapia intensiva y al cuidado del Fondo Monetario Internacional, el peso vuelve a perder fuerza frente a la divisa norteamericana y amenaza con un nuevo recalentamiento de precios y una salida masiva de Lebacs.

La vuelta al mundo que propuso Macri para abrir fronteras al comercio y atraer capitales desde todos los puntos del planisferio también sensibilizó a la economía argentina frente a los coletazos exteriores. En tanto, desde que llegó a la Casa Blanca, Donald Trump encaró un camino de proteccionismo para blindar el trabajo de su país, entonces en decadencia por la llegada de productos asiáticos.

La apremiante situación obliga ahora a Argentina a mirar en todas las direcciones para prevenir sacudidas.

La apremiante situación obliga ahora a Argentina a mirar en todas las direcciones para prevenir sacudidas: los anuncios de Trump, los avances del Lava Jato y la recesión en Brasil, los cambios de aranceles en las demás economías e incluso las fluctuaciones de la lira turca, una economía a 13 mil kilómetros de distancia pero cuyo terremoto financiero sacude a los pesificados.

En la misma línea del “veníamos bien y pasaron cosas” de Macri en su entrevista con Jorge Lanata, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, al ser consultado sobre por qué los temblores en el mundo tienen un impacto mayor en nuestro país, respondió: “Hasta que no lleguemos a un equilibrio fiscal y sigamos dependiendo del financiamiento externo vamos a ser más vulnerables a esas volatilidades. Somos el país más expuesto en ese sentido”. Las palabras del tándem más importante del Poder Ejecutivo reflejan el diagnóstico comprometedor de un país con las defensas bajas para sobrepasar cualquier golpe.

El acuerdo entre Argentina y el FMI -en el que Macri abrochó un préstamo de us$50 mil millones, llegó después de la corrida cambiaria de abril y el aumento de las tasas del tesoro norteamericano-, en palabras del propio organismo, tenía como objetivo contener nuevas subidas del dólar y comenzar un camino de descenso de la inflación.

El objetivo del préstamo del FMI era contener nuevas subidas del dólar y comenzar un camino de descenso de la inflación.

Por ahora, ninguna de las dos cosas sucedió. Entre semanas de tranquilidad, la divisa extranjera sigue dando saltos abruptos y ya superó los $30. En tanto, la inflación de los primeros siete meses del año devoró la meta anual del Gobierno -que yace entre los escombros desde la salida de Federico Sturzenegger del Banco Central- y para el octavo mes se espera un piso de 3%.

De esta manera, lo único que será cumplido en el contrato bilateral será la reducción del déficit fiscal, una de las exigencias del organismo para “financiar el gradualismo”, que cae -por ahora- a costa de los aumentos en las tarifas y paritarias cerradas a la baja.